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viernes, 25 de noviembre de 2011

La Biblia


La Biblia es, sin ningún género de duda, uno de los más ricos tesoros de la literatura universal de todos los tiempos
La Biblia es, sin ningún género de duda, uno de los más ricos tesoros de la literatura universal de todos los tiempos. Nadie en lo mínimo informado podría negar la evidencia del gran tesoro cultural encerrado en esta colección de antiguos escritos judeo-cristianos, que alternan la narrativa histórica con los códigos legales, las normas de conducta con la delicada belleza de la lírica hebrea, los discursos didácticos o morales con la interpretación de sueños y visiones.

Sin embargo, el valor principal de la Biblia no consiste en razones estéticas ni en motivo alguno de índole cultural, sino en su contenido esencialmente espiritual, que hace de ella el libro sagrado por excelencia, tanto para el pueblo de Israel en particular como para el mundo cristiano en general. Porque todo en la Biblia está ordenado a revelar que Dios, autor de la vida y de cuanto existe, no es un ser inaccesible, oculto en la hondura de su divinidad y ajeno a los problemáticos planteamientos de la historia del ser humano, sino un Padre amoroso y perdonador, que se acerca a las personas para liberarlas de sus propias faltas y errores.

El valor espiritual de la Biblia, que se descubre claramente en su título de “Sagradas Escrituras” o “Santas Escrituras” (ver Romanos 1:2) es además refrendando por la forma en que a ellas se refieren Jesús y los autores del Nuevo Testamento: Dios nos habla en los escritos proféticos, como también en los demás libros del catálogo bíblico (ver: Mateo 1:22; 2:15; Romanos 1:2; 1 Corintios 9:9); los profetas al predicar o anunciar algún acontecimiento futuro, son transmisores de la palabra y la voluntad de Dios (ver: Mateo 2:17; 3:3; 4:14), y la auditoria de las Escrituras es incuestionable (ver: Mateo 5:17-18; Juan 10:35; Hechos 23:5), pues son resultado directo de la actividad del Espíritu Santo (Hechos 1:16; 28:25).

La fe cristiana, de modo unánime, expresa su convicción respecto al valor y la vigencia permanentes de la Biblia con declaraciones afirmativas como hallamos en 2 Pedro 1:19-21: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día amanezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones. Pero ante todo entended que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19-21; 2 Timoteo 3:15-17). Esta autoridad última de la Biblia – Palabra de Dios y obra inspirada por el Espíritu Santo- en cuanto que es alimento de la fe, fuente de luz, y aliento, y estímulo para la vida personal y comunitaria, es patrimonio común de todo creyente cristiano.

Pasada la época en que se redactaron los escritos del NT, la iglesia cristiana reconoció en ellos valores de revelación divina y autoridad doctrinal y ética idénticos a los del AT (ver: Marcos 16:15-16; Lucas 1:1-4; Juan 20:31; 1 Tesalonicenses 2:13). El mismo NT ofrece un avance explícito de tal reconocimiento al equiparar las epístolas de Pablo a “las otras Escrituras” (2 Pedro 3:15-16). Pero, sobre todo, fue a lo largo del siglo II d.C. cuando, paso a paso, el pueblo cristiano recibió como libros sagrados, junto a los del Antiguo Testamento, la totalidad de los que constituyen el Nuevo, quedando de esta manera completada la Biblia en su forma definitiva.

Afirmar el origen religioso y la autoridad final de los textos bíblicos no supone negar o restarle importancia a la actividad humana, a la cual se debe el prolongado proceso de su redacción y compilación. Los libros fueron escritos por manos de personajes históricos, de los que desconocemos algunos, y de otros tenemos apenas alguna noticia (ver: Efesios 1:13; Amós 1:1; 7.14; Lucas 1:1-4; 1 Corintios 15:21; Gálatas 6:11). Precisamente, esa presencia del escritor humano es el factor que incorpora a las Escrituras la extraordinaria riqueza idiomática, estilística, cultural y teológica que las caracteriza.

La Biblia:

Biblia es una palabra griega que significa propiamente “libritos”. De ahí que se le haya dado el título de Biblia, a la colección de pequeños libros que, aun cuando diversos en origen, extensión y contenido, se hallan esencialmente unidos por el significado religioso que tienen para el pueblo de Israel y para todo el mundo cristiano: unidad y diversidad que no se oponen entre sí, sino que completan para darle a la Biblia su especialísimo carácter.

Diversidad de designaciones:

Desde tiempos remotos, este libro sin igual ha sido conocido con diferentes designaciones. Así, los judíos, para quienes la Biblia solo consta de la parte que los cristianos conocen como el Antiguo Testamento, se refieren a ella como Ley, Profetas y Escritos (ver: Lucas 24:44), términos representativos de cada uno de los bloques en que, para el judaísmo, se divide el texto bíblico trasmitido en la lengua hebrea:

(a) Ley (heb. Torah), que comprende los cinco primeros libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

(b) Profetas (heb. Nebiim), agrupados en:

-Profetas Anteriores: Josué, Jueces, 1 y 2 de Samuel, 1 y 2 Reyes.

-Profetas Posteriores: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.

(c) Escritos (heb. Ketubim): Job, Salmos, Proverbios, Rut, Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías, 1 y 2 Crónicas.

El referido título, Ley, Profetas y Escritos, aparece reducido en ocasiones a la Ley y los Profetas (ver: Mateo 5:17) o, de modo aún más sencillo, a la Ley (ver: Juan 10:34).

En el cristianismo, con la incorporación de los libros del Nuevo Testamento y justamente a partir de la manera en que allí se citan los del Antiguo, es común referirse a la Biblia como Las Sagradas Escrituras o, de forma alternativa, como la Sagrada Escritura, Las Escrituras, o La Escritura (ver: Mateo 21:42; Juan 5:39; Romanos 1:2). Frecuentemente, con esta última y más breve designación se hace referencia a algún pasaje bíblico concreto (ver: Marcos 12:10; Juan 19:24).

Las locuciones Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, en su sentido de títulos respectivos de la primera y segunda parte de la Biblia, comenzaron a utilizarse entre los cristianos, entre los cristianos de fines del siglo II d.C. sobre la base de texto como 2 Corintios 3:14. La palabra “testamento” representa aquí la alianza o pacto que Dios establece con su pueblo: en primer lugar, el pacto con Israel (ver: Éxodo 24:8; Salmos 106:45); luego, el nuevo pacto anunciado por los profetas y sellado con la sangre de Jesucristo (ver: Jeremías 31:31-34; Mateo 26:28; Hebreos 10:29)

CLASIFICACIÓN DE LOS LIBROS DE LA BIBLIA.

Los libros de la Biblia no se han clasificado siempre en el mismo orden. Aun en la actualidad aparecen dispuestos de distintas maneras, siguiendo para ello los criterios sustentadora a este respecto por diferentes tradiciones.

La versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, en todas sus ediciones, se ha sujetado a la norma de ordenar los libros de acuerdo con su carácter y contenido, en la forma siguiente:

Antiguo Testamento:

(a) Literatura histórico-narrativa: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Esdras Nehemías y Ester.

(b) Literatura poética y sapiencial (o de sabiduría): Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Canta de los Cantares.

(c) Literatura Profética:

Profetas Mayores: Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel y Daniel.

Profetas Menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.

Nuevo Testamento:

(a) Literatura histórico-narrativa:

Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Hechos.

(b) Literatura Epistolar:

Epístolas Paulinas: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito, Filemón y Hebreos.

Epístolas Universales: Santiago, 1 y 2 Pedro; 1, 2 y 3 Juan; y Judas.

(c) Literatura Apocalíptica: Apocalipsis (o Revelación) de San Juan.

La formación de la Biblia:

Para comprender los distintos aspectos del proceso de formación de este conjunto de libros que llamamos Biblia, es necesario atender al hecho básico de su división es dos grandes partes indisolublemente vinculadas entre sí por razones culturales y espirituales: al Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.

El Antiguo Testamento (AT) recoge y transmite la experiencia religiosa del pueblo israelita desde sus orígenes hasta la venida de Jesucristo. Los libros que los componen son el testimonio permanente de la fe de Israel en el Dios único y verdadero, Creador del universo. Es el Dios que quiso revelarse de manera especial en la historia de su pueblo, guiándolo con su Ley, beneficiándolo con el pacto de su gracia y haciéndolo objeto de sus promesas. Paso a paso, Dios los convirtió en una nación unida por la fe, la sostuvo y le mostró sin cesar la senda de justicia y santidad que debía seguir para no perder sus señas de identidad como pueblo elegido. Así, el AT, documenta la historia de Israel desde la perspectiva del sentimiento religioso, mantiene viva la expresión cúltica de su fe a través del culto y recoge las instrucciones de sus profetas y las inspiradas reflexiones de sus sabios y poetas.

El Nuevo Testamento (NT) es la referencia definitiva de la fe cristiana. En él se hallan consignados los acontecimientos que dieron origen a la Iglesia de Jesucristo, el Hijo eterno de Dios. Los evangelios narran el nacimiento de Jesús en tiempos del rey Herodes; sus hechos y sus enseñanzas; su muerte en una cruz por orden de Poncio Pilato, gobernador de Judea; y su resurrección, después de la cual se manifestó vivo a aquellos que antes había escogido para que anunciaran el mensaje universal de la salvación.

Contiene el NT el relato de los primitivos movimientos de expansión de la fe cristiana, como vivieron y actuaron los primeros discípulos y apóstoles, como nacieron y se desarrollaron las primeras comunidades y cómo el Espíritu Santo impulsó a los creyentes de entonces a dar testimonio de su esperanza en Jesucristo ante gentes de toda raza, nación y cultura.

El proceso de redactar, seleccionar y recopilar los textos de la Biblia se prolongó por espacio de muchos siglos. Con el transcurso del tiempo han desaparecido los datos relativos al origen de gran parte de los libros, es decir, al momento en que ellos quedaron fijados por escrito los relatos y enseñanzas que hasta entonces, y quizás durante muchas generaciones, habían sido transmitidos oralmente.

Por otra parte, en este largo y complejo proceso de formación, los autores resultan a veces de muy difícil o incluso imposible identificación. Así ocurre especialmente en los casos en que fueron varios redactores los que escribieron textos que posteriormente quedaron compilados en un único libro, o también cuando en la composición de la literatura bíblica se utilizan o se incluyen documentos de la época (Ej. Números 21:14; Josué 10:13; Judas 14-15).

Valor espiritual de la Biblia:

La Biblia es, sin duda, uno de los más preciados legados literarios de la humanidad. Sin embargo, su verdadero valor no radica de manera sustancial en el hecho literario. La riqueza de la Biblia consiste en el carácter esencialmente espiritual de su mensaje, que la convierte en el libro sagrado por excelencia, tanto para el pueblo de Israel, como para la iglesia cristiana.

En esta colección de libros, la Ley se presenta como una ordenación divina (Éxodo 20; Salmos 119), los Profetas tienen la conciencia de ser portadores de mensajes de parte de Dios (Isaías 6; Jeremías 1:2; Ezequiel 2-3) y los Escritos enseñan que la verdadera sabiduría encuentra en Dios su origen (Proverbios 8:22-31).

