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martes, 22 de noviembre de 2011

Testimonio: Iván Gómez “Dios me regaló la vida eterna”


Junto a sus seis hermanos, vivía en Lima. La familia Gómez nunca quizo escuchar la palabra de Dios, que a menudo les predicaban.
A los seis meses de edad, los médicos le encontraron a Iván una enfermedad incurable y no le dieron esperanza de vida.
Un cristiano, sin conocerle le dijo a su  padre, que era por el pecado suyo que su hijo estaba enfermó, y que si se arreglaba con Dios, Él lo iba a sanar.
En una noche que su papá Felipe le tocó  cuidar a su hijo, recordó lo que le predicaron y al recordarlo se humilló ante Dios, rogándole que sanara a su hijo.
 Luego de un rato, se quedó profundamente dormido, al despertar se dio con la sorpresa que su hijo estaba diferente. Al pequeño Iván se le notaba sonriente, ya comía, se movía con normalidad. Su padre supo que Dios había hecho el milagro.
Gracias al programa La Hora de la Transformación que se emitía por una hora en el canal 13, es que se enteran de una iglesia donde se predicaba la sana doctrina y allí comenzaron a congregar.
Las cosas parecían marchar bien, Dios había levantado la familia Gómez. Pero Iván ya cursaba la etapa de la adolescencia. Las dudas lo atacaban.
En casa era una persona, y en el colegio otra. Intentaba fingir para quedar bien ante sus amigos y conocidos.
Su entorno influenció mucho para su cambio de actitud, hasta se escapaba de la escuela y de la casa en las madrugadas para ir a las fiestas.
A los 18 años, un mes antes de culminar la etapa escolar, un leve dolor en el brazo lo comenzó a preocupar. Con los días aumentaba, y las pastillas ya no hacían efecto.
La prueba
Al ir al hospital, le dijeron que tenían un tumor que lo podían extirpar. Pero por una huelga no lo pudieron atender. Al pasar el tiempo, el tumor había crecido y tenían que trasladarlo a neoplásicas.
Al hacerle los análisis, resultó que poseía un tumor maligno en su extremidad superior que se convirtió en cáncer. Tenían que amputárselo antes que llegue al corazón.
Pero en la siguiente cita médica, antes de pasar a la sala de operación, los médicos llegaron a la conclusión que ya no podían hacer nada, el cáncer se había propagado. Sólo le quedaba esperar la muerte.
En medio de su miedo de perder su  brazo, oró al Señor y le dijo: Dios yo te fallé, perdóname. Yo me arrepiento de todo lo que he cometido, ahora haz lo que quieras conmigo.
Lamentablemente los doctores tuvieron que amputarle el brazo.
Pero a pesar de la discapacidad, tuvo una rápida recuperación, y aún convaleciente, creyó que su vida le pertenecía a aquel que tuvo misericordia, a Dios.
Actualmente, la ausencia de su extremidad no impide que viva por Cristo y le entregue su vida a Él.
Hoy, es obrero de la iglesia en Palcazu – Ciudad Constitución de la selva central peruana.

Testimonio: Martín Hernández


Martín Hernández era un joven muy alegre del distrito de La Victoria en Lima.
En la adolescencia conoció a quien sería su enamorada, con quien pensaba compartir su vida.
Un  día al dejarla a su pareja y al retornar a su casa, sintió que algo entró en él, notó con su pecho se comprimía. No obstante, pensó se le pasaría sólo con dormir.  Pero nunca más pudo ser más el mismo. Tomaba tranquilizantes, se volvió violento y a la vez deprimido.
Sus amigos creyeron que le habían hecho brujería. Por eso acudió a un curandero que se ofreció a solucionar sus problemas.
“Señora (le dijo a su madre)  aquí vamos a curar a su hijo, tráigame ají, limones, velas”, le dijo el charlatán . Seguidamente, frente al cuadro del Señor de los Milagros, hizo un ritual y le recomendó una dieta especial para librarlo de la maldición que arrastraba. Pero todo fue peor.
Sus actos eran cada vez más violentos. Inclusive, su enamorada decidió separarse de él, a lo que Martín respondió: “Si tú me dejas, me mato”.
Decepcionado de todo porque sus males no desaparecían, conoció a una amiga de su mamá que era bruja quien ofreció sanarlo. “Yo sé que un día vas a venir a mis pies”, le dijo la mujer.
Vida oscura
Cuy y huevos fueron pasados por su rostro y pecho, al poco tiempo el inocente animal murió. Al abrirlo, la bruja le dijo todos los males que tenía. Finalmente, le ordenó que se lleve al roedor, que lo lance al río y diga un conjuro para que sus males se vayan.
Mientras se alistaba a desaparecer al animal muerto en una bolsa, se encontró con un hermano cristiano quien vivía por su casa quien ya le había predicado de Dios. Al contarle lo sucedido este le dijo: “Tú sabes que ir al brujo es del diablo, que hacerse brujería es del diablo, pero el Señor te puede cambiar”.
Martín no pudo oírlo más. Intentó desesperadamente prender su moto para irse, pero al jalar la palanca esta no prendía. En ese momento el hombre de Dios puso la mano en el motor del vehículo diciendo: “En el nombre de Jesús prende”, y enseguida arrancó.
Ya lejos del lugar, el joven Martín pensó en lo que acababa de escuchar y en lo que presenció. “Si el nombre de Jesús tiene poder para prender la moto, tiene poder para sanarme”, meditaba mientras manejaba.
Al día siguiente del oscuro ritual todo fue en picada. Su rostro se  le desfiguró, su cuerpo no le respondía, se enfermó más y  escuchó una voz que le dijo: “Esta noche te vas a morir, pero no aquí en la calle, sino en tu casa”.
Al sentirse tan mal comenzó a gritar “Me voy a morir”. Lo escucharon todos los vecinos y se alteraron, comenzaron a preocuparse, enseguida pensaron en traer al hermano que predicaba en el barrio que un día antes habló con Martín, su nombre: Raúl Caldas.
Al llegar el hermano  oró por él. Mientras tanto, su madre tuvo una experiencia con Dios. Vio a su hijo a los pies de la cruz y ella le rogaba diciéndole: “Sana a mi hijo”.
Ese día lo llevaron al templo para que el pastor de la iglesia ore por él. Durante la entrevista con el pastor, Martín confesó sus pecados. Al  entender que Jesús era el único camino, le entrego su vida y su madre hizo lo mismo.
Pero el enemigo se resistía a soltarlo. Sin embargó, el se aferró a Dios y a lo que los pastores le dijeron. Al poco tiempo, volvieron a orar por él.
Al finalizar la oración, para Martín  Hernández  todo era distinto. Cristo había roto sus cadenas.
El sintió que de verdad Dios lo había cambiado, porque luego de seis meses sin poder dormir bien, desde ese día pudo descansar tranquilo, sintió alegría, paz, empezó a ganar peso y los malos pensamientos se habían ido.
Ahora junto a su esposa le sirven a Dios de corazón.

