miércoles, 11 de abril de 2012

La Palabra no tiene barreras


Conforme a su misión de llevar el Evangelio de Jesucristo a toda la humanidad, el Movimiento Misionero Mundial del Perú predica la Palabra de Dios dentro de los penales hace 19 años, en una labor que no conoce de barreras.

En el penal de Lurigancho, una de las prisiones más hacinadas de Latinoa­mérica y una de las más peligrosas del mundo según National Geographic, es po­sible cambiar de vida y dar un primer paso hacia la reinserción social. Y es que, a diario, centenares de presos de esta cárcel, con capa­cidad para mil quinientos internos pero que alberga a más de once mil, luchan por salir adelante apoyados por voluntarios cristianos del Movimiento Misionero Mundial y dan sus primeros pasos para transformarse en perso­nas de bien gracias al poder de Jesucristo. Un esfuerzo que, desde septiembre de 1993, rea­liza la Obra de Dios con el único objetivo de ser fuente de esperanza y salvación para un gran grueso de seres humanos execrados por la sociedad.

El gestor e impulsor de esta labor no es ni fue asaltante, ni terrorista, ni narcotraficante, pero ha recorrido casi todas las prisiones del Perú. Teófilo Estrada Maíz, pastor del Movi­miento Misionero Mundial, ha caminado des­de 1993 entre rejas en las tres regiones natu­rales del territorio peruano, voluntariamente, para llevar la Palabra de Dios a los presos y convertir al Creador en la única fuente de con­suelo espiritual en el infierno en el que mu­chos seres malviven.

Su trabajo ad honorem es una guía de la re­socialización de las cárceles peruanas, un testi­monio del cambio que puede producir el Señor incluso en las situaciones más adversas, el sueño de cualquier institución estatal y la validación del poder especial de las Sagradas Escrituras.

Hombre de fe, Estrada Maíz concretó a ini­cios de los años noventa la idea de evangeli­zar en los centros penitenciarios del Perú. El punto de partida fue el penal de Lurigancho, famoso por ser un infierno terrenal y auténti­co, hasta que visitó al familiar de un integran­te del MMM y se quedó impresionado por la ausencia de la “sana doctrina” de Dios tras las rejas. Entonces, el pastor se trazó la meta de llevar la Palabra de Dios al interior de la cár­cel y fue tal su empeño que durante tres años visitó Lurigancho de forma semanal y en 1995 sacó al aire una radio comunitaria, llamada Redentor, que irradiaba mensajes bíblicos al interior de la cárcel y que fue surtidora de fe y esperanza durante dos años.

Mientras cualquier reo soñaba con fugarse de Lurigancho, Estrada Maíz hizo lo imposi­ble por entrar a la prisión más famosa del Perú y compartir el credo de Jesucristo con todo aquel que quisiera escucharlo. Así fue que en menos de cinco años, gracias a su empuje y coraje, la Obra de Dios caló entre los reclusos más avezados y temidos y se ganó un espacio preponderante en la tarea de resocialización de los internos.

En esos tiempos, también, el pastor se ani­mó en 1997 a evangelizar a los internos del penal de Castro Castro, establecimiento peni­tenciario peruano de máxima seguridad espe­cialmente diseñado para albergar a terroristas y delincuentes de alta peligrosidad, y con prontitud llevó la doctrina cristiana al interior de un reclusorio donde Cristo era una imagen desconocida.

Luego de ingresar a Castro Castro, y ya con varias obras establecidas dentro de Lurigancho y centenares de seguidores, la batalla espiritual librada por el Movimiento Misionero Mundial para llevar la Palabra de Dios al interior de las cárceles peruanas prosiguió con gran notoriedad. De hecho, en lo que va del presente siglo, la Obra de Dios recorrió, visitó y evangelizó los princi­pales penales de las veinticuatro regiones del te­rritorio peruano y captó miles de almas que, en virtud, a su fe transformaron sus existencias y le entregaron sus vidas al Todopoderoso.

El éxito de su labor está legitimada por las autoridades peruanas, entre ellas los representantes del Ministerio de Justicia y del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), que la tienen como uno de sus principales aliados en materia de resocialización penal.

Con cerca de dos décadas de trabajo, el quehacer penitenciario del Movimiento Mi­sionero Mundial está enfocado a convertir en realidad el milagro de la redención y es una historia que desde hace años se viene escri­biendo sobre las bases del cristianismo. Al respecto, el pastor Estrada Maíz, su gestor, asegura: “Nuestro compromiso es llevar el mensaje del Señor incluso donde muchos no ingresan. El equipo de hermanos que realiza­mos esta tarea evangelizadora, nutrido en su gran mayoría por ex reclusos hoy convertidos en seguidores de Cristo, no dividimos la labor para no dejar de visitar las cárceles ni un solo día del año. Nuestro apoyo no solo es a nivel espiritual, también es a nivel legal, educacio­nal y material”.

EL PRIMER BAUTIZO

La buena disposición de la Obra, que aprove­cha hasta el más pequeño de los espacios den­tro de las cárceles peruanas para edificar pe­queños templos, se pone de manifiesto cada 16 de julio cuando se celebra el día de Resocia­lización del Interno y se efectúa cultos a nivel nacional para refrendar la gloria del Creador. Asimismo, el 24 de junio de 2010, con la auto­rización de los funcionarios del INPE, se reali­zó el primer bautizo del MMM en la cárcel de Lurigancho ante la atenta presencia de más de cinco mil presos.

Del mismo modo, cada mes el MMM, a través de un grupo de hermanas llamadas las “Penalinas”, realizan en dicho establecimien­to y Castro Castro un show infantil cristiano que sirve para cristianizar a los hijos de los internos.