Estos valores espirituales se ponen de manifiesto, no solo en el título de Sagradas Escrituras, sino también en la forma en que Jesús y en general los autores del NT se refieren al Antiguo, es decir, a los textos bíblicos escritos en épocas precedentes. Esto ocurre, por ejemplo cuando, leemos que Dios habla por medio de los profetas o por medio de alguno de los otros libros (Mateo 1:22; 2:15; Romanos 1:2; 1 Corintios 9:9), o cuando los profetas aparecen como aquellas personas mediante las cuales “se dice” algo o “se anuncia” algún acontecimiento, forma hebrea de expresar que es Dios mismo quien lo dice o lo anuncia (Mateo 2:17; 3:3; 4:14); también cuando se afirma la permanente autoridad de las Escrituras (Mateo 5:17-18; Juan 10:35; Hechos 23:5), o cuando se las relaciona especialmente con la acción del Espíritu Santo (Hechos 1:16; 28:25). Formas magistrales de expresar la convicción común a todos los cristianos respecto del valor de las Escrituras se encuentran en pasajes como 2 Timoteo 3:15-17 y 2 Pedro 1:19-21.

La iglesia cristiana, desde sus orígenes, ha descubierto en el mensaje del evangelio el mismo valor de palabra de Dios y la misma autoridad del AT (Marcos 16:15-16; Lucas 1:1-4; Juan 20:31; 1 Tesalonicense 2:13). Por eso, en 2 Pedro 3:16 se equiparan las cartas de “nuestro amado hermano Pablo” (v.15) a las “otras Escrituras”. Paulatinamente, a partir del siglo II d.C., se les fue reconociendo a los 27 libros que forman el NT su categoría de libros sagrados y, en consecuencia, la plenitud de su autoridad definitiva y su valor espiritual.

Tal reconocimiento, que implica al propio tiempo el de la presencia, dirección e inspiración del Espíritu Santo en la formación de las Escrituras, no descarta en absoluto la actividad física y creativa de las personas que redactaron los textos. Ellas mismas se refieren a esa actividad en diversas ocasiones (Eclesiastés 1:13; Lucas 1:1-4; 1 Corintios 15:1-3; 11; Gálatas 6:11). La presencia de numerosos autores materiales es precisamente la causa de la extraordinaria riqueza de lenguas, estilos, géneros literarios, conceptos culturales, y reflexiones teológicas que caracterizan la Biblia.

Las 95 Tesis de Martín Lutero


Martín Lutero.

Con sus 95 tesis, Martín Lutero quiso impulsar una reforma de la Iglesia Católica Romana, pero sin proponérselo se convirtió en fundador de una segunda confesión cristiana.

Martín Lutero (1483-1546) oficiaba desde 1514 como sacerdote en la Iglesia de la ciudad de Wittenberg. Su comunidad apreciaba al popular predicador que se había hecho notar por su talento retórico. A menudo se quedaba en su cuarto absorto leyendo la Biblia. Lutero quería descifrar a través de las Sagradas Escrituras la relación entre Dios y los hombres. Una relación que hacía mucho había quedado aclarada, según la Iglesia Católica: Dios se dirigía a los hombres a través del Papa en Roma y a través de los representantes del Santo Padre, los sacerdotes y obispos. Con ello la Iglesia de Roma podía reclamar para sí la interpretación universal de la Biblia y establecer sanciones a quienes contravinieran sus reglas.

95 tesis contra los abusos de la Iglesia

Martín Lutero, en cambio, hizo una nueva interpretación de los Evangelios del Nuevo Testamento, que derivó en otro paradigma cristiano. Para él no había una “mediación apostólica” en la relación entre Dios y los hombres. Lo único que valía eran las Sagradas Escrituras (primacía de las Escrituras), Jesucristo (primacía de Cristo) y la gracia de Dios (primacía de la gracia y de la fe). El detonante de la Reforma fue el comercio de indulgencias, cuyos beneficios iban a ser destinados a la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma, pero también a mantener el lujoso estilo de vida del Papa Leo X (1475-1521), que se encontraba siempre notoriamente al borde de la bancarrota.

Cuando Martín Lutero escribió sus 95 tesis en la habitación de su vivienda de párroco de la Iglesia de Wittenberg, buscaba únicamente poner un alto a lo que él consideraba anomalías en la Iglesia Católica Romana (la secularización, la evasión del celibato). No era su intención entrar en conflicto con el Papa ni tampoco fundar su propia Iglesia. Por ello no clavó tampoco las tesis ese memorable 31 de octubre de 1517 en la puerta de la Iglesia de Wittenberg, sino que las envió para su discusión a colegas y amigos. Ese día no fue un revolucionario, sino un monje preocupado por la salvación de las almas de los miembros de su comunidad. La reacción a las tesis, que se propagaron rápidamente, convirtió a ese angustiado monje en un revolucionario que trastornó de manera perdurable el mundo medieval y cuyos efectos en la historia no tienen parangón.

El reformador fuera de la ley – Lutero no se desdice

El Papa Leo X intentó llamar al orden al monje de Wittenberg amenazándolo con la excomunión, anatemas y en abril de 1521 con un proceso ante la Dieta Imperial de Worms, sin éxito. Martín Lutero no se desdijo de sus tesis en Worms, lo que fue documentado con una “proscripción imperial” (Reichsacht) y acto seguido fue declarado fuera de la ley. En su posterior huída de los alguaciles de la Inquisición, Lutero no sólo pudo contar con un amplio apoyo entre la población, sino sobre todo con la ayuda del príncipe elector de Sajonia, Federico III “el Sabio” (1463-1525). El príncipe elector ocultó a Lutero en el Castillo de Wartburg, donde bajo el seudónimo de Caballero Jorge (Junker Jörg) se dedicó a traducir el Nuevo Testamento al alemán.

Por una parte sus enseñanzas se propagaron rápidamente en el continente europeo. Pero por la otra, el conflicto con la Iglesia Católica, como se pasó a autodenominar la Iglesia romana del Papa, fue adquiriendo dimensiones cada vez más violentas. Ambos bandos comenzaron a armarse. Ese conflicto religioso desembocó finalmente en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), tras la cual la libertad religiosa en Alemania y Europa quedó sellada a través de tratados.






No todos son de nosotros


Rev. Gustavo Martinez Garavito 

“¡Quítate de delante de mí, Satanás!; porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:23). Es decir, su mirada no estaba en el Señor, estaba pensando en el bienestar terrenal, estaba pensando en las comodidades, y por eso se equivocó grandemente y trató de persuadir al Señor a que no siguiera adelante, que más bien tomara otra ruta, que evadiera el sufrimiento y la muerte.

Vivimos en un tiempo muy difícil, cada quien busca lo personal, personas que un día se iniciaron en este camino y parecían que iban a permanecer hasta el final, tuvieron un buen comienzo, lamentablemente tuvieron un triste final; por eso pongamos nuestra mirada en el Señor y no en las cosas que perecen.

El Señor amonestó al apóstol Pedro cuando este quiso persuadirle, que tuviera compasión de sí mismo y que no fuera a Jerusalén sabiendo que le esperaban para matarle, pero el Señor tuvo que reprenderlo y decirle: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:23). Es decir, su mirada no estaba en el Señor, estaba pensando en el bienestar terrenal, estaba pensando en las comodidades, y por eso se equivocó grandemente y trató de persuadir al Señor a que no siguiera adelante, que más bien tomara otra ruta, que evadiera el sufrimiento y la muerte.

El apóstol Pablo nombra a Demas, que había sido su colaborador, su ayudante, su compañero de milicia, que había trabajado al lado de hombres de Dios. Pablo dice: “Porque Demas me ha desamparado, amando este mundo…” (2 Timoteo 4:10). El apóstol Juan dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2:15). El que ama el mundo no puede permanecer para siempre, la Biblia dice: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).

Demas tuvo un comienzo prometedor, porque llegó a ser colaborador del apóstol Pablo (Filemón v.24), fue compañero de Lucas (Colosenses 4:14), todo eso nos lleva a pensar que Demas tuvo un buen comienzo. Porque tenía capacidades, porque se mostraba que amaba a Dios, que amaba el ministerio, y que amaba la Obra de Dios, y que también sufrió, que padeció necesidades, que fue menospreciado, que fue perseguido, hasta golpeado e incomprendido. Y se le comenzó a dar oportunidades y a ocupar lugares de privilegio porque se le veía fiel, pero en él había otros intereses, había otras motivaciones que luego las mostró.

Pablo esperaba más de su amigo, de su colaborador, esperaba que en sus momentos finales estuviese a su lado, hubiera sido un apoyo, hubiera sido una inspiración, por lo menos hubiera venido a él con una palabra de aliento, pero, ¿qué hizo Demas? Abandonó al apóstol, abandonó al amigo, y se fue amando este mundo, es que su corazón no era fiel.

El apóstol Juan dice: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifieste que no todos son de nosotros” (1 Juan 2:19)

Necesitados de la misericordia del Señor


Somos conscientesque la mayor necesidad que tiene el mundo es la espiritual. Hay una gran crisis por todas partes a pesar que el mundo está lleno de religiones, de credos, de filosofías.
 
Hay un enorme vacío en el interior de cada hombre que no ha podido ser llenado a través de la religión, los credos; las filosofías o el humanismo, ni de otras cosas, como los placeres, los vicios, el afecto familiar, los cuales no pueden llenar ese vacío, porque ese vacío solo lo puede llenar la presencia del Dios Todopoderoso.

Por mucho que el hombre se afane, vaya de un lugar a otro y haga diferentes esfuerzos, es imposible que su corazón sea libertado o edificado. Es mediante la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo y el Evangelio que los hombres son libertados y cambiados.

Se está predicando por todas partes, precisamente porque ese fue un mandato que el Señor le diera a la Iglesia de “id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”; pero muchas personas, por diferentes situaciones, se ven impedidas para venir al Señor, se sienten atadas, encadenadas, comprometidas por otras cosas o actividades.

Algunas personas son tratadas por la humanidad como si fueran el desecho de la humanidad, pues han caído en lo más profundo del pecado, en la depravación, la inmoralidad, los vicios; la gente no quiere bregar con ellos, no quiere acercarse, no quiere ayudarlos a salir de esa condición, porque consideran que ya no tienen arreglo, que no hay solución, no hay medicina, no hay mejoría, que todo esto es imposible.

Amados lectores quiero decirle que aunque las personas hayan caído en esta condición, o estén excluidas por el resto de la humanidad no están excluidas de la misericordia y de la gracia de Dios. Quiero decirle que para la misericordia de Dios no hay barrera, no hay frontera, ni dificultades que puedan impedir su salvación.

Si usted quiere le abre el corazón y le clama; Él le responderá, llegará a su vida no importa cuál sea la condición en la cual se encuentre, para Dios no hay barrera, no hay obstáculo, no hay imposibles, Dios puede sanarlo, puede hacer un milagro, puede libertarte de la droga, de la prostitución, de la inmoralidad, puede sacarte de la desgracia y de la miseria en la que uno esté. Él vino a darnos una vida mejor. Amén.

El descuido


“Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él... Y no queriendo él irse, lo hirió Abner... y cayó allí, y murió en aquel mismo sitio”, 2 de Samuel 2:20-23.
“¿Había de morir Abner como muere un villano? Tus manos no estaban atadas, ni tus pies ligados con grillos; caíste como los que caen delante de malos hombres. Y todo el pueblo volvió a llorar sobre él”, 2 Samuel 3:33-34.

Esta endecha se hace sobre un general, un príncipe de Israel, un hombre con una capacidad tremenda para la guerra. Un joven llamado Asael, (hermano de Joab y Abisaí, sobrinos de David) tenía cualidades de guerreros especiales: salió corriendo detrás de Abner hasta alcanzarlo. Abner le advirtió diciéndole que no lo siguiera, que se apartara de él, de otro modo tendría que matarlo, y entonces no podría levantar el rostro delante de su hermano Joab. Pero Asael no quiso apartarse, Abner lo hirió con la lanza y cayó muerto.