Huaraz: Más de cien pasaron a las aguas


Más de 120 hermanos huaracinos descendieron a las aguas del bautismo este sábado por la mañana. Aprovechando la efervescencia espiritual que se vive con motivo de la Confraternidad nacional del Movimiento Misionero Mundial se desarrolló la ceremonia de este sacramento establecido por nuestro señor Jesucristo en las Sagradas Escrituras.
Se contó con la presencia del reverendo Luis Meza Bocanegra, supervisor de la Obra en el Perú. Junto a él debemos destacar la presencia de los pastores Juan Espíritu,  Teófilo Estrada siervos de Dios provenientes de toda la Región Ancash y de Lima.
La actividad se realizó en la prolongación Luzuriaga 1160, dirección donde se ubica el terreno del que muy pronto será el nuevo templo de Huaraz y donde se espera albergar a mayor cantidad de hijos de Dios.

Cada día hay mil ateos menos y 94.000 cristianos más en el planeta Tierra


En lo que va de milenio, los “no creyentes” han perdido 2,7 millones de adherentes, y los ateos 1,37 millones. El que más crece es el protestanismo, que suma 60.000 fieles diarios. Le sigue el catolicismo que crece al ritmo de 34.000 personas al día, el islam gana 79.000 fieles diarios y el hinduismo 37.000.
  Si uno vive en la envejecida Europa Occidental pierde perspectiva, pero a nivel mundial el número de ateos y no religiosos disminuye día a día, según el estudio anual “ Status of Global Missions ”.En concreto, en lo que llevamos de milenio (de 2000 a 2011) la categoría “no religiosos” ha perdido 700 adherentes al día; mientras que la categoría “ateos” pierde 300 adherentes diarios.
  En total estos últimos once años los “no creyentes” han perdido 2,7 millones de adherentes, y los ateos han perdido 1,37 millones.
   Si comparamos con 1970  (en plena revolución sexual en Occidente y ateísmo comunista en Europa), vemos que en 41 años el ateísmo ha perdido 28 millones de adherentes. En cambio, los no-religiosos han crecido en más de cien millones; debido a queal caer los regímenes comunistas, muchos que se declaraban ateos han pasado a declararse no-religiosos. De igual forma, en China, Vietnam y otros países aún comunistas, muchos prefieren hoy declararse no-religiosos antes que ateos.
  En cualquier caso, en pleno siglo XXI, ateos y no-creyentes van a la baja.
   CRECEN TODAS LAS RELIGIONES
   Por el contrario, las religiones crecen en el siglo XXI. Todas ellas. Incluso el pequeño judaísmo , que estaba de capa caída (15,1 millones en 1970; menos de 14 en el 2000) cuenta ahora con 14,9 millones de adherentes. El resto de creyentes de otras religiones se distribuye de la siguiente forma:
  – El cristianismo, que suma en todas sus variantes 2.300 millones de personas, crece al ritmo de 94.000 personas al día (protestantes, católicos y ortodoxos).
  – El islam, con casi 1.580 millones de adherentes, crece al ritmo de 79.000 fieles diarios.
  – El hinduismo cuenta con 952 millones de adherentes, y crece en 37.000 cada día.
  – El budismo cuenta con 468 millones de fieles, y gana 13.800 al día.
  – El taoísmo y confucionismo chinos suman 457 millones, y ganan 9.300 al día.
  – Y las religiones étnicas, con 269 millones de seguidores, crecen al ritmo de 9.000 al día.
  En total, en el mundo hay 2.000 millones de personas a las que nunca se les ha explicado el mensaje del evangelio. Otros 2.680 millones lo han escuchado alguna vez o lo conocen en cierta medida, pero no son cristianos.
   EL CRECIMIENTO CRISTIANO ES PENTECOSTAL
  La  Iglesia Católica  suma 1.160 millones de fieles, según este estudio, y gana 34.000 al día.
  Las  iglesias protestantes  suman 1.125 millones de fieles en el mundo (incluyendo a los anglicanos).
  – Los carismáticos o pentecostales suman 612 millones, y ganan 37.000 cada día.
  – Los protestantes “clásicos” suman 426 millones, y crecen al ritmo de 20.000 al día.
  – Los anglicanos, centrados sobre todo en África y Asia, suman 87 millones, con 3.000 más cada día.
  Finalmente las  iglesias ortodoxas  suman 271 millones de bautizados, y ganan solo 5.000 al día.
  Los que el estudio llama  “cristianos del margen”  (Testigos de Jehová, Mormones, los que dudan de la Trinidad o de la divinidad de Jesús, etc…) suman 35 millones, y crecen al ritmo de 2.000 al día.
   OTROS DATOS
  Por supuesto, la forma más sencilla de crecer es la natalidad: tener muchos hijos y adherirlos a la propia tradición religiosa. Otra forma es la conversión: es mucho más infrecuente pero se da en millones de personas cada año. La conversión más común es la de un cónyuge a la religión del otro.
  En 2011, los cristianos de todas las denominaciones habrán hecho circular 71 millones de biblias más por el mundo (ya hay 1.740 millones de biblias dando vueltas por el planeta, algunas de forma clandestina).