En la actualidad, con diecisiete Iglesias establecidas dentro de Lurigancho, miles de presos evangelizados y presencia en todas las cárceles del sistema penitenciario peruano, el trabajo iniciado por el reverendo Estrada Maíz no cesa y día a día recupera a personas que alguna vez optaron por el camino de la delincuencia y hoy andan por la sendas del Señor como criaturas nuevas liberadas de lo maligno. Un milagro de la redención que, en la visión de su impulsor, demuestra que el cambio de cualquier ser humano atrapado por las garras del mal es posible “solo con la guía y el apoyo divino” y constituye en un tes­timonio del “amor de Dios por el que tanto claman y oran miles de internos de las cárce­les peruanas y del mundo entero”.

El hombre que supo amar

El hombre que supo amar

Una niñez atrapada por la pornografía y las fantasías sexuales. La vida de Christian Giordanino parecía ingobernable, pero a los 10 años conoció al Señor. Se transformó en cristiano y abanderado de la castidad hasta el día de su matrimonio.
Christian Giordanino Tarraja des­cubrió a los diez años de edad que la castidad, aquella capacidad mar­cada por la pureza de pensamiento y de actos, es una de las virtudes principales en la tarea de vivir en los caminos de Dios. Hasta entonces era un niño atrapado por la pornografía y las fantasías sexuales, que vivía en medio del pecado sin preocupar­se de las consecuencias que podrían haber derivado de los actos de su corrompida existencia.

Giordanino, nacido en Lyon, Francia, el 8 de febrero de 1963, se sentía capaz de existir eclipsado por los apetitos carnales y sobrevi­vir sin fe alguna en medio de un mundo sub­yugado por el placer y la maldad. Pasó por la esclavitud de la masturbación, la degradación personal y el contacto con lo diabólico y so­brevivió.

Hoy, con 49 años recién cumplidos, es miembro del Movimiento Misionero Mun­dial, erigido como un hijo ejemplar del Crea­dor, quien encontró en las Sagradas Escrituras una vía de escape y redención. Un cristiano, llamado despectivamente “mojigato” por sus convicciones evangélicas, que a lo largo de 48 años se mantuvo casto y puro y cumplió a ca­balidad con lo determinado por Dios respecto al placer sexual: abstinencia total hasta el ma­trimonio.

APRENDIZ DE SEDUCTOR

Criado en un hogar típico francés de los años sesenta, donde el Todopoderoso bri­lló por su ausencia, Christian fue un chico ingobernable, pilluelo audaz de supermer­cados y brillante aprendiz de seductor que solía juguetear sin rubores, como un autó­mata, con niñas mayores que él en su afán de conocer los deleites de la vida munda­na. La verdad es que la infancia de Gior­danino fue como un filme prohibido en el que la presencia del demonio jamás estu­vo ausente. Así permaneció hasta los diez años, haciendo rabiar con su rebeldía y sus travesuras a sus padres Blanche Tarraja y Virgile Giordanino, pero ingeniándoselas para escapar de lo maligno, hasta que te­meroso del Altísimo modificó su rumbo errado.

La cristianización de Giordanino ocurrió en el verano europeo de 1973. Impío, pen­denciero y orgulloso como pocos, encontró a Jesucristo en un campamento evangélico organizado muy cerca de la capital de los Al­pes franceses, la ciudad de Grenoble, a 572 kilómetros de París. Allí, en medio de una geografía imponente y maravillosa, Cristo se presentó ante uno de sus hijos más extravia­dos y le mostró la luz de su amor infinito. Casi cuatro décadas después recuerda hoy que: “fui convencido por Dios, por su Pa­labra y el Espíritu Santo me dijo: esta es la verdad. Entonces me arrodillé y levanté mis manos y confesé mis pecados y le entregué mi vida y mi fe a Jesús”.

Ya en las filas del Evangelio, y con un notorio cambio de personalidad y com­portamiento, la historia de Giordanino Tarraja no estuvo libre de tentaciones. En su adolescencia y en los primeros años de su juventud experimentó muchos avatares y el demonio lo incitó de diversas formas. Sin embargo, Christian, guarecido por el poder de Cristo, sorteó cada una de las provocaciones y fortaleció su amor por la verdad. Las reminiscencias de esos días siempre lo acompañan y nunca teme com­partirlas: “pasé por muchas pruebas espi­rituales. Quizás las más terribles fueron la separación de mis padres y las innumera­bles proposiciones carnales que recibí de mujeres, colocadas en mi camino por el diablo, con el afán de hacerme pecar”.

En septiembre de 1983, en los inicios del go­bierno de François Mitterrand, sucedió un acon­tecimiento vital para su biografía. Enterado de la llegada de la Obra del Señor a territorio francés, a través del impulso de los reverendos Luis M. Ortiz y Alberto Ortega, decidió acudir a uno de los primeros servicios del Movimiento Misione­ro Mundial en la ciudad de Grenoble. Entonces en el corazón de una sociedad gris, mezquina e individualista, alcanzó la gracia. Según recuerda lo que más le impactó y terminó inclinando la balanza de su parecer fue: “percibir que el fue­go del Santo Espíritu estaba presente dentro del Movimiento Misionero Mundial”.