Asael miró a Abner y consideró que por la edad madura de éste, él podría vencer. Se le olvidó que los generales no son jóvenes, sino hombres que han llegado a esa posición, madurados en las batallas, curtidos en los combates, diestros en la guerra.Abner no alcanzó el rango de general por simpatías o favoritismos, llegó a este grado porque tenía un recorrido de victorias. Si alguien llega al grado de general, es porque no lograron matarlo siendo soldado, ni tampoco cuando fue ascendiendo de grado.Asael pensó que como el general ya no era tan joven, podía alcanzarlo y matarlo, veía esto como una empresa fácil. Abner le advirtió: “echa mano de alguno de los hombres, y toma para ti de sus despojos”, pero Asael no le escuchó, pensó que como lo había alcanzado también podría matarlo.

Sin embargo en 2 de Samuel 3:33-34, se hace una endecha sobre él, esta es la endecha del descuido. “¿Había de morir Abner como muere un villano? Tus manos no estaban atadas, ni tus pies ligados con grillos”. ¿Cuál fue el problema de Abner? Él sabía que Joab era su enemigo, desde el mismo momento que acabó con la vida de Asael, sabía que Joab y Abisaí serían sus enemigos. Él mismo había confesado: “¿Cómo levantaría yo entonces mi rostro delante de Joab tu hermano?” Todo esto Abner lo sabía con anticipación, y si él lo sabía ¿por qué Abner muere en las manos de Joab?

Abner fue a visitar a David para conseguir arreglos diplomáticos entre la casa de Saúl y el reino de Judá; llegó hasta David en paz y se fue en paz. Cuando Joab llegó a la ciudad y se enteró de que Abner había venido a David, y se había ido sin que nadie le molestase, mandó llamar a Abner sin que David lo supiera, y pretextando tener un mensaje para él, lo llevó aparte y lo mató. Abner no vino con sus guardaespaldas, fue sólo, sabiendo el peligro que corría, se descuidó al pensar que Joab no lo mataría estando en el reino de David.

El descuido nos puede jugar una mala pasada, no se puede confiar en el enemigo, siempre se atreverá a atacarnos haciendo lo que no esperamos. Cuando somos conscientes de que el diablo anda alrededor como un león rugiente, ¿por qué entonces se descuida el cristiano? Sabemos de antemano que hay cosas que nos hacen daño, que hablar con ciertas personas nos perjudicará, que es peligroso detenerse con tal o cual persona, que si no nos apartamos de esa senda seremos traspasados, pero nos descuidamos hasta que de repente se oye la endecha: “Abner si tú eras un general, ¿cómo moriste como un villano, por qué caíste?” ¿Por qué cae un hombre o una mujer de Dios si sabía de antemano donde estaba el problema, donde lo iban a matar?

Tendría que haber entrado en la presencia del Señor para ayunar, orar y buscar en la Palabra de Dios la salida, rodearse de gente que lo pudiera socorrer. Hay quienes están avisados, sienten en el corazón la alerta divina, sea creyente o ministro, saben que Joab los quiere matar ¿por qué van a su encuentro? Cuántos llantos y endechas se levantan ante los que se suponía no tenían que haber caído, porque tenían la madurez, conocían la Palabra, pero se descuidaron y son endechados. ¡Tengamos cuidado con el descuido!

jueves, 24 de noviembre de 2011

Estudio biblico: Recuperando lo perdido

Recobrando los territorios que nos robó Satanás

Insólito. Una palabra que resume lo que ocurría en la calle del muerto. Larga, angosta, con baches en el asfalto, como si se tratara de un trágico escenario después de un bombardeo en Beirut.
Ocurrió de todo desde accidentes de tránsito, pasando por crímenes agotados en la vida de incautos transeúntes, hasta incidentes de violencia intrafamiliar que estallaban de manera sorpresiva e inexplicable.
--Vivir en este barrio es un infierno--, comentó doña Mélida mientras se abanicaba con una revista, un atardecer caluroso y monótono como la función de un payaso triste.
--No creo que podamos hacer mucho-le respondió su marido, mirando en la distancia a dos niños que jugaban a la pelota, despreocupados de todo y de todos.
--Sí, pues no podemos quedarnos quietos mientras que este sector que me vio crecer, otrora tranquilo y amañador, año por año se deja ganar terreno por la maldad-interrumpió la nieta.
--Tú y tus cosas de religión---cuestionó la abuela, arrugando el ceño y mirándola a través de los anteojos, gruesos y grandes como lentes de telescopio.
--No, abuelos. No es asunto de religión. Es simplemente recobrar el terreno que nos ha venido ganando Satanás-explicó la muchacha. Había logrado captar la atención de los ancianos.
--Tonterías de fanáticos religiosos-desestimó su abuelo con el característico movimiento de mano, que igual denotaba indiferencia o desdén.

--Déjala que nos explique…--salió al paso la abuela cuando adivinó el deseo de su marido, de irse hacia la sala. Tantos años de compartir la vida juntos le permitía casi anticiparse a lo que haría él.
Hablaron por largo rato. La chica les detalló qué decía la Biblia al respecto. Ella comenzó orando, inicialmente en la soledad de su cuarto, en procura de recuperar el territorio en manos de Satanás. En menos de tres semanas otros cristianos comprometidos, se sumaron a su tarea, haciendo caminatas de oración y clamor, ungiendo todos los rincones y fachadas de las casas con aceite.
Aunque muchos se reían al verlos, no pudieron ignorar los cambios que se produjeron en el sectgor. Los índices de violencia se redujeron dramáticamente y dos antros que funcionabamn cerca, cerraron sus puertas. Ni siquiera los propietarios podían explicar qué los impulsaba a moverse a otro lugar. ¡Los cristianos retomaron el control de la zona!
Tenemos que luchar por cosas que Dios nos a entregado
En cierta ocasión el Señor Jesús, al recibir la declaración del apóstol Pedro sobre su divinidad, le dijo: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo" (Mateo 16:18-20) .
Esa prerrogativa fue dada a los cristianos. Si clamamos, recibimos respuesta que proveniente de Dios (Cf. Mateo 6:10). Y veremos respuestas maravillosas tienen porque estamos luchando a través de un mecanismo poderoso como es la oración.
Cuando los cristianos tomamos conciencia de esta realidad, se producen unos cambios extraordinarios en el medio que nos circunda. ¡Podemos recobrar los territorios que nos pertenecen Piénselo: su nación, su provincia, su ciudad e incluso, el sector que habitan, pueden ser gobernados plenamente por Jesucristo si desde ya nos damos a la tarea de enviar en derrota todas las huestes de maldad que hoy dominan como consecuencia del pecado del género humano (Cf. Santiago 4.7)
Debemos tomar posesión de los territorios
Cuando Dios nos concede algo, por ejemplo nuestra familia a quienes somos creyentes, debemos obrar en fe y posesionarnos de todo cuanto nos fue legado. Declararlo con las palabras y creerlo con el corazón.
Encuentro una excelente ilustración de este punto cuando se produce la muerte de Moisés y Josué-su más cercano colaborador-es encargado de llevar el pueblo de Israel a la tierra prometida. Dios fue explícito cuando le transfiere la misión pero a la vez, el poder y la autoridad: "Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio" (Josué 1:2-4).
En el pasaje Dios declara que todo territorio que pisaran-es decir, de los cuales tomaran posesión-lo entregaba en su poder. El asunto no solo era que dijeran: "Esa tierra nos pertenece", sino que tomaran posesión de ella. Que dieran la batalla, no en sus fuerzas sino en las del Señor.
Piense por un instante en el territorio que habita: ¿Hay violencia?¿Drogadicción?¿Promiscuidad sexual?¿Muertes?¿Brujería? Ahora, en el plano personal: ¿Enfrenta obstáculos?¿Ataques en su vida espiritual? Y, qué decir de su familia: ¿Se dificulta que su cónyuge, hijos y familiares reciban el mensaje de Salvación?¿Alguno de sus allegados está sometido a las drogas o aun comportamiento moral riesgoso?
Si es así, mi pregunta obligada antes de proseguir con el Estudio Bíblico es: ¿Qué está haciendo usted para recobrar ese territorio que Satanás ha robado con engaño y sutileza? Es suyo, como lo es su familia y las bendiciones prometidas por Dios para su existencia-por ejemplo--, pero por asumir una actitud pasiva frente al asedio y ataques del adversario espiritual, ha cedido espacios que hoy debe recobrar. ¡La batalla será victoriosa porque no vamos a pelear nosotros solos, sino con Jesucristo como nuestro poderoso capitán!
Tenga presente que Dios le dijo a Josué y también a nosotros hoy, que es necesario tomar posesión del terreno. No resignarnos sino tomar lo que nos pertenece. ¡Toda atadura debe romperse!
Creer y obrar, clave para recibir las promesas
El primer creer en las promesas de Dios. El segundo, actuar. Están estrechamente ligados. Por ese motivo Josué y los israelitas se decidieron a avanzar en esa dirección: creer y obrar. Cruzar el río Jordan era un primer obstáculo. Dios les prometió que al tomar posesión, es decir, cuando sus pies tocaren las aguas, se produciría el milagro. "Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón" (Josué 3:13).
Territorios ganados mediante la fé y la obediencia
Llegado el momento decisivo, los israelitas con Josué a la cabeza, libraron una batalla ¡Y conquistaron Jericó! Recuerde que tal como lo relata el capítulo 6 del libro de Josué, era una ciudad bien cerrada para evitar incursiones del enemigo (versículo 1).
La urbe, ubicada en el valle del Jordan (Cf. Deuteronomio 34.1, 3), a unos 8 kilómetros del mar Muerto, era estratégica porque permitía el dominio de un amplio territorio. Los historiadores señalan que los muros tenían una altitud de 9 metros y 2 metros de espesos. Una auténtica mole de piedra. Sobre las murallas había viviendas. Y sus moradores estaban preparados para dar la batalla.
Frente a esta realidad tangible, los israelitas concebían la posibilidad de entrar por la fuerza, aunque por supuesto, muchos debieron verse asaltados por el temor y el desánimo. Pero Dios les enseñó una estrategia diferente, la confianza y la obediencia a Dios "Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante" (Josué 6:2-5).
Sonaba ilógico, pero Josué y los israelitas emprendieron la batalla con las armas más inverosímiles, tratándose de un reto tan grande como era conquistar una ciudad fortificada: rodear el terreno tomando posesión de él, elevar sonidos de guerra-que no es otra cosa que la oración del pueblo en procura de un hecho que rompa toda explicación--, depender del poder de Dios, y finalmente: proclamar victoria.
Piense por un instante en el territorio que habita, en su propio hogar, ministerio y tantos otros espacios que son suyos, que le corresponden, y que llegó la hora de retomar en el poder, la autoridad y la unción de Jesucristo.
Al séptimo día de estar rodeando y posesionándose del terreno, dieron la última batalla espiritual: "Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó, El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron" (Josué 6.20).

Tres círculos divinos de protección
La Biblia es clara cuando enseña que Dios ha definido círculos de poder para proteger nuestra vida, nuestra familia y nuestras posesiones. El mismo Satanás debió reconocerlo, hablando del patriarca Job a quien él no podía atacar. El adversario lo admitió ante el amado Padre celestial: "Satanás replicó:-¿Y acaso Job te honra sin recibir nada a cambio? ¿Acaso no están bajo tu protección él y su familia y todas sus posesiones? De tal modo has bendecido la obra de sus manos que sus rebaños y ganados llenan toda la tierra. Pero extiende la mano y quítale todo lo que posee, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara!" (Job 1:9-11, Nueva Versión Internacional).
Ah, sin duda estará pensando cuidadosamente en lo que hemos estudiado y en una realidad para su vida: Por ese motivo, hoy es el día para que cierre toda puerta que haya abierto a la maldad y comience a recuperar territorio en su ciudad, en su hogar, en su vida personal y sus finanzas.
¿Cómo hacerlo?
Primero, evalúe su vida cuidadosamente, identificando dónde hay puertas abierta.
Segundo, sométase a Dios plenamente
Tercero, párese en la brecha y ordénele -en la autoridad que le dio Jesucristo-que se vaya de su vida, familia, posesiones y territorio. ¡Recobre el terreno! Jamás olvide que lo hacemos en oración y clamor, una poderosa arma que están dejando de utilizar los cristianos y es por eso que se pierde la confianza en Dios. Obedezca a Dios ponga en pràctica la palabra inicie por su vida no deje que nada le quite las promesas que Dios le ha dado ni el mundo,la vanidad,la vanagloria,el egoísmo,idolatría,adulterio podran contra una vida que se consagra al Señor por completo y obtendrá la autoridad para reprender toda obra del enemigo que se levante en su familia, ministerio.
Adelante. No se detenga. ¡Usted nació para tomar la victoria en Cristo! Jamás lo olvide: Usted, como hijo de Dios, es el vencedor

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Nosotros no somos de los que retroceden



Rev. Luis M. Ortiz

“Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.” Hebreos 10:39.