lunes, 21 de noviembre de 2011

Israel, reloj profético de Dios


Cristo viene pronto. Sí amados, el escenario está listo. ¡Y nosotros debemos estar listos esperando al Señor!
El pueblo de Israel es el reloj profético de Dios. Lo que suceda en Israel o con respecto a Israel, tiene un significado profundo y transcendental para todo el mundo. Existen varias señales que  indican que nuestro Señor Jesucristo regresará pronto.

SEÑALES NOTABLES RELACIONADAS CON ISRAEL QUE INDICAN QUE EL SEÑOR VIENE PRONTO

Geográficamente, Israel está en el centro de la tierra, y por consiguiente ha sido llamado “el ombligo de la tierra”.

Científicamente, de ese pueblo han surgido los sabios más prominentes que ha visto la humanidad: en la antigüedad, Salomón; en la era moderna, Albert Einstein.

Tecnológicamente, este pueblo ha logrado hacer milagros en la agricultura, industria e irrigación.

Políticamente, esta región ha atraído la atención de las grandes potencias en todos los tiempos.

Militarmente, este pueblo ha asombrado al mundo, ganando una guerra en seis días a un enemigo superior.

Espiritualmente, esta región es el centro de la vida religiosa y espiritual del mundo.

Proféticamente - tema central de este texto - es el centro de la profecía sagrada en el mundo; pues, en torno a este pueblo, giran las grandes profecías bíblicas, y esta  región será el escenario de la última guerra.

El pueblo de Israel es el reloj profético de Dios. Lo que suceda en Israel o con respecto a Israel, tiene un significado profundo y transcendental para todo el mundo. Existen varias señales que  indican que nuestro Señor Jesucristo regresará pronto.

1° EL REGRESO DE LOS ISRAELITAS A LA TIERRA PROMETIDA

Dios había repetido a Israel que sería desarraigado de su tierra si desobedecía sus ordenanzas. Dice la Biblia:

“Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo... y no descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo... y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida... y serás vendido a tus enemigos por esclavo...”, Deuteronomio 28:64-68.

Todo esto se cumplió al pie de la letra. Los sufrimientos, persecuciones, masacres de judíos y la dispersión por las naciones a lo largo de la historia, son incontables e indecibles.

Pero también Dios les prometió que en los postreros días los haría regresar a su tierra. Está escrito en Jeremías 23:8 “Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra”. Y en Isaías 43:5-6 “Del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. Diré al norte: da acá; y al sur: no detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra”.

En 1948, había en Israel 700,000 judíos, en la actualidad el número llega a los 7,6 millones de habitantes.

El profeta Daniel preguntó a Dios cuándo serían las maravillas que Él le mostró. La respuesta fue: “Cuando se acabe la dispersión”.

¡Gran señal de que Cristo viene pronto!

2° EL RESURGIMIENTO DE LA NACIÓN DE ISRAEL

Nuestro Señor Jesucristo, refiriéndose al resurgimiento de Israel como nación, dijo: “De la higuera aprended la parábola: cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”, Mateo 24:32-35.

El 14 de mayo de 1948, el estado de Israel fue establecido. Después de constituida las Naciones Unidas, Israel fue la primera nación reconocida. ¡La higuera ha estado echando sus renuevos! ¡La higuera, Israel, está llena de renuevos! ¡A pesar de ser una nación joven, y a pesar de la continua oposición, Israel es una de las naciones más prósperas de la tierra! ¡Es que la higuera está llena de renuevos! ¡Jesús dijo que cuando viéramos a la higuera, Israel, llena de renuevos, que supiéramos que su Segunda Venida al mundo está a las puertas!

¡Otra gran señal de que Cristo viene pronto!

3° LA REIMPLANTACIÓN DEL IDIOMA HEBREO

En Jeremías 31:23, dice: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Aún dirán esta palabra en la tierra de Judá, y en sus ciudades...”

Cuando los judíos comenzaron a regresar en masa a Israel desde el 1948, había grande confusión, pues cada cual hablaba el idioma del país de donde venía. Muy poco se conocía y se hablaba el hebreo.

Un intelectual judío, editor de un periódico dedicó todo su tiempo y su vida a la implantación del idioma hebreo, y hoy este es el idioma oficial, conocido y usado por todos.

¡Una señal más de que Cristo viene pronto!