EL ENCUENTRO CON ANGÉLICA

Ese giro providencial, digno de las his­torias rubricadas por Jesús, le permitió a Giordanino estabilizar su fe cristiana y marchar a paso firme por las calzadas del Señor. Enseguida, este varón que habla francés, español, inglés y un poco de ita­liano y alemán, se transformó en uno de los colaboradores más pundonoroso de la Obra en Francia. Además, en forma para­lela a su vida secular, en la que se dedicó a especializarse en diseño industrial, Chris­tian empezó a predicar la Palabra de Dios y solidificó su convicción de abstenerse de todo goce carnal hasta el día de su boda. Y así transcurrieron 26 años, perseverando en la fe, siendo firme como un hierro, di­vulgando la Palabra de Dios, hasta que un nuevo suceso le mostró la misericordia y amor de Jesucristo.

En la ciudad de Ginebra, fronteriza con Francia, al promediar el año 2009, Angélica Pizarro, una hermana del MMM emigrada del Perú, se fijó en la forma seria y mesu­rada de difundir el Evangelio por parte de Christian, en el establecimiento de la Obra en Suiza. De inmediato se generó una amistad entre los dos bendecida por Dios que al cabo de un par de años derivó en un feliz matrimonio franco-peruano. Una unión, producida el 28 de octubre de 2011 en Grenoble, que significó el encuentro con el verdadero amor. “Sé que nuestro Señor Jesucristo valoró muchísimo mi castidad y me premió con una mujer de fe como An­gélica, quien también se privó toda su vida de la fornicación”.

Solo el Todopoderoso pudo hacer un guión sobre una vida con tanta convicción, una vida en la que el protagonista pasó del pecado a la virtud, para luego llevar su Pa­labra, ser emblema de la sana doctrina y demostrar ahora al mundo el valor de las Escrituras. Existencia que, asimismo, des­de agosto de 2008 está dedicada al Señor vía un ministerio y que en los próximos meses lo trasladará hasta París para hacer­se cargo de uno los templos del MMM en suelo francés. Biografía de la que se puede concluir, en palabras de su propio prota­gonista, como la acentuación ideal de “las grandes cosas que es capaz de hacer Cristo en las vidas de los descreídos, los ateos, los irreligiosos, los irreverentes e incluso en la de aquellos que han caído en las garras de la inmoralidad, la lujuria y la lascivia.

¿Podrá la Iglesia evangelizar el mundo?


Rev. Luis M. Ortiz

"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra." Hechos 1:8.
La respuesta es firme y categórica: ¡Sí puede! ¿Cómo puede hacerlo, siguien­do qué plan, o usando qué método? A lo largo de la historia de la Iglesia se han se­guido muchos planes, se han usado muchos métodos. Sin embargo, el mundo no ha sido evangelizado. Pero hay un plan único que es el que realmente produce los mejores resulta­dos, los resultados anhelados y permanentes; no hay otro plan tan efectivo, tan eficaz, tan extraordinario que el plan recomendado por nuestro Señor Jesucristo en el libro de los He­chos capítulo 1 y versículo 8, que dice: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” La Iglesia al principio no se lanzó a la evangelización del mundo sin antes seguir al pie de la letra el plan ordenado por Cristo.

“Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Je­rusalén, camino de un día de reposo. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolo­mé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perse­veraban unánimes en oración y ruego, con las mu­jeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.” (Hechos 1:12-14). Y se quedaron en Jerusalén hasta que fueron investidos del poder de lo alto, y cuando recibieron esta envestidura del poder del Espíritu Santo co­menzaron a ser testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tie­rra. Y fue precisamente por esta investidura de poder en la Iglesia apostólica que en el libro de los Hechos hallamos una corriente interminable de milagros y maravillas que respaldaban e impulsaban eficazmente la evangelización del mundo.

Y fue precisamente por esta investidura de poder que esta poderosa Iglesia durante los treinta y dos años que transcurrieron, desde el día de Pentecostés hasta que finaliza el libro de los Hechos, evangelizó a casi todo el mun­do conocido. Y dice en Hechos 19:10 leemos: “de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la Palabra del Señor Jesús.” También dice en Colosenses 1:5 y 6 leemos: “cual ya habéis oído por la Palabra verdadera del Evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo”.

El propósito fundamental y casi único de recibir esta investidura de poder del Espíri­tu Santo es para hacer testigos eficaces de la Venida del Señor y de Su Evangelio; dicho de otro modo no se puede ser un testigo verda­dero y eficaz del Evangelio sin la investidura del poder de lo alto. Tampoco habrá verdade­ra y completa evangelización del mundo sin la plenitud y el poder del Espíritu Santo. Jesús dijo: “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo úl­timo de la tierra.” (Hechos 1:8). Es decir, son los testigos del Señor llenos del Espíritu Santo los que verdaderamente pueden evangelizar al mundo hasta lo último de la Tierra y a toda criatura.

Hablando de la total evangelización del mundo y de la participación de sus verdade­ros testigos llenos del poder del Espíritu San­to, Jesús dice: “Y será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14). Se destaca en este versículo una vez más que el mundo será totalmente evangelizado por testimonio, esto es por los verdaderos testigos llenos del poder del Espíritu Santo; repito que los verdaderos testigos del Señor son los que están llenos del Espíritu Santo. Un testigo del Señor tiene que testificar, tiene que hablar y al hablar debe hacerlo lleno del Espíritu Santo; si habla sin el poder, sin la investidura, sin la potestad del Espíritu Santo, su testimonio, sus palabras son vacías y sin fruto; y desde luego no es un verdadero testigo de Jesucristo.

Por esto San Pablo que podía usar méto­dos distintos para evangelizar, que podía re­currir a muchos recursos humanos, que podía impresionar con su sabiduría humana, con su amplísima cultura y con sus doctorados; que podía montar buenos espectáculos, dramas y comedias; que en muchas ciudades podía intervenir exitosamente en la política, y salir electo alcalde, y buscarle empleo a los cristia­nos; que con su preparación académica podía fundar universidades para doctorar a los pas­tores; o podía tomar a su ayudante el médico Lucas, y podía establecer dispensarios, poli­clínicos y hospitales para los pobres, etc. Pero este gran paladín del Evangelio nada de esto hizo, aunque tenía la capacidad para hacerlo, mas él se dio cuenta que para evangelizar al mundo, para ganar almas para Cristo, tenía que ser por el testimonio, por la predicación ungida por el Espíritu Santo.