Amados, para la gloria de Dios, podemos decir que esta Obra del Movimiento Misionero Mundial, marcha adelante, siempre adelante.

Las almas son salvas, los enfermos sanados, milagros son obrados por el Señor, los hermanos reciben el glorioso bautismo en el Espíritu Santo, nuevas obras o iglesias son levantadas, el cuerpo ministerial aumentando continuamente, la obra misionera y de evangelización operando con toda intensidad, nuestras congregaciones crecen con almas que alcanzamos con el trabajo personal, la visitación en hogares inconversos, con campañas evangelísticas, con la oración y la intercesión, con la enseñanza de la Palabra de Dios, con la doctrina sana y con el testimonio limpio, con la vida de santidad.

Además, hay creyentes retirados de sus congregaciones mundanalizadas y sus púlpitos llenos de adulterio, de divorcios y recasamientos, de superficialidades, de teoterapias, de psicoterapias, de psicosomoterapias, de una consejería pastoral acomodaticia, liviana, ecuménica, mundana e ineficaz; pues claro, estos creyentes retenidos en sus hogares llegan a saber que todavía “hay bálsamo en Galaad” (Jeremías 8:22), que todavía hay verdaderos hombres de Dios llenos del Espíritu Santo, llenos de la Palabra de Dios, que predican más y mejor con sus vidas santas que con palabra floridas, académicas, de “humana sabiduría”, sofisticadas, vacías y muertas; y es comprensible que estos creyentes frustrados, al llegar a nuestras congregaciones llenas de la Palabra de Dios, y del poder del Espíritu Santo, llenas de vida espiritual, llenas de la presencia de Dios, de la gracia del Señor Jesucristo, de la unción fresca y vivificante del Espíritu Santo, pues, soliciten quedarse, rueguen quedarse en nuestras congregaciones.

Nosotros no buscamos, no inquietamos, no ofrecemos nada a nadie. Cuando llegan creyentes frustrados por varias ocasiones, ellos hablan con nosotros, o nosotros hablamos con ellos, una y varias veces y nos afirman que ellos no desean regresar de donde salieron por causa de la paupérrima situación espiritual y por la abundancia de la mundanalidad y de pecado que prevalece en las congregaciones de donde salieron. Nuestros pastores les piden una carta de su anterior pastor. Hay pastores que le entregan una carta de traslado, hay otros que no lo hacen, pero estos creyentes frustrados de donde salieron, siguen asistiendo a nuestras congregaciones, y al dar prueba de su testimonio personal, eventualmente son recibidos como miembros de la congragación.

Desde luego, cuando llegan y se quedan, tampoco los nombramos copastores, ni tesoreros, ni secretarios, ni diáconos, ni superintendente de Escuela Dominical, ni maestros, ni presidente de caballeros, ni de damas, ni de jóvenes, ni de niños, ni líderes de nada. Ellos quedan felices en observar, en comparar, en nutrirse espiritualmente, en edificarse, en fortalecerse, en aprender, en vencer, en regocijarse y en servir al Señor conforme a la Palabra y a la voluntad de Dios, y “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13), porque cualquiera “que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro” (1 Juan 3:3).

En el mes de noviembre de 1983, mientras oraba, el Señor habló a mi espíritu, y me dijo que Él había levantado esta Obra, no solo como una Obra de vanguardia, para ir a donde otros no van, y fundar nuevas congregaciones, pero también como un Refugio para mucho pueblo que Él tiene, muchas ovejas que le aman, pero que donde están tiene hambre de la Palabra de Dios, y sed del agua del Espíritu Santo. También me dijo el Señor, que Él los seguirá sacando de esos desiertos espirituales y los irá llevando a donde reciban el Pan de la Palabra, y el agua del Espíritu Santo. ¡Gloria a Dios!

Y a Dios damos toda la gloria y la honra por ayudarnos a mantener los principios bíblicos y cristianos, y los conceptos y convicciones, y la sana doctrina que emanan de las páginas de la Santa Biblia con respecto a la bendita Obra de Dios; todo lo cual aprendimos de los pioneros de Pentecostés que vinieron de Puerto Rico en al año de 1916, de los cuales algunos fueron pastores nuestros en nuestra niñez, adolescencia y juventud, tanto de mi esposa Rebeca, de mi persona, y de nuestras respectivas familias.

Y aunque hoy día, muchísimos que ayer vivían a la altura de la Palabra de Dios hoy menosprecian y ridiculizan aquella enseñanza y aquella sana doctrina, y por consiguiente también se burlan de aquellos nobles y santos Pioneros, nosotros, aunque también recibiendo el vituperio de “los liberalizados” de la santidad y esclavizados de las tinieblas, para la gloria de Dios y bendición de nuestras almas podemos decir que estamos firmes, y retenemos la doctrina que hemos aprendido (2 Tesalonicenses 2:15), y tenemos cuidado de nosotros mismos y de la doctrina, persistimos en ello, pues haciendo esto, seremos salvos, como también los que nos oyeren (1 Timoteo 4:16).

Porque “no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma” (Hebreos 10:39). ¡Gloria a Dios! Amén.

Aceptando la Voluntad de Dios o la nuestra


Rev. Gustavo Martínez Garavito

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”, Juan 5:30.

Hay una lucha en la vida de todo creyente, si aceptar la voluntad de Dios o la suya. El Señor Jesucristo fue muy enfático cuando dijo que nadie “puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro” (Mateo 6:24). Hay una tendencia a hacer lo que nos parece, lo que nos provoca, esto es la voluntad del hombre. En la actualidad se está viviendo tiempos de crisis espiritual, de entretenimiento religioso. Cada uno piensa en su porvenir, en su bienestar, y creyendo que eso es lo más importante para ellos.

El pueblo que no es espiritual no agrada ni hace la voluntad de Dios, dicen que más bien es un tema muy anticuado, de mal gusto y que además son libres de pensar, de actuar, que nadie tiene porque intervenir en su vida. Ellos dicen: “Yo hago como quiero, yo voy al templo cuando a mí se me antoja,… yo no soy un hipócrita...”. Ellos creen ser buenos y que pueden justificar cualquier acto de desobediencia; también piensan que la voluntad de Dios es esclavizante, que es difícil de hacer y de entender.

Amado lector, este tema es de mucha importancia y vital para poder agradar a Dios. El que no obedece y acepta la voluntad de Dios no es apto, no es digno del Señor. Jesús dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). El hacer la voluntad de Dios es muy importante y está por encima de todas las exigencias que se puedan realizar, recuerden que Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo…”, Lucas 9:23. “Si alguno quiere”, quiere decir que esta no es una obligación, esto es un acto voluntario.

Si alguno quiere ser cristiano, significa estar de acuerdo con Dios, significa dejar de ser uno mismo, significa morir a nuestro yo. Juan el Bautista dijo: “Es necesario que él crezca, pero yo mengüe”, Juan 3:30. El apóstol Pablo dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”, Gálatas 2:20. Lamentablemente la iglesia y a los que Dios ha llamado están entretenidos en medio de sus negocios, metidos donde Dios no los ha puesto, ellos no quieren involucrarse ni comprometerse con Dios.

Estos no están haciendo un trabajo adecuado, el pastor no hace nada, prácticamente ni visita a las vidas, se limita simplemente a llegar al culto y a veces ni él es el que predica; por eso las congregaciones no crecen. También hay obreros que no han renunciado ni siquiera al trabajo, viven atados a la comodidad; mientras las almas se pierden, mientras el pecado y el materialismo crecen.

A veces decimos: “¡Señor, yo quiero hacer tu voluntad!” Una cosa es querer y otra es el hacer, pero cuando uno dice “voy hacer tu voluntad”, está diciendo: “Voy a negarme, voy a ponerle pie a mis planes, a mis comodidades, a lo que sea, y voy a dejar que Dios me gobierne, estoy dispuesto a ser despreciado, no importa el precio, voy a obedecer…”. Amados, los falsos predicadores se han dedicado a presentar únicamente el lado de la prosperidad, el lado de la bendición, el lado de lo bueno pero no le hablan al pueblo del lado del sufrimiento.

Hay que ser espirituales para poder entender la voluntad de Dios, en 1 Corintios 2:14, leemos: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. Para muchos esto es una locura, ellos dicen así: “¿Cómo dejar el trabajo, cómo dejar la comodidad, dejar la buena casa, dejar la buena comida, dejar el buen auto?”.

No podemos aceptar la voluntad de Dios hasta que no muera toda nuestra voluntad, por eso el Señor dijo: “¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?” (Lucas 14:28). Quien queriendo agradar a Dios, quien queriendo estar en el secreto de Dios, quien realmente quiere vivir en el Espíritu no considera y piensa que a Dios no se le puede servir de cualquier manera.

Estamos en una época donde los predicadores no son capaces de presentar la Palabra de verdad, no quieren que nadie les diga nada, quieren ser amigos de todo el mundo y tener las puertas abiertas en todo lugar y por eso se dedican solamente a traer un mensaje que ilusiona a muchos, que los hace sentir que son hijos del rey y que están ya tocando las puertas del cielo. Estos no han renunciado a sus pecados y deseos, y sabemos que debemos seguir la “santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

A veces se ve gente en los retiros espirituales brincando, saltando y qué júbilo. Pero siguen iguales de indiferentes, de carnales, de mundanos. Incluso el líder vive conforme con los pocos que tiene; pero no pasa noches enteras ni semanas enteras en oración y ayuno clamando a Dios, por eso es que no pasa nada, porque hay un conformismo, hay una letanía.

Jesús estaba aquí en la tierra para hacer la voluntad del Padre, Él dijo: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre…”, Juan 5:19. En el Salmo 40:6-8, el salmista expresa y dice: “Sacrificio y ofrenda no te agrada; has abierto mis oídos; holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón”.

La epístola a los Hebreos 10:7-9 nos dice: “Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad…”, no dice: Vengo para hacer mí voluntad, sino vengo a hacer tu voluntad…. “como en el rollo del libro está escrito de mí. Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad…”. Él no vino a agradarse, a que le sirvieran o a usar la iglesia.

Hay líderes que están por los panes y los peces, por los bienes materiales, pero no con el propósito de hacer la voluntad del Padre, no les importan como viva el pueblo y permiten toda clase de mundanalidad, no queriendo incomodarla con tal de tener a la gente que más diezma y ofrenda. Lo que quieren es tener un pueblo que los apaciente, por eso cuando a algún obrero se le habla de moverlo de lugar este se rebela, está pensando en su comodidad, ama el cargo por los beneficios que recibe; mas no es capaz de ejercerlo ni de poner las cosas en el lugar que deben de estar.