4° LA RESTAURACIÓN DE LA TIERRA PROMETIDA A ISRAEL

Ésta era tierra que “fluía leche y miel”. Muy fructífera, pero por las invasiones y guerras en esta tierra y por el descuido de los poderes gentiles que gobernaron, gran parte de la tierra se tornó árida y desolada.

Pero para los días postreros, Dios prometió: “Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente”, Isaías 35:1,2.

Esto es un hecho en nuestros días. La tierra ha recobrado fertilidad. El desierto de Neguev, al sur del país, ciertamente está florecido y está alegre. Entre otras muchas cosas, se cultivan las más bellas flores que se venden en los grandes mercados de Londres, París y Nueva York.

Israel exporta millones de dólares al año en frutos de la tierra.

Dios también dijo: “Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos”, Ezequiel 36:30. ¡Y hoy en Israel se han plantado más de doscientos treinta millones de árboles!

¡Ciertamente la restauración de la tierra de Israel es otra gran señal de que el Señor viene pronto!

5° LA RESTAURACIÓN DE ANTIGUAS CIUDADES Y EL SURGIMIENTO DE NUEVOS PUEBLOS Y CIUDADES

Para los postreros días, Dios dijo: “Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas... Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas”, Isaías 54:2,3. También Dios dijo: “Haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas”, Ezequiel 36:33.

¡Y exactamente esto es lo que está sucediendo día tras día en Israel: ciudades en ruinas están siendo reedificadas, y nuevas aldeas, pueblos y ciudades surgen continuamente!

¡Verdaderamente, otra gran señal de que Cristo viene pronto!

6° LA RECONQUISTA DE LA CIUDAD DE JERUSALÉN

Refiriéndose a Jerusalén y a los postreros días, nuestro Señor Jesucristo, dijo: “Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”,  Lucas 21:24.
Jerusalén ha sido hollada o gobernada por los gentiles, desde que Nabucodonosor, rey de Babilonia, la invadió, hace más de 2,700 años.
Después de milenios de dominio gentil sobre Jerusalén, en nuestros días, y luego de una breve guerra del 1967, la ciudad de Jerusalén es gobernada por los judíos.
Cuando ocurra la Segunda Venida de Cristo al mundo, Jerusalén tiene que estar en manos de los judíos. ¡Y ya está! ¡Positivamente esta es otra gran señal de que Cristo viene pronto!

7° LA RECONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO EN JERUSALÉN
El primer templo lo fabricó Salomón; fue reconstruido por Nehemías y otro en tiempo del Imperio Medo-Persa. El rey Herodes lo amplió, y este era el templo que existía en tiempos de Cristo, y que luego, en el año 70 de la era cristiana, fue destruido por el general Tito, del Imperio Romano; y solamente quedó una muralla, o sea, el Muro de los Lamentos. La Biblia dice que el anticristo entrará en el templo de Jerusalén.
Hoy, en el lugar del templo está la Mezquita de Omar, de los musulmanes, pero está en territorio de Israel, está en manos de los judíos. El templo será levantado en este mismo lugar, y lo interesante es que ya el templo está pre-fabricado, solamente habrá que montarlo, y esto no tomará mucho tiempo.
Sí amados, el escenario está listo. Cristo viene pronto. ¡Y nosotros debemos estar listos esperando al Señor!

El conflicto judío - árabe


Un error comúnes creer que todos los judíos fueron empujados a la Diáspora por los romanos, después de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén en el año 70 de la E.C.*, y luego, 1,800 años después, regresaron súbitamente a Palestina exigiendo que les devolvieran su país. En realidad, el pueblo judío ha conservado nexos con su patria histórica por más de 3,700 años.
El pueblo judío funda su derecho a la tierra de Israel en al menos cuatro premisas: 1) El pueblo judío colonizó y desarrolló la tierra, 2) la comunidad internacional le concedió al pueblo judío soberanía política en Palestina, 3) el territorio fue tomado en guerras defensivas y 4) Dios prometió la tierra al patriarca Abraham.

El «certificado de nacimiento» internacional de Israel estaba validado por la estadidad judía en la tierra de Israel en los tiempos bíblicos, la ininterrumpida presencia judía a partir de la época de Josué; la Declaración de Balfour de 1917; el mandato de la Liga de las Naciones, que incorporó la Declaración de Balfour; la admisión de Israel en las Naciones Unidas en 1949; el reconocimiento de Israel por la mayoría de otros estados y, sobre todo, la sociedad creada por el pueblo de Israel en décadas de próspera y dinámica existencia nacional.

Los hebreos entraron en la tierra de Israel alrededor del 1300 A.E.C.*, y vivieron bajo una confederación tribal hasta que se unieron bajo el primer monarca, el rey Saúl. El segundo rey, David, estableció Jerusalén como capital alrededor del año 1000 A.E.C., y el hijo de David, Salomón, construyó el templo poco después y consolidó las funciones militares, administrativas y religiosas del reino.

La división de Palestina
Al término de la segunda guerra mundial, se dio a conocer la magnitud del Holocausto. Esto aceleró las demandas por resolver la cuestión de Palestina de manera que los sobrevivientes de la «Solución Final» de Hitler pudieran encontrar un santuario en una patria propia. Los británicos intentaron llevar a cabo un acuerdo aceptable tanto para árabes como para judíos, pero su insistencia en obtener la aprobación de los primeros garantizó el fracaso (de la gestión), porque los árabes no harían ninguna concesión. Subsecuentemente, (los británicos) les transfirieron el asunto a las Naciones Unidas (NU) en febrero de 1947.