Y Pablo escribe a los corintios de la si­guiente manera: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demos­tración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” (1 Corintios 2:1-5). “Y noso­tros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también ha­blamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, aco­modando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede en­tender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1 Corintios 2:12-14).

De manera amados, que como único la Iglesia puede evangelizar a todo el mundo en nuestros días es por el poder, la plenitud, la unción, la potencia, la investidura, el bautis­mo del Espíritu Santo; ese es el único método bíblico y eficaz. De esto se están dando cuenta muchos líderes evangélicos y muchas iglesias, y están buscando y recibiendo este poder de Pentecostés.

Un conocido y prominente líder cristia­no escribió en cierta ocasión, y leemos: “No­sotros nos hemos dado cuenta que lo único que puede mover al mundo es el poder del Espíritu Santo operando a través de noso­tros, y nosotros lo estamos buscando, y lo estamos recibiendo; hemos dejado a un lado lo que creíamos que era indispensable como la educación académica y estamos recibiendo la plenitud del Espíritu Santo, pero también nos hemos dado cuenta que lo que nosotros estamos dejando a un lado por ineficaz, esto es los títulos académicos, muchos hermanos y ministros pentecostales los están recogiendo y están descuidando la plenitud y el poder del Espíritu Santo.”

Es realmente lamentable que alguien que haya comenzado en el espíritu, con un mi­nisterio notable, ahora se quiera perfeccionar en la carne y se torne un hueso seco.

Amados, positivamente como único, la Iglesia puede hoy evangelizar a todo el mundo es con el poder y el fuego del Espíritu Santo. “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Zacarías 4:6).

En uno de mis viajes misioneros a Europa me relató un pastor de esta zona, que siendo el pastor bautista llegó un momento en su vida, hace varios años, que por causa de las duras pruebas de fuera y de adentro ya no podía se­guir adelante en el ministerio, desde luego él combatía el bautismo en el Espíritu Santo; es­tando claudicando por las pruebas, en oración le dijo al Señor que él no podía seguir adelante si Dios no hacía algo con él, de manera que pudiera seguir, ¿y sabe usted lo Dios hizo con él, para que pudiera seguir adelante en este glorioso ministerio? ¿Sabe qué hizo? Lo bau­tizó con el Espíritu Santo hablando en otras lenguas conforme Hechos 2:4, y positivamen­te siguió adelante y ha levantado dos iglesias más. ¡Gloria a Dios!

Es como único, la Iglesia puede seguir ade­lante victoriosamente y evangelizar a todo el mundo en nuestros días por medio del poder del Espíritu Santo.

Si no lo ha recibido es para usted, pues, el apóstol Pedro dice: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios lla­mare.” (Hechos 2:39). Sea pentecostal, bautis­ta, metodista, presbiteriano, episcopal, no im­porta la denominación es para usted, y debe pedirlo, y debe creerlo, y debe recibirlo, y si ya lo recibió debe mantenerse lleno del Espíri­tu Santo y debe actuar como un fiel testigo de Cristo evangelizando y ganando almas para el reino de los cielos.

Amigo, si no se ha rendido al Señor puede y debe hacerlo en este instante y el Señor le va a salvar, le va perdonar de sus pecados y aun le puede bautizar con el Espíritu Santo, pues, dice la Biblia: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu San­to.” (Hechos 2:38). Amén

Israel se prepara para la \"flotilla aérea\" pro-palestina


Israel se prepara para la \"flotilla aérea\" pro-palestina

La Policía de Israel se prepara para la llegada en los próximos días de cientos de activistas pro-palestinos, que declararán a su llegada que vienen a visitar a la Autoridad Palestina.
"La Policía está elaborando medidas de seguridad que se implementarán durante este largo de fin de semana, tanto dentro del Aeropuerto Internacional de Ben Gurión como en sus alrededores para impedir que ocurran incidentes", declaró el portavoz de la Policía, Miki Rosenfeld.

El portavoz declinó informar sobre el número de efectivos que serán destacados para prevenir la entrada de los activistas, pero según el periódico Yediot Aharonot alrededor de 650 policías "esterilizarán" la principal puerta de entrada a Israel desde el extranjero, la Terminal 1 del Aeropuerto Ben Gurión (situado entre Jerusalén y Tel Aviv).

La mayor parte de los agentes vestirán de civil y no irán armados, añade la fuente, la cual asegura que en la operación, denominada "Esfera Segura 2", intervendrán la Inteligencia Militar, la Autoridad de Migración, el Ministerio de Seguridad Pública, el Ministerio de Defensa y la Autoridad de Aviación, además de la Policía.

Los pasajeros identificados como "provocadores" serán trasladados a la Terminal 1 y, según el rotativo, a la mayoría se les denegará la entrada y serán devueltos a sus países de origen.

Se espera que alrededor de mil activistas, en su mayoría europeos, traten de participar en el programa "Bienvenido a Palestina 2012", que tiene como objetivo apoyar la búsqueda de un Estado palestino y condenar las políticas israelíes en los territorios disputados de Judea y Samaria (Cisjordania).

La campaña se repite por segundo año consecutivo y según los organizadores contará con una semana de actividades culturales, visitas a lugares santos, encuentros educativos y eventos políticos durante una semana.