En Juan 4:32-34 las Escrituras nos dicen: “Él (Jesús) les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabréis. Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”; y en Hebreos 5:7-10, Cristo el Señor tuvo que enfrentar su propia voluntad, leemos: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído... Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia...”.

La Biblia nos habla en Mateo 26:38-39, cuando Jesús tuvo que enfrentar su propia voluntad, leemos: “Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”. Él sabía que había venido con una misión, con un propósito; y nadie más podía hacerlo, Él pudo someterse y a hacer exactamente lo que el Padre quería, y por eso pudo decir: “Consumado es”. Él redimió la humanidad, Él se convirtió en el sacrificio aceptable delante del Padre.

Siguiendo con su lucha humana Jesús veía lo que significaba el precio, el dolor, y lo difícil y duro que iba a ser, estaba deseando desistir, buscar otra alternativa si era posible, si hay otra manera, “pero no sea como yo quiero, sino como tú”. El Señor en una ocasión dijo: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62), aquí hay que ir hacia adelante, no importa lo que nos espere allá en el camino, no importa lo que nos depare el mañana, pero este camino es sin retroceso. La Biblia dice: “...y si retrocediere, no agradará a mi alma” (Hebreos 10:38).

Jesús tenía que caminar frente a la muerte, frente al escarnio, a la humillación, a la burla, convertirse en maldición porque estaba escrito: “Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13), Él se hizo maldición para liberarnos de la maldición del pecado, sometió su propia voluntad. En el Getsemaní se libró una gran batalla, para rendir su voluntad humana a la voluntad del Padre. Hebreos 12:2-3 nos dice: “...el cual por el gozo puesto delante del Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar”.

Aceptó la cruz a pesar de que le escupieron, de que se burlaron, le maldijeron, le azotaron. Menospreció el oprobio, y subió a la cruz como un valiente, y con gozo sabiendo que estaba poniéndole el pie en la cabeza al diablo. En Lucas 14:26 leemos: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”. Quiere decir que tiene que morir a sus sentimientos, y también hay que renunciar a nuestra propia vida, si es posible renunciar a nuestra propia familia, a nuestras comodidades, eso es lo que el Señor quiere y es lo que tenemos que hacer.

Lucas 14:27, 33 nos dice: “Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”, “cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”. A veces miramos nuestros intereses y como obreros del Señor le damos más prioridad a la familia que a la obra del Señor, y lo que entra para sustentar la obra la estamos usando para que ellos la disfruten. En el libro de Eclesiastés nos dice que hay que disfrutar de la vida, haga lo que quiera, pero concluye diciendo: “Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o mala” (Eclesiastés 12:14); el Señor le pedirá cuentas, un día le van a pasar la factura, le van a demandar por el tiempo, por las fuerzas, por las capacidades, y por todas las oportunidades que se le dio en la vida.

Cristo dijo: “Acordaos de la mujer de Lot” (Lucas 17:32). La mujer de Lot desde el momento que escuchó la orden de salir venía incomoda, venía indispuesta, en el corazón de ella no estaba el someterse a Dios, no estaba el obedecer; hay gente que no le agrada obedecer, ellos no están de acuerdo y van a ir detrás de Lot. Hay mucha gente que está ahí en la Iglesia y que no está más mundana porque se excusan diciendo: “¿Qué van a decir?, me toca estar ahí, por eso me voy a ir para tal Iglesia porque allá me admiten como yo quiera”. Hay esposas e hijos de pastores que están como la mujer de Lot, aparentando obediencia, pero en su corazón no están contentos, no están de acuerdo, en su corazón están protestando, están diciendo: “No me gustó yo esperaba algo distinto, no estoy de acuerdo con la doctrina, no me gusta el fanatismo”.

Esta mujer se quedó convertida en una estatua de sal, y así hay mucha gente ¡que están muertos como una estatua! porque ya no sienten, no tienen vida, se están quedando en el camino y no pueden seguir adelante porque están haciendo su propia voluntad y no agradan a Dios. El Señor dice: “Acordaos de la mujer de Lot”, porque ella quiso hacer su propia voluntad, quería hacer las cosas a la manera de ella, nunca se quiso someter y mire como terminó, muerta, quedó como ejemplo para que todos la vieran y digan: “Aquí quedó una que no quiso hacer la voluntad del Padre y quiso satisfacerse a sí misma”.

Hacer la voluntad de Dios también puede requerir caminar rectamente a la puerta del horno. El libro de Daniel 3:1-23 nos dice: “El rey Nabucodonosor hizo una estatua... Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, que al oír... todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro…; y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo… en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos. Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive… Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado… Al instante fueron traídos estos varones delante del rey.

Habló Nabucodonosor… si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.

Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen... para echarlos en el horno de fuego ardiendo. Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Y estos tres varones... cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo”.

Eso es hacer la voluntad del Padre, caminar hacia la puerta del horno, sabiendo que allá hay un fuego terrible y que tan pronto entra uno queda totalmente incinerado. A ellos no les importó que los llamaran locos, extremistas, legalistas, anticuados; a ellos no les importó perder las comodidades, no les importó lo que pudiera pensar la gente; a ellos les importó honrar al Padre. Cuando ellos pasaron la puerta del horno, allí el que los esperaba era el Señor en medio del fuego, porque nuestro Dios es fuego, Él es Todopoderoso. El fuego no les quemó ni la ropa, no les quemó la piel ni nada, lo único que se quemó con el fuego fueron sus ataduras.

¡Oye! Si Dios te toca, si el fuego de Dios cae, si entras en el fuego de Dios se quemarán las ataduras y podrás adorar a Dios, podrás darle la gloria. Yo me imagino que allí estaba como si estuviera con aire acondicionado, allí estaba el Hijo de Dios, allí estaba al que ellos habían agradado; el diablo no los pudo destruir ¡el diablo está vencido! El único que será destruido será el carnal, el mundano, el que no se somete, el que anda conforme a su criterio, será víctima del pecado, será víctima del mundo. Si usted se somete a la voluntad del Padre, no importa si lo amenazan, no importa lo que le digan, el diablo no lo podrá destruir.

“Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego?... He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces… salieron de en medio del fuego… para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían.

Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos… que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste. Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia” (Daniel 3:24-30).

Lo que se necesita en esta hora de tanta religiosidad es el fuego de Dios que queme las ataduras de la carnalidad, de la concupiscencia, de la moda, de la pornografía, de la fornicación, del adulterio. Cuando yo me convertí al Señor, comencé a orar y a buscar a Dios; mi madre le decía a otros: “Está bien que se haya convertido, pero yo lo veo mal, ya no piensa en mejorar, ya dejo hasta a la novia, dejó aquello, y ahora está metido en la iglesia a toda hora; yo estoy de acuerdo que se haya convertido, pero no estoy de acuerdo en que se haya consagrado…”. Eso es lo que dice el diablo: “que vaya a la iglesia cuantas veces quiere, si es posible que corra y brinque, que cante la música más mundana… eso sí, ¡cuidado cuando se consagre! mientras no suceda eso quédense tranquilos”.

Estos judíos fueron capaces de demostrarle al Señor que lo amaban por encima de lo que fuera, para ellos la voluntad de Dios estaba muy clara y era no adorar a nadie que no fuera Dios, para ellos lo único que primaba aquí era agradar al Padre, agradar a nuestro Señor, lo demás no tenía ningún significado, abrazaron la voluntad de Dios y no la soltaron.

La mayoría de nosotros tuvimos que aguantar el hambre para levantar la iglesia, tuvimos que dormir en el mismo polvo, Dios nos levantó de la miseria, no teníamos nada, ni siquiera cuando me ponía una corbata porque era prestada, las suelas rotas de mis zapatos le ponía cartones todos los días, nadie me ayudaba con nada, el compañero no tenía para ayudarnos, pero comenzamos a creerle a Dios, a creer que puede levantar mies en el desierto, que Dios hace milagros, que Dios abre puertas, que Dios toca los corazones.

El Señor a través de Isaías se dirige al pueblo de Judá y le dice: “Despierta, despierta… Sacúdete del polvo; levántate y siéntate Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion” (Isaías 52:1-2), ellos ya habían sido libertados, todavía les parecía que el capataz iba detrás de ellos, no sentían la libertad. El Señor les está diciendo: “¡Levántate, abre los ojos, ya no estás en Babilonia, ya estas libre! ¡Quítate las ataduras!”. No se conforme más, renuncie a esa comodidad, ayune, clame; tiene que suceder algo y no sucederá mientras no estén dispuestos a pagar el precio, mientras no estén dispuestos a romper con una cantidad de cosas no verán la gloria de Dios. Es seguro que si alguien está en las manos del Señor, y se ponga a ayunar y a orar y a romper las cadenas del diablo y a predicar la Palabra, algo grande y bueno tendrá que ocurrir.

¿Vamos a hacer la voluntad de Dios o vamos a seguir con nuestra voluntad? Hacer la voluntad nuestra parece mejor porque no tenemos problemas, nadie nos va a rechazar, nadie va a criticarnos, nadie nos va a estorbar; pero si decidimos hacer la voluntad del Padre allí empieza la lucha, va a tener muchos problemas, allí empieza el calvario, allí empieza el horno, allí empieza lo difícil, allí realmente se sabe si seguimos la voluntad de Dios o retrocedemos. Que Dios nos ayude hermano, es libre de escoger hoy a quién servir.

El que no acepta la voluntad de Dios no es apto, no es digno del Señor. Jesús dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el  reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. El hacer la voluntad de Dios es muy importante y está por encima de todas las exigencias que se puedan realizar, recuerden que Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo…”.

Vasijas de barro


Rev. José Soto
Uno de los pasajes que más ilustran algunos atributos divinos que queremos resaltar es la ilustración de la casa del alfarero. Allí fue enviado Jeremías de parte de Dios, que le dijo: "Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras" (Jeremías 18:2).

Jeremías se movió a la casa del alfarero donde se fabricaban precisamente vasijas de barro. Allí vio al alfarero trabajando en el barro con los instrumentos y herramientas. Y mientras el alfarero daba los toque finales o el toque maestro con gran esmero éste iba formando, pero aquella vasija se echó a perder en sus manos. Sin embargo, este alfarero no se desalentó, tampoco tiró a la basura aquella vasija. El alfarero simplemente entró al proceso repetitivo, para curar y hacer que este material superara aquella falla o aquel problema, lo cual hizo; siendo el resultado una vasija nueva, una mejor vasija.

La Palabra que dijo el profeta, de parte de Dios, fue: "¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová" (Jeremías 18:6). ¿No podré yo hacer lo mismo contigo hijo mío, quien quiera que seas, a cualquier hora, donde te encuentres?

LA SOBERANÍA DEL ALFARERO SOBRE EL BARRO

Los atributos que sobresalen aquí antes de todo es la soberanía del alfarero sobre el barro. Soberanía significativa, que el barro es propiedad del alfarero. No solamente su propiedad física, sino su propiedad en términos del propósito del ideal con que trabaja. De manera que tiene la autoridad y soberanía de tomar ese material y volverlo a hacer a su manera. Para que un mejor elemento salga de sus manos, tenemos un Dios “paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca (se pierda), sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Una y otra vez nos somete a su misericordia, con sus manos trata con nosotros cambiando y procesando el material, porque busca sacar algo positivo para su gloria, por ello trabaja con paciencia, porque Dios es perseverante.

Cuando Dios tiene un propósito con el hombre, no importa cuánto crea que se ha alejado la persona, Dios se le revela a través de un sueño, o le habla a través de alguien por un consejo, o por la Palabra del Señor. El Señor está persiguiendo y caminando detrás del perdido, porque Él está perseverando para alcanzarlo. Él no se desalienta con nosotros, mientras estemos dando aunque sea una pálida luz, algo saca de nosotros. No podemos desechar a quien Dios no ha desechado.