Las NU nombraron una Comisión Especial sobre Palestina (UNSCOP) para planear una solución. Delegados de 11 naciones fueron a la zona y encontraron lo que durante mucho tiempo había sido evidente: las incompatibles aspiraciones nacionales de judíos y árabes no podrían reconciliarse. Las actitudes contrastantes de los dos grupos «no pudieron dejar de dar la impresión de que los judíos estaban imbuidos del sentido del derecho y estaban preparados para presentar su caso ante cualquier tribunal imparcial, mientras que los árabes se sentían inseguros de la justicia de su causa, o temían someterse al juicio de las naciones».

Aunque la mayoría de los miembros de la Comisión reconoció la necesidad de encontrar una solución arreglada, les resultaba difícil concebirla, dada la posición recalcitrante de las partes. En una reunión con un grupo de árabes en Beirut, el miembro checoslovaco de la Comisión le dijo a su audiencia: he escuchado sus demandas y me parece que, desde vuestro punto de vista, el arreglo es: queremos que nuestras demandas se satisfagan completamente, el resto puede dividirse entre los que se quedaron fuera.

Al regresar, los delegados de siete naciones —Canadá, Checoslovaquia, Guatemala, Holanda, Perú, Suecia y Uruguay— recomendaron el establecimiento de dos estados separados, uno judío y otro árabe, mancomunados en una unión económica, con Jerusalén como un enclave internacional. Tres naciones —India, Irán y Yugoslavia— recomendaron un estado unitario con provincias árabes y judías. Australia se abstuvo.

Los judíos de Palestina no estaban satisfechos con el pequeño territorio que les asignaba la Comisión, ni se sentían felices de que Jerusalén fuese separada del estado judío; sin embargo, aceptaron el acomodo. Los árabes rechazaron las recomendaciones de la UNSCOP. El comité ad hoc de la Asamblea General de NU rechazó la demanda árabe de un estado árabe unitario. La recomendación de dividir (el territorio) hecha por la mayoría fue subsecuentemente adoptada por 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones el 29 de noviembre de 1947.

La guerra de 1948
El presidente del Supremo Comité Árabe dijo que los árabes “lucharían por cada pulgada de su país”. Dos días después, los santones de la Universidad de Al-Azha en el Cairo llamaron al mundo musulmán a convocar una guerra santa (yijad) contra los judíos. Jamal Husseini, el portavoz del Supremo Comité Árabe había dicho a las NU antes de que se votara la partición que los árabes “empaparían el suelo de nuestro amado país con la última gota de nuestra sangre…”

La predicción de Husseini comenzó a hacerse realidad casi inmediatamente después de que las NU aprobaran la resolución que dividía el territorio el 29 de noviembre de 1947. Los árabes declararon una huelga de protesta e instigaron motines que les costaron la vida a 62 judíos y 32 árabes. La violencia siguió acrecentándose hasta fines del año. Los primeros asaltos en gran escala comenzaron el 9 de enero de 1948, cuando aproximadamente 1,000 árabes atacaron las comunidades judías del norte de Palestina. En febrero, los británicos dijeron que se habían infiltrado tantos árabes que ellos carecían de fuerzas para hacerles retroceder.

El 26 de abril de 1948, el rey Abdula de Transjordania dijo: “todos nuestros esfuerzos por encontrar una solución pacífica al problema palestino han fracasado. El único camino que nos queda es la guerra. Tendré el placer y el honor de salvar a Palestina”.

El 4 de mayo de 1948, la Legión Árabe atacó Kfzar Ezión. Los defensores los repelieron, pero la Legión regresó una semana después. Luego de dos días de combate, los colonos, mal equipados e inferiores en número, fueron batidos. A muchos defensores los masacraron después de que se habían rendido. Esto fue antes de la invasión de los ejércitos regulares árabes que siguió a la declaración de independencia de Israel.

La resolución para dividir el territorio nunca fue suspendida o rescindida. Por consiguiente, Israel, el Estado judío en Palestina, nació el 14 de mayo, al tiempo que los británicos abandonaban finalmente el país. Cinco ejércitos árabes (Egipto, Siria, Transjordania, Líbano e Irak) inmediatamente invadieron Israel. Sus intenciones fueron declaradas por Azzam Pashá, Secretario General de la Liga Árabe: “esta será una guerra de exterminio y de grandes masacres, de la cual se hablará como de las masacres mongolas y de las cruzadas”.

La guerra de los Seis Días
Una combinación de retórica árabe belicosa, conducta amenazante y, finalmente, un acto de guerra dejó a Israel sin otra opción que un ataque preventivo. Para hacer esto exitosamente, Israel necesitaba el elemento de sorpresa. De haber esperado por una invasión árabe, Israel habría estado en una desventaja potencialmente catastrófica.

El 15 de mayo de 1967, Día de la Independencia de Israel, tropas egipcias comenzaron a movilizarse hacia el Sinaí y a concentrarse cerca de la frontera israelí. Para el 18 de mayo, las tropas sirias estaban preparadas para la batalla a lo largo de las Alturas de Golán. Gamel Nasser, presidente de Egipto, ordenó que la Fuerza de Emergencia de NU, estacionada en el Sinaí desde 1956, se retirara el 16 de mayo.

El rey Hussein de Jordania firmó un pacto de defensa con Egipto el 30 de mayo. Nasser anunció entonces: Los ejércitos de Egipto, Jordania, Siria y Líbano se ciernen sobre las fronteras de Israel para enfrentar el desafío, mientras están detrás de nosotros los ejércitos de Irak, Argelia, Kuwait, Sudán y toda la nación árabe. Esta acción asombrará al mundo. Hoy sabrán que los árabes están preparados para la batalla, el momento crítico ha llegado. Hemos alcanzado la etapa de la auténtica acción y no de las declaraciones.