El año pasado, Israel consiguió frenar la campaña mediante la elaboración de una lista negra con 342 pasajeros a los que las líneas aéreas impidieron subir al avión en los aeropuertos de origen, y otros 120 que consiguieron aterrizar en Tel Aviv fueron detenidos durante varios días antes de ser expulsados. EFE y Aurora

martes, 10 de abril de 2012

Pasión, resurrección y ascensión de Cristo


Esta es la cronología detallada de la pasión de Jesús hasta su resurrección y ascensión, que ha sido relatado en varios libros de la Biblia que recogen los testimonios de los Apóstoles.

PRENDIMIENTO, PROCESO, CRUCIFIXIÓN Y SEPULTURA DE JESÚS

Jueves en la noche, viernes y sábado de la Semana de la Pasión, en el año 30 d. C.

- Jesús es traicionado y aprehendido; y después abandonado por sus discípulos (Huerto de Getsemaní, viernes, mucho antes del amanecer). Marcos 14:43-52; Mateo 26:47-56; Lucas 22:47-53; Juan 18:2-12.

- Jesús es examinado primeramente por el ex sumo sacerdote Anás (El proceso judío y los sucesos relacionados con Él, viernes antes del amanecer). Juan 18:12-14, 19-23.

- Jesús es procesado precipitadamente y condenado por Caifás y el Sanedrín. Los miembros de este se mofan de Él, y lo abofetean (En la residencia de Caifás, el sumo sacerdote. Viernes antes del amanecer). Marcos 14:53, 55-65; Mateo 26:57, 59-68; Lucas 22:54, 63-65; Juan 18:24.

- Pedro niega tres veces a su Señor en el atrio de la residencia del sumo sacerdote, durante la serie de procesos (Viernes antes del amanecer y al amanecer). Marcos 14:54, 66-72; Mateo 26:58, 69-75; Lucas 22:54-62; Juan 18:15-18, 25-27.

- Después del amanecer, Jesús es formalmente condenado por el Sanedrín (Viernes). Marcos 15:1; Mateo 27:1; Lucas 22:66-71.

- Remordimiento y suicidio de Judas el traidor en el templo y en un lugar dentro de las murallas de Jerusalén (Viernes en la mañana). Mateo 27:3-10; Hechos 1:18, 19.

- Jesús ante Pilato por primera vez (Jerusalén, viernes, temprano en la mañana). Marcos 15:1-5; Mateo 27:2, 11-14; Lucas 23:1-5; Juan 18:28-38.

- Jesús ante Herodes Antipas el Tetrarca (Jerusalén, viernes, temprano en la mañana). Lucas 23:6-12.

- Jesús ante Pilato por segunda vez (Pilato, atemorizado, lentamente y con renuencia cede a las demandas del Sanedrín que quiere la crucifixión de Cristo, viernes al amanecer). Marcos 15:6-15; Mateo 27:15-26; Lucas 23:13-25; Juan 18:39-19:16.

- Los soldados romanos hacen burla de Jesús (Viernes, entre las 6 y las 9 am). Marcos 15:16-19; Mateo 27:27-30.

- Vía dolorosa: Jesús lleva su cruz al lugar llamado Gólgota (Viernes antes de las 9 a.m.). Marcos 15:20-23; Mateo 27:31-34; Lucas 23:26-33; Juan 19:16, 17.

- Las primeras tres horas en la cruz (Desde las 9 a.m. hasta el mediodía del viernes. Este corto período incluye: tres de las últimas siete palabras o expresiones que Jesús pronunció; la repartición de las vestiduras de Cristo; la inscripción sobre la cruz; la burla que de Jesús hicieron: la multitud, el Sanedrín, los soldados, y aun los dos ladrones crucificados). Marcos 15:24-32; Mateo 27:35-44; Lucas 23:33-43; Juan 19:18-27.

- Las tres horas de oscuridad: desde el mediodía hasta las tres de la tarde

(Las últimas cuatro palabras de Cristo pronunciadas al caer las tinieblas y al aproximarse su muerte). Marcos 15:33-37; Mateo 27:45-50; Lucas 23:44-46; Juan 19:28-30.

- Los fenómenos que ocurrieron durante la muerte de Cristo en la cruz. Marcos 15:38-41; Mateo 27:51-56; Lucas 23:45, 47-49.

- La sepultura del cuerpo de Jesús, después de comprobada su muerte en la tumba de José de Arimatea (Viernes en la tarde antes de las 6). Marcos 15:42-46; Mateo 27:57-60; Lucas 23:50-54; Juan 19:31-42.

- La vigilia de las mujeres ante el sepulcro de Jesús (Las mujeres continúan su vigilia ante el sepulcro y descansan el sábado mientras los fariseos montan una guardia de soldados romanos para que vigilen el sello romano con que la tumba está sellada). Marcos 15:47; Mateo 27:61-66; Lucas 23:55-56.

LA RESURRECCIÓN, LAS APARICIONES Y LA ASCENSIÓN DE JESÚS

Todos estos acontecimientos ocurrieron en un período de cuarenta días, comenzando el domingo después de la muerte de Cristo. En la primavera del año 30 d. C.

- La visita de las mujeres al sepulcro de Jesús (Ellas permanecieron ante el sepulcro hasta el sábado muy tarde y compraron las especies aromáticas el primer día de la semana. Marcos 16:1; Mateo 28:1.

- El terremoto; la piedra de la puerta del sepulcro, revuelta por un ángel; el asombro de los guardas romanos (El domingo ante del amanecer). Mateo 28:2-4.