¿CUÁL SERÍA LA PRIMERA VASIJA DE BARRO QUE DIOS HIZO, PORQUE ÉL ES EL ALFARERO?

“¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel?” Dios es un alfarero experto. Un día cuando no había nadie en la tierra, me refiero al hombre, Dios comenzó a trabajar, y lo que vio fue el polvo de la tierra y lo convirtió en barro. “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7); y el barro abrió los ojos, comenzó a respirar, los sistemas se vivificaron, y el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Hecho del barro resultó una hermosa vasija. Luego preparó otra vasija igual la cual puso al lado de Adán. Y cuando Adán vio aquella vasija la amó, le puso nombre, y dijo: " Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (Génesis 2:23).

¡Qué vasijas hermosas había creado Dios en el huerto! Pero muy pronto se echaron a perder. Encontramos que el diablo atacó, sembró cizaña, sembró dudas (Génesis 3). Pocos días después, el hombre que amaba mucho a su esposa y que le había dado el título de varona, ya no la reconoce, sino que utiliza otro tono cuando dice: "la mujer que me diste" (Génesis 3:12). Ahora la situación cambia y se deteriora la relación. La vasija empieza a echarse a perder, todo eso ocurre, pero Dios no se da por vencido porque Dios es bueno.

HAY ALGUNOS MATERIALES DE UN VALOR INTRÍNSECO, DE UN VALOR ENORME

Si hablamos de materiales, hay algunos de un valor intrínseco, enorme, por ejemplo: el oro. Si le dan un pedazo de oro aunque no tenga forma usted lo valora porque es oro. Un joyero lo funde y hace algo de muchísimo valor porque el material tiene un valor intrínseco aunque no tenga forma alguna. El material precioso tiene un valor propio. Si a usted le dan una joya muy hermosa forrada en piedras preciosas, pero le dicen que es de fantasía, aunque sea muy elaborada, si la dejara olvidada usted no la sentiría mucho, porque no es genuina. Pero si olvidara una prenda de oro, trataría de recuperarla por el valor que ella tiene, por el valor del material. Con el barro y la vasija es lo contrario, porque el material mismo de donde proviene la vasija (el barro) aporta todo el honor y el reconocimiento al alfarero.

El que ve un vaso de barro dice: ¡qué lindo, que formas tiene, que fino lo preparó el alfarero, que lindas líneas y que colores! Pero no dice: ¡qué precioso el material!, porque el material es barro y seguirá siendo barro. El mismo barro que usted se limpia y sacude de sus zapatos, material que nadie quiere y que no tiene valor intrínseco, tiene valor de acuerdo al trabajo del artista, en ese caso, el alfarero. Nuestro valor no es de nuestra naturaleza porque somos polvo, somos barro, somos tierra, pero la mano del Omnipotente nos tocó, nos tomó e hizo la diferencia. Por tanto no nos puede tocar el gusanillo del orgullo, es allí donde el que trata de jactarse le está restando la gloria a Dios, y nadie peleó con Dios y le fue bien.

El origen del material de donde provenimos, nos debe recordar de donde nos sacó el Señor. El Señor, no está mirando si esta vasija tiene diez títulos académicos o si es una persona que no conoce de letras. El Señor no está calificando el material, porque el material siempre será el mismo. Nunca debemos de caer en el error de creer que la intelectualidad es lo que esta Obra necesita para hacer que las cosas funcionen mejor. Dios le puede dar a un intelectual grandes cosas que de la misma manera se las puede dar a un analfabeto. Nunca podremos ponerla dentro de la Obra del Señor como una prioridad, cuidémonos de ese detalle tomando siempre cuenta de dónde Dios nos sacó. En la Obra de Dios, no importa si Dios te hizo pastor, o presbítero, un gran predicador, un gran evangelista, o un hombre de muchos recursos, siempre recuerda que eres polvo y barro en las manos del Omnipotente.

EL ALFARERO TRABAJA CONTINUAMENTE CON EL BARRO

El proceso de una vasija nos recuerda a un alfarero trabajando continuamente. Cuando Jeremías llegó a casa de este hombre lo halló trabajando en la rueda, trabajando con sus instrumentos. El material mismo nos dice que Dios está trabajando en el presente con el hombre hasta llegar a la estatura de Cristo, porque es necesario que así sea. El alfarero es capaz de trabajar una y otra vez con el material (con nosotros). Él produce una mezcla de tierra, agua y fuego, y en ese proceso es que precisamente Dios está trabajando continuamente con el hombre (el barro). Si a veces necesitas agua, te viene el torrente de la Palabra y el torrente del Espíritu. Si necesitas fuego, Dios te mete al horno de la Shekina de Jehová, al horno de tu prueba y dificultad, de tu lucha y enfermedad, de tu padecimiento y debilidad, o de tu crisis en donde opera el fuego de Dios endureciendo el barro y la vasija.

A pesar de las mil imperfecciones del barro, Dios está viendo más allá del material. Usted ve un montón de barro deforme y no ve nada más. Pero ¿qué ve el artista alfarero? ¿Qué ve el maestro alfarero? No está viendo ese montón de barro deforme, y no lo ve a usted con sus discapacidades espirituales. Cuando el alfarero toma en sus manos ese barro deforme, ya tiene algo en mente acerca del futuro de ese barro. Para el que llegue solamente a mirar, será solo un pedazo de barro lo que verá, pero el alfarero dice: "estarás siendo útil en una alacena, estarás en la vitrina de un palacio porque voy a hacer de ti una vasija fina, voy a hacer vasijas de honra”.

EL ALFARERO TIENE UN IDEAL Y UN FUTURO PARA NOSOTROS

Y para lograr ese ideal usa la rueda y el torno. La rueda da vueltas, es decir, la disciplina humana, las revoluciones diarias de nuestra vida donde pasamos la experiencia una y otra vez hasta que el barro toma forma con la repetición de las experiencias, las cuales nos fortalece. No tienes que parecerte a nadie, tú debes y puedes ser tú con ese talento que Dios te dio o esos cinco talentos que Dios te dio, ubícate y comienza a trabajar para la gloria de Dios. Cuando hablamos de futuro hablamos de esperanza, y es lo que tenemos. Dios es perseverante y aunque aquella vasija que hizo primero se echó a perder, ahí había una vasija perfecta; Dios nos dio una vasija más perfecta que nuestro modelo, este es Jesucristo.

Mantengámonos en la rueda donde Dios va sacando finura, va quitando lo duro, removiendo la piedra, puliendo asperezas y perfeccionando el material. Nunca puede faltar el toque maestro de su mano, donde está ese borde, ese vivo que se hace alrededor y ese perfil, porque ése es el toque de su mano. Sus manos preciosas y poderosas son las que nos han dado el perfil que tenemos, el perfil de Cristo.

Manteniéndonos en Buenos Puertos



Rev. Carlos Guerra

Pablo con 246 personas entre soldados y prisioneros iban en una embarcación, llegaron con muchas dificultades, pero lograron llegar a Buenos Puertos.
“Navegando muchos días despacio, y llegando a duras penas frente a Gnido, porque nos impedía el viento, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón. Y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea. Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas. Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí. Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar”, Hechos 27: 7-15.

La juventud es la próxima generación que va a tomar las riendas de esta Obra, aquí están los futuros pastores, presbíteros o supervisores de esta obra. Los que vienen detrás mantendrán el fuego encendido, no queremos que sea una generación indiferente, que no puede alabar a Dios. Ciertamente, las señales que estamos viendo a nivel mundial: crisis social, crisis económica, crisis política; son parámetros inequívocos de que ya estamos en los postreros tiempos y verdaderamente son tiempos peligrosos, claramente indican que la trompeta está por sonar, Cristo está a la puerta.

Vendrán tiempos difíciles y peligrosos, pero también tenemos que reconocer que vienen tiempos muy emocionantes para el pueblo del Señor. El pueblo que se ha mantenido en la brecha, que sigue buscando hacer la voluntad de Dios; va a experimentar lo que la Biblia llama la gloria postrera, vamos a ver la gloria de Jehová ser derramada sobre toda carne. Todo aquel que está buscando al Señor y hace su voluntad va a ser revestido de esa doble porción, una unción tan terrible que el más pequeño, o el más viejito, va a andar bajo una unción tan poderosa; Dios va a usar sus vidas para romper yugos, para sanar enfermos, para levantar paralíticos, para echar fuera demonios, para deshacer obras del diablo. Esta Obra empezó en gloria y en pentecostés, pero todavía no hemos visto nada de lo que Dios va a hacer. Viene la lluvia tardía, también viene la cosecha final, Dios nos está escogiendo para meter el trigo en el granero, ¡Gloria a Dios!

Creemos en los ángeles, hemos visto ángeles, yo sé lo que es ver un ángel. Estaba recién convertido, ayunando varios días, estaba en mi cuarto, y apareció un ángel con vestiduras blancas como la nieve, un blanco resplandeciente, con ribetes como de oro aquí en el cuello, unos ojos transparentes que lo miran a uno y lo atraviesan. Así es que abrí más los ojos para que no se me vaya a ir el ángel y disimuladamente me pellizqué para saber si estaba dormido, porque estaba sentado en la cama, el ángel me sonríe y me dice: ¡No estás dormido, estás despierto y he sido enviado para mostrarte algo! Y se sentó en la cama y yo siento cuando la cama se hunde un poquito y abrió un álbum de fotografía donde yo estaba recién nacido, y el ángel comienza a decirme paso a paso mi vida: Esto que te pasó cuando tenías tal edad, por eso que tú a veces actúas así y asá…

Y comenzó por diferentes etapas de mi vida y ahí me di cuenta que en el cielo tienen un control completo de nuestras vidas desde antes de que naciéramos, desde antes de que estuviéramos en el vientre de la madre. Pero hermanos, los ángeles no son los llamados para meter este trigo, somos nosotros a quienes Dios ha llamado para cosechar el último ramillete de almas que el Señor va a hacer madurar cuando la lluvia postrera descienda sobre todos nosotros, el mundo entero va a ser sacudido y se dará cuenta que el Dios de este mundo no es Hare krishna, ni Mahoma, ni Buda, ni fulano, ni mengano, sino que Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de señores.

Cuando usted camine por las aceras, la gloria de Dios estará sobre su vida, y si un endemoniado pasa a la par suya este será libertado por la unción que habrá sobre su vida; cuando vaya por un hospital y pase por varias camas y no haya tiempo de orar uno por uno, sólo que pase nada más y los enfermos sanarán. En el año 1950, llegó un hombre a Costa Rica a realizar una campaña en el campo de béisbol, pero el gobierno se lo prohibió, y entonces se fue al hospital a orar por los enfermos, y los doctores endiablados también se lo prohibieron, entonces se sintió tan indignado, que este hombre se detuvo frente al hospital de San Juan de Dios (en Costa Rica), levantó sus manos hacia el hospital y comenzó a orar (desde afuera) y dijo: “Sean sanados todos los enfermos”, y comenzaron a oírse gritos en el hospital, gente que se levantaba de sus camas, se quitaban lo que tenían y decían que estaban sanos. Sí, eso fue años atrás, ¿cuánto más vamos a ver en estos últimos días? Por eso es importante hermanos que nosotros estemos en obediencia y en la perfecta voluntad de Dios, y así no nos vamos a desubicar del plan de Dios que hay sobre nuestras vidas.

Una de las viejas tretas del enemigo cuando no puede derribar a alguien, cuando no puede hacerlo caerde la gracia, es desubicarlo del plan de Dios. Y si él logra desubicarme del plan de Dios, de la voluntad de Dios, me voy a meter a trabajar donde Dios no quiere que trabaje, voy a casarme con quien Dios no quiere que me case, voy a estudiar lo que Dios no quiere que estudie, y voy a estar donde Dios no quiere que este, y por supuesto las cosas no van a salir bien; esta es una vieja estrategia del diablo,desubicar a la gente. Hay personas que se casaron antes de tiempo, otros se casaron con quien no tenían que unirse; y estos en lugar de meterlos en el Señor, los alejaron de Él; hermano no permitas que el enemigo te desubique del plan de Dios.