La retórica árabe iba pareja con la movilización de sus fuerzas armadas. Aproximadamente 250.000 soldados (casi la mitad en Sinaí), más de 2.000 tanques y 700 aviones rodeaban a Israel. En ese momento, las fuerzas israelíes habían permanecido en estado de alerta por tres semanas. El país no podía mantenerse totalmente movilizado indefinidamente, ni podía permitir que su vía marítima a través del Golfo de Aqaba estuviera vedada. La mejor opción de Israel era atacar primero. El 5 de junio de 1967, fue dada la orden de atacar a Egipto.

Luego de solo seis días de combate, las fuerzas israelíes traspasaron las líneas enemigas y estaban en posición de marchar sobre el Cairo, Damasco y Amán. El 10 de junio se pidió un cese al fuego. La victoria se obtuvo a un altísimo costo. En la toma de las Alturas de Golán, Israel sufrió 115 muertos. En total, Israel perdió el doble de hombres —777 muertos y 2.586 heridos—, en proporción a su población total, de lo que EE.UU. perdiera durante ocho años batallando en Vietnam. Si Israel hubiera esperado a que los árabes atacaran primero, como hizo en 1973, y no hubiera tomado una acción preventiva, el costo ciertamente habría sido mucho más elevado y la victoria no podría haberse asegurado.

Hasta la fecha, aproximadamente el 93 por ciento de los territorios ganados en la guerra defensiva han sido entregados por Israel a sus vecinos árabes en el curso de negociaciones. Esto demuestra la disposición de Israel de negociar tierra por paz.

La guerra del Yom Kipur
El 6 de octubre de 1973 —el Yom Kipur, el día más santo del calendario judío—Egipto y Siria comenzaron un ataque coordinado por sorpresa contra Israel. El equivalente de las fuerzas totales de la OTAN en Europa se movilizó sobre las fronteras de Israel. En las Alturas de Golán, aproximadamente 180 tanques israelíes se enfrentaron a la embestida de 1.400 tanques sirios. A lo largo del canal de Suez, menos de 500 defensores israelíes fueron atacados por 80.000 egipcios.

Puesto a la defensiva durante los primeros dos días de combate, Israel movilizó sus reservas y finalmente rechazó a los invasores y llevó la guerra bien dentro de Siria y de Egipto. Los estados árabes eran rápidamente reabastecidos por mar y aire desde la Unión Soviética, que rechazó los esfuerzos de Estados Unidos de laborar por un inmediato cese al fuego. Como resultado, comenzó con retraso su propio puente aéreo a Israel. Dos semanas después, Egipto fue salvado de una desastrosa derrota por el Consejo de Seguridad de NU, que había dejado de actuar mientras la marea estuvo a favor de los árabes.

El 22 de octubre, el Consejo de Seguridad adoptó la Resolución 338 que pedía a “todas las partes que al presente combaten que cesen toda hostilidad y den por terminada toda actividad militar inmediatamente”. La votación se produjo durante el día en que las fuerzas israelíes habían aislado al Tercer Ejército egipcio y se aprestaban a destruirlo. Pese al éxito último de las Fuerzas de Defensa israelíes en el campo de batalla, la guerra fue considerada un fracaso diplomático y militar. Un total de 2.688 soldados israelíes fueron muertos.

Al menos nueve países árabes, entre ellos cuatro naciones que no son del Oriente Medio, colaboraron activamente con el empeño bélico de Egipto y Siria. Unos pocos meses antes de la guerra del Yom Kipur, Irak transfirió un escuadrón de aviones caza a Egipto. Durante la guerra, una división iraquí de unos 18.000 hombres y varios cientos de tanques fueron emplazados en el Golán Central y participaron en el ataque del 16 de octubre contra posiciones israelíes. Los Migs iraquíes comenzaron a operar sobre las Alturas de Golán desde el 8 de octubre, el tercer día de la guerra.

La verdad sobre Jerusalén
Desde que el rey David convirtiera a Jerusalén en la capital de Israel hace más de 3.000 años, la ciudad ha desempeñado un papel central en la existencia judía. El Muro Occidental en la Ciudad Vieja —el muro que queda del antiguo templo judío, el lugar más santo del judaísmo— es el objeto de la veneración judía y el foco de su vida cultual. Tres veces al día, durante miles de años, los judíos han orado “a Jerusalén, la ciudad, regresaremos con júbilo”, y han repetido el voto del salmista: “si me olvidare de ti, Jerusalén, pierda mi diestra su destreza”.

Después de la guerra de 1967, Israel abolió todas las leyes discriminatorias promulgadas por Jordania y adoptó sus propias severas medidas para salvaguardar el acceso a los santuarios religiosos: “cualquiera que haga algo que se asemeje a violar la libertad de acceso de los miembros de las distintas religiones a los lugares que les son sagrados”, estipula la ley israelí, “puede ser encarcelado por un período de cinco años”. Israel también confió la administración de los santos lugares a sus respectivas autoridades religiosas.

Para los cristianos, Jerusalén es el lugar donde Jesús vivió, predicó, murió y resucitó. Si bien es la Jerusalén celestial, más que la terrenal, en la que la Iglesia pone énfasis, los lugares mencionados en el Nuevo Testamento como sitios del ministerio de Jesús han atraído a peregrinos y creyentes devotos durante siglos. Entre estos sitios están la iglesia del Santo Sepulcro, el Jardín de Getsemaní, el sitio de la Última Cena y la Vía Dolorosa con las catorce estaciones de la Cruz.