- La visita de las mujeres a la tumba de Jesús, el domingo, más o menos a la hora de la salida del sol, y el mensaje de los ángeles con respecto al sepulcro vacío (Gólgota. El domingo temprano en la mañana). Marcos 16:2-8; Mateo 28:5-8; Lucas 24:1-8; Juan 20:1.

- María Magdalena y las otras mujeres informan a los apóstoles; y Pedro y Juan vistan la tumba vacía (Se relatan cinco apariciones de Jesús que ocurrieron en el día de la resurrección y cinco apariciones subsiguientes que sucedieron durante los cuarenta días. Las cinco apariciones de este día fueron: 1) a María Magdalena [Juan y Marcos]; 2) a otras mujeres [Mateo]; 3) a los dos en el camino a Emaús; 4) a Simón Pedro [Lucas 24:34]; 5) a diez apóstoles y a otros). Lucas 24:9-12; Juan 20:2-10.

- La aparición de Jesús a María Magdalena, y el mensaje que le dio a ella para los discípulos (Jerusalén. Domingo, primer día de la semana). Marcos 16:9-11; Juan 20:11-18.

- La aparición de Jesús a las otras mujeres (Jerusalén, domingo, primer día de la semana. Mateo 28:8-10.

- Algunos de los guardias dan aviso de las cosas acontecidas, a los príncipes de los sacerdotes. Mateo 28:11-15.

- La aparición de Jesús a dos de sus discípulos (Cleofas y otro) en el camino a Emaús. Marcos 16:12, 13; Lucas 24:13-32.

- El informe de los dos discípulos a los once y a otros. Y la noticia de la aparición de Jesús a Simón Pedro (Jerusalén. El domingo después de oscurecer). Lucas 24:33-35; 1 Corintios 15:5.

- Jesús se aparece a los asombrados discípulos (estando ausente Tomás) y les da una comisión; los discípulos no pueden convencer a Tomás de que Jesús ha resucitado (Jerusalén. Eran las primeras horas de la noche). Marcos 16:14; Lucas 24:36-43; Juan 20:19-25.

- La aparición de Jesús a los discípulos el domingo siguiente en la noche; Tomás se convence (Jerusalén). Juan 20:26-31; 1 Corintios 15:5.

- La aparición de Jesús a siete discípulos en la orilla del Mar de Galilea. La pesca milagrosa. Juan 21.

- Jesús se aparece a más de quinientas personas en un monte previamente indicado por Él, y les da una comisión. Marcos 16:15-18; Mateo 28:16-20; 1 Corintios 15:6.

- La aparición a Jacobo, el hermano de Jesús. 1 Corintios 15:7.

- Jesús se aparece a los discípulos y les da otra comisión (Jerusalén). Lucas 24:44-49; Hechos 1:3-8.

- La última aparición y la ascensión de Jesús (En el Monte de los Olivos, entre Jerusalén y Betania). Marcos 16:19, 20; Lucas 24:50-53; Hechos 1:9-12

Antes de la caída, la soberbia


Antes de la caída, la soberbia

Las civilizaciones son como puentes construidos para una época, parecen indestructibles en su tiempo, pero llegan a desmoronarse ante el peso de exigencias mayores, de no edificar una sociedad con bases morales suficientemente sólidas.
Y el puente se quiebra otra vez… si al­guien pudo describir desde una pers­pectiva Teísta bíblica –esto es, desde la consideración de un Dios Creador, pero siem­pre en relación abierta, de libertad consciente del hombre– los ciclos de emergencia, gloria y caída de sociedades humanas, este fue el filó­sofo cristiano Francis Schaeffer (fallecido el año 1984). Él comparó las civilizaciones a puentes construidos para una época, los cuales pare­ciendo indestructibles en su tiempo, llegan a desmoronarse ante el peso de las exigencias mayores de maquinarias más pesadas, diga­mos, las secuelas, cada vez más abrumadoras, de no haber construido una sociedad con bases morales suficientemente sólidas.

En su obra “¿Cómo debemos entonces vi­vir?”, y a través de trece capítulos formidables, los cuales analizan desde la era del Imperio Ro­mano hasta la de manipulación global de las élites de nuestros tiempos, Schaeffer propone que en realidad, los progresos y sofisticaciones políticas y económicas de la historia de edades y sociedades, terminan en esquemas similares en los que se justifica la tiranía política, es de­cir, de manera invariable, aunque sutilmente, se centralizan el poder y la toma de decisiones, y con ello, se asegura también la centralización de poder económico en una élite. Esta descrip­ción incluye a las edades en que, en diferentes grados, las fuertes bases morales del cristianis­mo constituyeron el cimiento de los “puentes” o edades de Europa. Erosionada la base por agentes corrosivos, el puente se cae…

No se puede decir que estemos ante esce­narios diferentes. Habiendo ampliado merca­dos de ambos, bolsillos y mentes, a través de la globalización, y una cada vez más sofisticada electronalidad, el mundo no es sino la réplica de lo que el hombre hizo en otras edades. Si en un momento, todos los caminos conducían a Roma, hoy, un sistema financiero sin fronteras geográficas –perpetrado a través de piezas de plástico rectangular de aparente e ilusorio gran poder- nos conduce al mismo mundo hedonis­ta, de tragamonedas, que se niega a reconocer límites o arbitrio alguno. E igualmente, a pesar de que no está funcionando, sino más bien ca­yéndose aparatosamente, estamos siendo testi­gos de la terquedad y la negación de la verdad. Exactamente eso: somos los testigos de esta era de un puente que se desmorona por negar la verdad de que hay una moral cierta y que sin ella, ningún esquema político ni económico puede tener éxito.