Abraham era uno de los mejores amigos de Dios, de hecho Dios dice: “Abraham mi amigo” (Isaías 41:8), y Dios le dio una promesa: “Te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”(Génesis 12:3), luego de prometerle bendecirle y engrandecer su nombre, también le da una responsabilidad (serás de bendición).“Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra” (Génesis 12:10); nunca Dios le dijo que descendiera a Egipto, descendió y se desubicó del plan de Dios y ¿qué ocurrió? Llegando allí se volvió mentiroso.

“Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti”(Génesis 12:11-13); entonces se volvió mentiroso y hasta casi pierde su matrimonio, “aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera. También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón” (Génesis 12:14-15).

Pero lo más terrible de todo es que los trece años que estuvo en Egipto Dios no le hablo ni una sola vez. La voz de Dios es alimento para el alma, Dios le habla de muchas formas por la Palabra, por sueños. En el caso mío, yo quería que me hablara en profecía, era un joven de dos años de convertido; me acuerdo que comenzó la vigilia y Dios derramando su Espíritu, y Dios hablando, y levantaba un vaso y hablaba aquí, y hablaba al otro, pero a mí, nada. Entramos al receso y pensé, ‘tal vez después’, y el Señor otra vez moviéndose y hablando y a mí, nada. Ya eran las cinco de la mañana, íbamos a terminar la vigilia y yo digo: ‘¡Qué lástima, la aguantada de sueño que di hoy, Dios no me habló como yo quería!’ Y me fui a la puerta y ya estaba con un pie afuera, en tanto el Rev. Manuel Zúñiga iba a despedir el culto, y dijo: ‘Hermanos hay que esperar hasta el último Amén’.

¿Quién le ha dicho que al principio del culto Dios tiene que hablar? Dios hace como a Él le place, Él es soberano; cuando veo que se derrama el Espíritu Santo meto el otro pie y abro un ojo y veo que Dios levanta un vaso y comienza hablar a un hermano: ‘¿Qué piensas, de quién te escondes, qué estabas haciendo a las siete de la mañana fumando, qué crees que mi ojo no te vio?’ Y el hermano llorando y todo arrepentido, y yo ‘¡Señor háblame, háblame!’ Cuando yo veo que a una hermana la toma el Espíritu y yo estoy con los ojos cerrados y los abro un poquito y veo que se acerca donde yo estaba, en mi espíritu le decía: ‘¡No te suelto, háblame Señor, háblame!’ Y se detiene junto a mí para profetizar y cuando siento algo caliente que desciende sobre mi cabeza y oigo que esa mujer me dice: ‘¡Oye muy amado Carlos!’ Hasta ahí llegué, dos años esperando que Él me hablara y ahora me desmayo, sólo porque oí “oye amado Carlos” y eso fue todo lo que me acuerdo porque me desmayé, y luego tuve que levantarme y preguntar a cada uno, parecía un reportero.

Me contaron el testimonio de un hermano que vivía en un estado de los Estados Unidos, y que un amiguito de él le dijo que vendiera su casa y dejara todo, y se viniera para la Florida, le pintó la luna, el sol y las estrellas; entonces sin consultar a Dios vendió su casa, dejó todo, él y su esposa renunciaron a su trabajo, se fueron para Florida sin dirección de Dios. Cuando llegaron allí en lugar de por lo menos alquilar una casa y ver cómo les iba, se pusieron a construir una casa que le costó 250,000 dólares y después de que la construyó no conseguía trabajo, se vio en problemas, la casa perdió valor, se vino la crisis, ahora lo que le ofrecían era 100 mil dólares por la casa, estaba por perder la casa también, por haber tomado una decisión sin consultar a Dios, se salieron de la voluntad de Dios. Abraham casi pierde su matrimonio hasta que reconoció y volvió a subir al lugar donde había edificado un altar y llegó a ese lugar y adoró al Señor y allí Dios se le volvió a manifestar. Después de trece años Dios le vuelve hablar y las cosas cambiaron en la vida de Abraham.

Hermano querido no te desubiques, no pases lo de Abraham; no pases lo de Jonás, que se fue para otro lugar donde Dios no le había dicho; nos puede pasar lo de Pedro, que apareció siguiendo a Jesús de lejos, y desubicado negó al Señor tres veces; que Dios nos ayude a mantenernos en obediencia a Dios, en la perfecta voluntad, si lo hacemos seremos cabeza y no cola, estaremos arriba y no abajo, seremos bendito al salir, seremos bendito en la ciudad y lo más importante tendremos paz, ¿cuántos quieren el cien por ciento de lo que Dios tiene para su vida?, no le deje nada al mundo, no le deje nada al diablo, agarre todo lo que Dios tiene para su vida, todas las bendiciones, todo el ministerio, todos los dones, todos los talentos, todas las habilidades, todas las puertas en que hay que entrar.

Ustedes han oído de David, que Dios le dijo: ‘¡Te di esto, te di aquello, te di palacio, te di casas, te di ovejas, esto, aquello! Y te hubiera dado mucho más’, cuando yo leí ese pasaje entendí que hay mucho más para mi vida, no quiero menos ni tampoco quiero más, pero quiero todo lo que Dios tiene para mi vida.

En el pasaje que estamos leyendo hoy, encontramos al apóstol Pablo siendo prisionero y llevado hacia Italia, la obra de Dios nunca ha sido fácil, ellos pasaron por varios puertos de Asia, pasaron por: Sidón, Chipre, Cilicia y por otros más, y dice que navegando por muchos días despacio porque los vientos les eran contrarios. La obra del Señor nunca es fácil, ser joven no es fácil, los vientos siempre serán contrarios, ¿por qué? Porque nosotros vamos para allá y el mundo viene para acá, los vientos siempre serán contrarios, cuesta más ser de sana doctrina. Pastor, me decía un hermano: ‘¿Usted conoce algún lugar que sea suavecito, que sea fácil para empezar yo el ministerio?’ Y le dije: ‘Perdón pero no hay ningún lugar fácil, en ningún país del mundo, pero si Dios te manda Él te dará la victoria, si Dios te llama te capacitara’.

La obra no es fácil, por eso yo no quería ser pastor, no es para asustarles, pero yo dije: “Cualquier cosa menos pastor”; me gustaba ser oveja, me pegué a mi pastor, me pegué tanto que una vez íbamos a cruzar un río, íbamos varios discípulos de Manuel Zúñiga, jóvenes todos, y llegamos al río, porque íbamos para predicar, veo ese río y le digo: ‘Hermano pastor, yo lo pasaría a usted a caballo, pero como yo soy tan bajito de estatura (aunque yo lo monte a caballo) los dos nos vamos a mojar siempre, es una tontería que nos mojemos los dos, ¿usted que es más alto, no cree que podría cargarme?’ Me dijo: ‘Sí, tiene razón Carlitos, móntate’. Y me monte en la espalda de él y los demás compañeros dijeron: ‘¡No se vale, no, qué argolla, no es justo, que se moje también…!’ Y él no respondió nada, yo contento porque Manuel Zúñiga me iba pasando por el río, los demás mojándose y yo feliz, pero cuando vamos por la mitad del rio, me dice Zúñiga: ‘¿Estás listo?’ Y yo le digo: ‘¿Para qué?’ El pastor me tiró al río y me mojé más de los que iban a pie, y ellos se rieron de mí, pero logramos llegar al otro lado.

Lo que leíamos hermanos, es que llegaron a un lugar que llaman Buenos Puertos, pero era un lugar incómodo, pero era Buenos Puertos, era un lugar estrecho, sin mucho lujo y con mucha restricciones de capacidad; Dios nos ha traído, hermanos, a una obra que no hay muchos lujos, nos ha traído a una obra donde hay muchas restricciones, porque aquí no se puede hacer lo que se le da la gana, aquí no puede vestir como le parece, aquí no va andar como cree, aquí no va a decir lo que le da la gana, ni a meterse en los lugares que le da la gana, porque aquí hay restricciones y eso hace que algunos se sientan incómodos y que se vayan para otros lugares, donde le permitan andar como quieran, vestir como quieran, decir lo que quieran, hacer lo que quieran; si no hay restricciones se sienten bien, hay anchura de lo que sea.

Pero en esta obra hay restricciones, hay límites, pero benditos sean los linderos, benditos sean los límites que nos han puesto. Cuánta gente se ha desubicado y se han ido de nuestras iglesias porque lo que querían era hacer su voluntad, porque se sintieron incómodos, y se expresaron: ‘¡Es que aquí señalan demasiado el pecado!¡Es que aquí se meten con uno!’, pues saque el pecado de su vida y no se va a sentir aludido. Dele la gloria a Dios que los pastores nos metemos con su vida, porque nos interesa su alma; preocúpese si no nos metemos con usted, pero si lo llamamos para exhortarle o para disciplinarle, dele gloria a Dios que hay alguien que se preocupa tanto que le ama, para decirle la verdad, pero no se vaya mantente en Buenos Puertos.

En la iglesia tuvimos una hermana que cantaba como un ángel, era bajita de estatura, pero con  una voz potente y ungida, cada vez que cantaba descendía la gloria de Dios, Dios la usaba muy lindo. Un domingo estaba la iglesia llena, afuera no había espacio para estacionar más carros y el esposo de esta hermana parqueó el carro algo atravesado, ocupando el espacio de dos carros; un diácono se acercó donde el hermano que estaba en la alabanza, y le dijo: ‘Disculpe hermano la ocurrencia, es que el carrito suyo está ocupando el lugar de dos carros y ya no caben más, si es tan amable de poder correrlo para que entre otro ahí’. Y él se molestó y dijo: ‘¡Si me tengo que levantar me voy del culto!’, el diácono le dijo: ‘¡No hermano, no se moleste, si quiere me da las llaves y yo se lo corro y se las vuelvo a traer!’ Y aún molesto le contestó: ‘¡Si me levanto me voy del culto!’, y el hermano le respondió: ‘¡No, no hermano! Y le dice: ¡Me voy! Se volvió donde la esposa, los hijos y comentó: ¡Vieja, vámonos! La hermana y los hijos sepusieron de pie y se fueron no sólo del culto, se fueron de la iglesia, eso es increíble pero cierto. Se dejan desubicar por cualquier bobería del diablo, por cualquier bobería de la carne, porque alguien no me saludó, porque Juanita es una hipócrita, porque el otro pasó a la par mía y qué se cree, porque ponen a dirigir al otro y a mí no me dan nada, porque el pastor tiene su argolla, y se van y se desubican. Lamentablemente, lo digo con dolor, la pareja se separó a los meses, él se fue con otra, lo único que oí es que ella estaba cantando en karaokes mundanos, un talento que era para la gloria de Dios, pero se desubicaron del plan del Señor.