Junto con la libertad religiosa, los árabes palestinos en Jerusalén disfrutan de derechos políticos sin precedentes. A los residentes árabes les dieron la opción de convertirse en ciudadanos israelíes. Muchos prefirieron conservar su ciudadanía jordana. Además, independientemente de si son ciudadanos o no, a los árabes de Jerusalén se les permite votar en las elecciones municipales y desempeñar un papel en la administración de la ciudad.

Cristo venció al que tenía el imperio de la muerte


Rev. Álvaro Garavito
Cristo despojó a las potestades, les quitó su autoridad y los venció, públicamente. Para que no quedara vestigio secreto ni dudas de quién había vencido, allí venció al diablo en aquella gran batalla del calvario.
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, Romanos 5:12.“Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, Romanos 6:23.

En estos días el mundo se ha visto envuelto por lo que inicialmente se le conoció como la peste porcina. Esta plaga puso en jaque al mundo entero; gobiernos de todas partes de la tierra alertaron a la población a tomar medidas precautorias para no ser infectados por esta plaga. El miedo al posible contagio y a la muerte hizo que muchas empresas se fueran a la quiebra, vuelos aéreos fueron cancelados, centros de turismo quedaron desérticos, en fin una gran problemática.

La historia registra muchas plagas, muchos problemas destructivos, muchos desastres, muchas pandemias que han exterminado a millones de seres humanos. Cada vez que se habla de esto, se ponen los pelos de punta, la gente hace lo que sea para huir de un contagio o de una plaga como esta. La Palabra de Dios, es el libro más antiguo en conocimiento que haya existido en la tierra, el autor de este libro, el Dios creador del universo, del cielo y de la tierra, anunció una pandemia hace casi 4000 años atrás, la cual ha venido a ser la peor de todas que hayan podido destruir a millones de millones de hombres y mujeres, ancianos y niños, adolescentes y jóvenes de todas las edades y de todos los estatus sociales han caído presa de la pandemia más horrible y devastadora que se haya podido oír en la tierra, llamada “PECADO”.

Esa pandemia inició cuando nuestros primeros padres o habitantes de la tierra empezaron a poblar este planeta. Estas plagas han destruido parte de la humanidad, sabemos que vendrán plagas sobre la tierra que harán temblar el mundo y que nadie podrá descubrir el origen ni tampoco su curación; el planeta está amenazado a causa de la primera pandemia que se inició dentro de la raza humana. Esta plaga o estas plagas han tenido un origen, algunos hablan que se han originado entre las aves, otras plagas se han originado entre los cuadrúpedos, entre la raza porcina, pero hay una plaga también llamada el SIDA que se originó a través de una bestia, de un animal con el cual un hombre perverso y corrompido tuvo relaciones sexuales y de allí emanó y dependió el llamado SIDA que tiene sellado con la muerte a millones de personas.

La pandemia más devastadora que las otras es el PECADO. La Biblia dice: “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuantos todos pecaron”, Romanos 5:12. Esta plaga se inició producida por la bestia salvaje, horrible y abominable que hayamos oído en este mundo llamado la serpiente antigua, Satanás y el diablo, esa bestia salvaje entró allí al Edén con el virus que no ha habido médico, no ha habido ciencia, no ha habido mano de hombre que haya podido curar, ni sanar y mucho menos detener esa plaga. Esa bestia llamada diablo metió en la vida de los primeros habitantes del mundo, la semilla del virus del pecado y a medida que la población fue aumentando sobre la tierra, también el pecado se multiplicó.

Ese virus maligno está acabando con los principios, con la moral, y sus resultados son la prostitución, el adulterio, la fornicación, etc. Con este virus aparecieron los primeros pervertidos, los homosexuales, las lesbianas, los primeros hombres que se ayuntaban con las bestias, degenerados, inmorales, sucios, corrompidos, porque el virus de la maldad se había metido a su sangre, y esa plaga, la más terrible de las pandemias del mundo ha llevado a millones y millones al infierno eterno, porque han rechazado la Palabra de Dios y a Jesucristo el Hijo de Dios, Él es el único que puede sanar y salvar al hombre de esa plaga del pecado. El diablo emprendió en el mundo grandes empresas como son los expendios de droga, de alcohol, de licores, y todo lugar de degeneración, porque el hombre nace infectado por esta pandemia inmunda; la Palabra de Dios nos dice que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).

En cierto país oímos una noticia espeluznante, que ya no hay espacio para meter más pandilleros, más ladrones, más criminales, las cárceles están atestadas y los gobiernos en lugar de promover la predicación del Evangelio, de facilitar y abrir puertas para que se predique a través de la radio, la televisión, se resisten, hasta se persigue el único antídoto que puede curar esta pandemia del mundo. Millones han sido presos, los reclusorios de personas con problemas mentales también están sobrepasando su capacidad, hay un aumento de maldad, mientras más se acerca el levantamiento de la Iglesia, más maldad habrá, más inmoralidad, más pornografía, más suciedad, pero “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20). Y donde el diablo ha metido sus garras y su hocico, allí el Señor ha metido su mano para salvar, para libertar, para romper las cadenas del pecado y de la muerte.

Dice la Palabra de Dios que esto se trasmitió a todos los hombres, todo el que nace ya está infectado por el pecado, por eso ya hay personas de 6 o 7 años que son borrachos y drogadictos, y estamos llegando a un punto tan peligroso, tan delicado, tan insoportable en la tierra, que ya estamos viendo prostitutas de 7 u 8 años, estamos oyendo por los medios noticiosos, la prostitución infantil.