Algo interesante y clave a notar y entender es cómo la carencia de bases morales que ha caracterizado a todo imperio, ha conducido, luego del apogeo, y el inicio de los problemas –cuando empieza a notarse que el puente se está resquebrajando- no a un cambio de direc­ción, sino todo lo contrario, al endurecimiento y al cinismo. Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída es la altivez de espíritu1, describe otra vez a la perfección lo que estamos atestiguando en nuestros días. No es que falte una voz moral en Occidente post-cristiano, al contrario, hay aún autoriza­das voces levantándose, pero estas parecen –por lo que se ve en los medios- ahogarse y lo más probable, lo que se debe esperar, y aún lo mejor que puede pasar con una sociedad moralmente caduca es que llegue a la quiebra total, al menos, si no hay un reconocimiento de su propia falencia moral…. Y es que la­mentablemente una cultura caduca padece de puntos ciegos. Por ejemplo, es ahora común encontrar que los cristianos en Norteamérica creen que el capitalismo es el sistema oleado y sacramentado, o que está bien no dar docu­mentos a inmigrantes y que estos deben irse por respeto a “sus leyes”, muestra del olvido de principios bíblicos muy básicos.

Para ilustrar el cinismo utilicemos tan solo un ejemplo: en el año 2009, Bernard L. Madoff, ex-presidente de Nasdaq, propietario de Ma­doff Investment Securities (BMIS) de asesora­miento e intermediación bursátil, uno de los inversores más dinámicos de los últimos 50 años y considerado el intermediario financiero favorito de los ricos de Florida y Manhattan, fue condenado a 150 años de prisión por eje­cutar una de las mayores estafas financieras a manera de fraude piramidal. Según abundan­tes fuentes electrónicas, ya en prisión Madoff habría afirmado que para él, estar preso era una liberación, pues estando en la cima de un gran fraude -que habría causado pérdidas de 50.000 millones de dólares a sus clientes- se en­contraba ya hastiado de tener que mantener la farsa ante “ancianos mezquinos y avariciosos que se lo merecían”. Lo que es importante no­tar, más allá del cinismo, es que Madoff no es el signo único de una corrupción y avaricia, sino más bien la cara visible en el mundo financiero de una colectividad anónima pero vasta, cuya conciencia está marcada por la ambición sin lí­mite. Madoff no es sino el rostro de una psique colectiva.

Es vital que en este tiempo, las voces mora­les de sociedades que están pasando por una aurora en su historia, hagan un trabajo repetiti­vo, concientizador, docente, levanten su voz y prevengan a la sociedad “emergente” en la que se hallen, del triunfalismo que tan fácilmente se expresa en estos tiempos. Brasil es ahora po­tencia mundial, y Merkel abraza afanosamente a Rousseff, ante el hecho de que las arcas bra­sileras pueden ahora inclinar la balanza del poder mundial. Países como Perú, Colombia, Panamá anuncian sus marcas, sus comidas, sus “sites” turísticos, y se regodean en los pro­nósticos que los colocan en las listas de los más poderosos en un cuarto de siglo. Pero en todos estos países los crímenes indescriptibles, la co­rrupción –especialmente la debilidad de sus instituciones judiciales- las brechas de ingreso, la pobreza y la ignorancia constituyen aún ma­les que hacen de nuestra bulla emergente algo patético. ¿O hay algo más patético que una so­ciedad rica pero corrupta, necia e ignorante? ¿Qué hay más exasperante y temible que un necio con riquezas? ¿Que una neo-Roma po­derosa gobernada por los nerones y calígulas de este tiempo? La emergencia de nuestras so­ciedades es real y precisamente para impulsar una mejora sostenible en el tiempo y un legado estable a otras generaciones debemos tener el empuje y el rostro de pedernal necesarios para construir, como si fuera el puente de esta era, nuestros esfuerzos en verdades irrefutables, basadas en la lógica y la comprobación, en la identidad del hombre y la mujer, la humanidad innegable del no nacido, el valor del matrimo­nio heterosexual que es - no los impuestos- el verdadero sustento y núcleo del Estado fuer­te, la responsabilidad del empresario de sacar adelante a su comunidad… En todo campo, en todo quehacer, hay una labor fundamental que requiere de preparación bíblica seria, de valor y de carencia absoluta de temor al hombre o apego a la conveniencia. La labor recién empie­za, y antes que jactancia, los verdaderos enten­didos de “países emergentes” deberán exhibir prudencia e inteligencia: Que no se alabe tanto el que se ciñe las armas como el que se las des­ciñe.

El mendigo que Dios liberó



El mendigo que Dios liberó

Perteneció a la Marina de Guerra del Perú, pero estuvo atrapado en las drogas y el alcohol. Fue expulsado. Acabó como vagabundo en las calles. Dios se apiadó de él y transformó su gris camino. Ramón Reyes Castillo dejó la oscuridad y fue la luz que iluminó miles de vidas como obrero del Señor.
¿Es posible que un humano pe­cador, bajo el influjo del maligno y apartado de Cristo se convierta en instrumento de la voluntad de Dios? ¿Exis­te algún proceso redentor por el cual se puede pasar de lo perverso a lo divino? ¿Se puede ser perdonado y restaurado? La res­puesta a todas estas interrogantes es una sola: sí. Y está encarnada en la vida y ac­tos del pastor Ramón Reyes Castillo. Sur­gido del barro de lo profano, se alzó para ser uno de los mejores anunciadores de los Santos Evangelios de la Obra del Señor.