Pablo estaba en ese lugar con 246 personas entre soldados y prisioneros que iban en el barco, llegaron con dificultad, pero lograron llegar a Buenos Puertos, allí es donde tenían que quedarse, aunque fuera incómodo o estrecho, pero eran Buenos Puertos, ahí había paz, ahí podían dormir tranquilos, aunque incómodos pero con la paz de Dios, ¿no es mejor estar un poco apretados pero con la bendición de Dios? A un hermano en la iglesia se le presentó un trabajo y me dijo: ‘Voy a ganar mil dólares más por mes’, le contesté: ‘Pero hermano, ¿cómo es esto, mil dólares más por mes?, y ¿cuál es el gancho?’; ‘Bueno, tengo que trabajar de dos a diez de la noche y entre semana no puedo venir a los cultos y los domingos también tengo que trabajar’. Entonces yo me le quedé viendo, le toqué la pancita y le dije: ‘¡Oye hermano!, has aumentado desde que te casaste, ¿verdad? Y respondió: ‘Sí, casi veinte libras’. ‘Has aumentado de peso, casado, con una bebé, quiere decir que no te ha faltado comida, ¿verdad? Has estado estrecho económicamente, pero tienes la libertad de poder venir a la iglesia y de poder adorar a Dios, hermano, no es de Dios que agarre ese trabajo, no se desubique, porque el diablo con tal de desubicarlo, le va a enviar lo que sea, le va a ofrecer lo que sea, por eso hay que tener cuidado. Mantente estrecho mejor, mantente con tu mismo trabajo, que te da libertad de venir a la casa de Dios. Si ese trabajo es de Dios, pues lo van a llamar y le van a dar el horario que más le conviene, entonces entenderemos que Dios está en el asunto, y si no es una trampa del diablo’. A los quince días, lo llamaron de la misma compañía y el gerente lepreguntó: ‘¿Cuál es el horario que a usted le conviene?’ ‘En la mañana desde la hora que sea hasta las cuatro de la tarde’; entonces le dieron el puesto y con ese horario ¡Dios honra a los que le honran!

Así que estaban en Buenos Puertos, ahí estaban muy incómodos, pero estaban bien y viene una advertencia en el versículo 10, el apóstol Pablo por palabra de sabiduría, por revelación de Dios, da una palabra profética y les dice: “Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas”, hay peligro quedémonos en Buenos Puertos, no nos salgamos de la voluntad perfecta de Dios, aunque estemos incómodos, aunque estrechos, aunque haya restricciones, no nos arriesguemos.

Amados hermanos, si los dones del Espíritu Santo no estuvieran activos y desarrollándose en nuestros cultos; la iglesia sería una iglesia sorda, muda, ciega, paralítica, el diablo se metería, se sentaría en la primera silla, tocaría pandereta, ni cuenta nos daríamos; pero cuando los dones del Espíritu Santo están en un lugar, no sólo se mueve y se manifiesta, sino que también el Señor intercepta los planes que el enemigo tiene en contra de nosotros y nos advierte para que no caigamos en su trampa.

Estábamos orando un viernes en la iglesia y oí la voz audible del Señor que me dijo: ‘¡Prepárate siervo, el domingo viene al culto una bruja a querer perturbar el culto! ¡Prepárate que viene una bruja!’ Mientras oraba le contesté: ‘¡Señor gracias!’ El domingo la iglesia estaba bastante llena, habían como unas 700 personas, hay muchas visitas y vienen mundanos así que cuesta ver quién puede ser, todo el mundo es sospechoso, y pensé: “En el momento clave del culto voy a dar las instrucciones”. Pasé adelante con el micrófono y anuncié: ‘Hermanos, el viernes Dios me habló y como Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta, me dijo que hoy iba venir una bruja aquí a querer perturbar el culto y vamos nosotros a demostrarle al diablo que más poderoso es el que está en nosotros, que el que está en el mundo, así que vamos a tomarnos de la mano y vamos a orar’. Y toda la iglesia se puso en plan de guerra, entonces los hermanos se toman de la mano y comienza el clamor, comienzan a reprender; y de repente de la última banca se levanta una mujer, (nunca se me olvida el rostro porque tenía los ojos como desorbitados) se paró en medio pasillo y comenzó a descender por el pasillo central hacia donde yo estaba, cuando noté que va por la mitad y me hace señas con las dos manos, luego me dijeron que era el símbolo satánico, entonces vuelvo a ver al ujier que estaba a la izquierda para que me ayudara y él tenía los ojos cerrados reprendiendo, y vuelvo la mirada hacia el ujier que estaba a la derecha y también tenía los ojos cerrados reprendiendo, y veo a mi esposa que está con los ojos cerrados reprendiendo, y toda la congregación con los ojos cerrados orando, y luego me acordé que yo les había enseñado que cuando se ora se cierra los ojos, ahí cambie la ley: ¡Desde ahora en adelante los que están en las puertas pueden cerrar un ojo, pero si cierran el otro ojo están en disciplina, tienen que estar atentos (porque hermanos al diablo no se le puede dar ni un centímetro, porque por ahí se mete.

Pero ahí aprendí, pero ya era tarde y la bruja va llegando al altar y viendo que nadie me ayuda, entendí que era entre ella y yo. Se sube a cierto nivel del altar la atrevida y ya venía para subirse aquí, cuando llega hasta donde estoy yo, me paro aquí, me acorde lo que me enseñaron en karate, un pie adelante y el otro atrás para el balance y ella se para aquí ojo con ojo, nos miramos los dos, y yo dije: ‘¡Aquí el que pestañea pierde!’ Ella me miraba y yo a ella, entonces me habla con voz ronca y dice: ‘¡Te voy a destruir en el próximo viaje que tengas, vas a tener un accidente de aviación, quedarás paralítico, no podrás a volver a caminar…!’ En ese momento hermanos sentí que me ardía la sangre, se me subía el apellido de Guerra y de Batalla, pensé: “¡Este diablo qué se está creyendo que venga a amenazarme y que se atreva a subir!” Dije: ‘¡Un momentito! ¡Mire diablo, uno de los dos se va tener que bajar de este altar y no voy hacer yo, así que en el nombre de Jesucristo te bajas, fuera diablo!’ Tenemos autoridad para echar fuera demonios, autoridad para sanar enfermos, ponga al diablo en su lugar, escrito está: “Te he dado potestad de hollar serpientes y escorpiones y sobre toda fuerza del enemigo y absolutamente nada, nada, nada te podrá hacer daño”.

El apóstol Pablo les advirtió, pero le dieron más crédito a las circunstancias, le dieron más créditos al patrón de la nave y al capitán y entonces la mayoría; ¡ten cuidado! No siempre la mayoría ha tenido la razón, de doce espías diez dijeron que no se podía, pero dos que tenían otro espíritu, que se atrevieron a ser diferentes al montón, que se atrevieron a decir: “Cómo que no se puede”, cómo que no podemos mantenernos en Buenos Puertos, subamos y no los comeremos como pan, Jehová no los ha entregado, cuidado con la mayoría; pastor, ¿por qué si la mayoría hace esto no lo hacemos nosotros? Porque nosotros no somos la mayoría, somos un remanente, somos una minoría, la mayoría no quiere estar incómoda, la mayoría no quiere tener restricciones, la mayoría no les gusta buenos puertos, quieren ancho mar, donde todo quepa, donde todo valga, donde todo se pueda.

No le hicieron caso y como vieron que el cielo estaba celeste y que una leve brisa del sur comenzó a soplar, pensaron que ya tenían lo que querían. Hermanos, el diablo te va a ofrecer toda clase de brisa del sur, como le pasó a mi esposa: Cuando éramos novios, la noche en que Manuel Zúñiga iba a orar por nosotros, bueno estábamos orando, pero cuando yo le dije: ‘Hermano Zúñiga, estoy orando por la hermana Norma, ni ore más, ¡eso es de Dios!’ Me dijo: ‘¡Ore para que se case!’‘Hoy en la noche quiero que usted vaya para que nos eche la bendición’; y quedé verme con la hermana Norma en tal lugar y no puedo ir solo, porque no es propio que el joven vaya a recoger por la persona que está orando solo y Manuel Zúñiga me dijo: ‘No hay problema, yo te acompaño’. Y nos fuimos a recoger a la hermana Norma, ella estaba esperando en una esquina, nos contó que antes que llegáramos se paró una limosina negra y resplandecía como salida de agencia, se bajó un hombre alto, muy elegante, bien vestido, atractivo, alto, rubio que bajó de la limosina negra y llegó hasta donde estaba ella en la esquina y le dijo: Con el rostro tuyo yo te hago famosa, yo te garantizo diez mil dólares al mes mínimo para empezar, muchos viajes, mucho esto, mucho lo otro y mucha fama… Norma se le quedó viendo y respondió: ‘¡No, no, no gracias no me interesa! Le dio la espalda, cuandollegaba yo en una humilde tortuga, que le llamamos la tortuga misionera, a la que se le reventaba el cable del acelerador una vez al mes, tenía que andar con un repuesto ahí.Despreció la limosina y a ese hombre elegante, mientras llegabanManuel Zúñiga con Carlos Guerra en la tortuga. Que si ella le dice que sí a ese hombre, el diablo se la hubiera llevado. El diablo te va a ofrecer carro, casa, condominio, te ofrece dinero, fama, Hollywood con tal de apartarte del camino del Señor, hasta se hacen cristianos y viene a la iglesia “y alabaré, alabaré” y vienen a ver la gloria pero la Gloria Martínez, vienen a ver no la gloria de Dios, sino a contemplar la hermosura de la hermanita, si hacen cristianos, pasan y dicen que hasta se convierten y después ya hasta se bautizan algunos, después que ya tienen a la presa y se casan le dicen la noche de la luna de miel: ‘¡No me vuelve a la iglesia!’ Más de una ha caído en eso.

Así que hermanos, vino una brisa del sur y que ellos dijeron: ‘¡Ya tenemos lo que necesitamos!’ Se dejaron ir mar a adentro, pero oiga que diablo más astuto, y es aquí donde vemos la astucia del diablo dice: Pero no mucho tiempo después… porque no le lanzó el ataque inmediatamente, porque estaba muy cerca de la orilla y el diablo no es tonto, él le suelta brisa del sur y cielo despejado, por un poquito de tiempo, pero cuando ya usted está bien adentro, cuando ya no hay marcha atrás en sus decisiones, ya no hay marcha atrás, entonces viene un viento huracanado llamado Euroclidón. Hermanos, viene la tormenta y golpea la barca y te agarra fuera de buenos puertos, fuera de la voluntad de Dios y comienza la pérdida, la pérdida primero emocional, la pérdida de la paz, las pérdidas económicas y materiales, la pérdida hasta el sentido de vivir, porque dicen que perdieron toda esperanza de vida y el apóstol Pablo en medio de esa tormenta (catorce días de tormenta), sin ver las estrellas, sin comer nada. El apóstol Pablo se paró con una palabra profética y les dijo: ‘Bien les hubiera sido haberme escuchado la advertencia’. Como diciéndole: Si nos hubiéramos quedado en buenos puertos no nos hubiera pasado esto, pero por cuanto desobedecieron la voz de Dios, se han salido de la voluntad de Dios y ahora absténganse a las consecuencias.

Pero gracias a Dios que el apóstol Pablo era un predicador de fe, no era un predicador negativo, porque hay predicadores que son negativos, pero yo los he oído por otro lado. ¡Ay hermanos, que duro que está todo! Los hermanos vienen preocupados, algunos vienen afligidos, endeudados y amargados, como la congregación de David en la cueva, eran 400 afligidos, endeudados y amargados, imagínese que llegue un predicador y diga: ¡Ay hermanos, que duro está todo esto!,¿verdad? Imagínese que Pablo hubiera sido un predicador negativo y en medio de esa tormenta que estaban atravesando, se pare el apóstol Pablo y diga: ‘¡Levanten la mano los que saben nadar!’ Y algunos levantaron las manos porque sabían nadar; ‘Bueno, ¡los que no saben nadar prepárense para morir ahogados y los que saben nadar prepárense para morir congelados o comidos por tiburones!’

Pero el apóstol Pablo se puso en pie y dijo: “Pero ahora los exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre nosotros si no solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo no temas; es necesario que comparezcas ante el César y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho” (Hechos 27:22-25). Jóvenes tengan buen ánimo, directivas tengan buen ánimo, porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Dios le bendiga.