Reyes Castillo, hombre larguirucho como un junco, nació en la ciudad de Lima el 31 de agosto de 1946, fruto del amor de Andrés Reyes y Victoria Castillo, provin­cianos radicados en la capital del territorio peruano, quienes tuvieron 18 hijos. Ramón fue un niño que sufrió una infancia domi­nada por la estrechez económica y la falta de un credo en el cual creer. Sin embargo, sus progenitores se desvivieron para brin­darle educación secular con la que pudo abrazar una carrera militar en la Marina de Guerra del Perú a la edad de dieciocho años. Aquel rumbo, paradójicamente, años más tarde lo terminaría de depositar en las aguas benditas del cristianismo luego de una serie de acontecimientos oscuros.

Influenciado por las malas juntas, el dia­blo, la soledad y diversos temores, la exis­tencia castrense de Ramón Reyes se pertur­bó y se trastocó por el consumo y abuso de estupefacientes y tocó fondo. Así, mientras navegaba por gran parte del Océano Pací­fico y alcanzaba la categoría de mecánico de motores marinos, sus días se volvieron turbulentos por las drogas y su periplo por la armada peruana se fue poco a poco por la borda y decantó primero en un tiempo de reclusión, en el presidio de la Isla del Fron­tón, y culminó en 1977 con su expulsión de­finitiva después de trece años de servicios. Empero, una corta carrera en la que cosechó el cariño de sus compañeros de armas.

RUMBO AL SÓTANO

La abrupta salida de Ramón de la Marina de Guerra del Perú, el punto final de una se­rie de errores y de una etapa de ignorancia espiritual, terminaría siendo esencial para su redención. Claro que el proceso de res­cate de este varón no fue, lamentablemen­te, un pasaje agradable. En el aturdimiento de aquellos días, se entregó a las sustancias prohibidas y su existencia social se hizo in­sostenible. Entonces, le sucedieron tantas cosas en tan poco tiempo que, sin la mise­ricordia del Altísimo, su destino no fue otro  que la calle y la indigencia. En poco tiempo pasó de ser un marino alegre y fiestero a un loco haraposo que andaba, sin brújula, por las calles limeñas con un bulto a cuestas y cantando siempre a voz en cuello.

No es difícil imaginar que en el peor momento de su estadía terrenal, cuando Ramón estaba a merced del rey de las ti­nieblas, el Señor lo recuperó de la inmun­dicia del asfalto con la intervención de sus hermanos Leonor, Carmen y Pablo, que ya para ese momento habían aceptado a Jesús como su Señor y Salvador. Así que después de andar dando vueltas sin sentido por Lima, durante doce años, Reyes conoció los Evangelios y se maravilló con el poder de Jesús y sobre la marcha les pidió a sus familiares una oportunidad para cambiar. De inmediato, conoció el templo central del Movimiento Misionero Mundial en el Perú, donde congregaban sus hermanos, y recibió al Todopoderoso y empezó a dar los primeros pasos de su nueva vida en Cristo.

LA SALVACIÓN

Desde el primer día de su llegada a la Obra del Creador, Reyes Castillo comenzó un feliz aprendizaje. Primero se empeñó en aprender las clases de doctrina, impartidas por los res­ponsables de la Iglesia de Lima, escudriñar de punta a punta la Biblia y en la recuperación de su salud mental y física. Luego, con la fe a tope, se unió en matrimonio con la hermana Juana Valencia Mendoza el diez de diciem­bre de 1993 y procreó a Simón y Sara. Pronto quedó claro que no sería un miembro más del Movimiento Misionero Mundial. Por ello, y debido principalmente a su entrega irrestricta a Dios, se hizo cargo del cuidado de la sede principal del MMM en el Perú y transitó por los diversos peldaños de la organización has­ta el alcanzar el título de ministro.

Según cuentan quienes tuvieron el pri­vilegio de conocerlo en vida, el día que el pastor Ramón Reyes partió a la ciudad de Pisco, situada a 290 kilómetros al sudeste de Lima, se marcó un hito que trazó su historia terrenal. Ese 4 de abril de 1997, el hombre de la sonrisa ancha y blanca, y de los lentes redondos, estaba predestinado a trabajar en las tareas misioneras y evange­lizadoras del MMM y, con una gran cuota de convicción y de optimismo, se fabricó su propio espacio. Porque de esa fe y se­guridad en Dios, engarzados a su carisma y voz sonora, surgió un ministerio fértil y productivo.

Radicado en la ciudad de Pisco por más de diez años consecutivos, difundió El Evan­gelio y estableció templos de la Obra en las localidades de San Clemente, San Andrés, Villa, Casalla, San Miguel, la Pascana y Ber­nales. Siempre pegado a la sana doctrina, materializó un legado para experimentar en cualquier momento con plenitud, alegría y esperanza. Mas la voluntad del Creador dispuso, en junio de 2007, que Ramón debía ir al encuentro de su Maestro. Empero, an­tes de partir el Todopoderoso le mostró que Perú sería asolado por un terremoto, aconte­cido el 15 de agosto de ese mismo año, que dejó en escombros a la región Ica.

Los últimos meses en la tierra de Ramón Re­yes Castillo -antes de que un cáncer pulmonar terminara con su existencia- fueron estreme­cedores, pero dignos: “agradecimiento hay en mi corazón. Canto de alegría elevo con mi voz. Muchas son las cosas que mi Dios me ha dado y en agradecimiento le sirvo a mi Señor… Ni por un momento Tú me has dejado solo y así tu santa mano ha sido mi sostén. Permite que mi vida yo ponga por servirte, que dentro de mi alma presente siempre estén los múltiples fa­vores y tus misericordias que ya sin merecerlo tuviste para mí”, interpretaba, con el corazón turbado, mientras esperaba su reunión con Je­sucristo, poco antes de morir el 8 de febrero de 2008, en el Hospital Nacional Guillermo Alme­nara, en su último día de vida.