La ciencia ha aumentado y la Internet bien utilizada es una maravilla de Dios, pero a muchos, Satanás ha corrompido en sus propias habitaciones, les ha trasmitido el veneno de la corrupción, el veneno de la inmoralidad, el veneno de la prostitución, de la pornografía; lo triste, lo lamentable de esto no es solamente a los pecadores que no tienen a Cristo, lo lamentable de esto es que en esta avalancha de suciedad, que el mundo le está haciendo presión a lo moral, a lo limpio, a lo puro, hay una avalancha que va arrastrando los principios morales que quedan y muchos jóvenes, jovencitas y hasta damas y caballeros ya de edades, donde pudieran distinguir y rechazar estas cosas están cayendo en esas garras de la pornografía.

También hay tantas iglesias que en los cultos no pueden ni alabar, ni predicar, la gente va a dormirse allí, porque están atados por la pornografía, atados por las novelas, por películas corrompidas que han destruido la moral del hombre. Ese virus se apoderó del mundo y fue tomando tanta fuerza que se vino a convertir en “el imperio de la muerte” (Hebreos 2:14). Cristo vino a la tierra después de miles de años de haber creado al hombre, vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, vino a enfrentársele, y para enfrentarlo tuvo que nacer como cualquier ser humano, tomar forma de hombre, hacerse hombre de carne y huesos y venir a vivir aquí como cualquiera de nosotros, excepto sin pecado, para enfrentar y vencer al que tenía el imperio de la muerte.

El Señor dice a través del profeta Ezequiel 18:23, leemos: “¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?”; y en Ezequiel 18:32 nos dice: “Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor, convertíos, pues, y viviréis”. El Señor profetizó a través del profeta Oseas, hablando del imperio de la muerte y dice: “De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista” (Oseas 13:14). Antes de nacer el Mesías prometido, ya el profeta había recibido revelación de Dios, que la muerte sería destruida en las manos de aquel que vino a enfrentarse al imperio de la muerte. Y esto vino a cumplirse porque el escritor a los hebreos dice lo siguiente: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él (esto es Cristo)también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14).

Cristo vino a la tierra, nació en un pesebre, donde habían asnos, bueyes, vacas, en medio del estiércol, abandonado, pobre, porque la Palabra dice que “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico (Él se hizo pobre, pero con un propósito), para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9). Nació como pobre, vivió como pobre, no tuvo donde recostar su cabeza, rehusó todo porque el vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Todos conocemos la historia, los que servimos a Cristo sabemos cómo fue su vida que siendo un niño de escaso un año y medio o dos años, ya las persecuciones de muerte estaban detrás de Él. Fue creciendo en medio de una batalla de incomprensión, de luchas, de desvelos, pagando un precio para poder dar el golpe certero allí en el calvario. Él tenía que pasar aquí en la tierra muchas noches de desvelo para ver la derrota de su adversario concretada, tenía que pasar noches, días de hambre, de sueños, de escasez, de persecuciones. Cristo fue creciendo, peleando esa batalla. La Biblia dice que en los montes pasaba las noches, muchas de esas noches fueron pasadas en los montes fríos, el sereno, picado de los moscos, de las hormigas, vivía una vida incómoda, una vida terrible, opuesta a todo lo que vivía la sociedad en su tiempo, pero sus ojos estaban puestos en el calvario para darle un certero golpe a su adversario, a su enemigo que lo había perseguido ya por más de 30 años.

“Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo”; tuvo que venirse del cielo a nacer como hombre, habitar aquí como un ser humano con necesidades, a llorar, a reír aquí en la tierra consciente que tenía que pelear la más cruenta de las batallas para poder derrotar al que tenía “el Imperio de la muerte”, eso era pagar un precio para ver las cosas hechas. Ahora sabemos que para echar mano de la vida eterna y de la bendición hay que pelear una batalla fuerte en esta tierra.

Él se hizo hombre y tomó esa forma y participó de ese cuerpo, de esa carne, de esos huesos, de esa sangre para poder destruir por medio de la muerte, porque Él tenía que morir en la cruz del calvario, ese era su final, tenía que morir en la cruz del calvario para poder destruir con su muerte al que tenía “el imperio de la muerte”. Cuando llegó la noche anterior, esa noche terrible de agonía en el Getsemaní sus poros se reventaron por la presión que había de la batalla sin cuartel que tenía que enfrentarse, la sangre corrió en su agonía, de sus poros salían como grandes gotas de sangre. Cuando llegó la hora, se enfrentó a los enemigos, lo llevaron a la cárcel y allí fue juzgado para luego posteriormente pasar a aceptar la muerte de cruz que estaba esperando porque allí se iba a pelear esta gran victoria, ¡la batalla la tenía ganada!

Allí en la cruz Cristo se enfrentó en el madero contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes; allí estaban esperando golpear su cabeza. “Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”, Colosenses 2:15. Cristo despojó a las potestades, a los gobernadores, les quitó su autoridad; los despojó, los derrotó y los venció, públicamente, ¡públicamente! Para que no quedara vestigio secreto, que no quedaran dudas de quién había vencido, allí venció la muerte, allí venció al diablo en aquella gran batalla del calvario, venció al que tenía el Imperio de la muerte, fue vencido; y esa sangre preciosa que salía de su cuerpo mientras moría, esa sangre se convirtió en una fuente carmesí que limpia el pecado del hombre.

¡Cristo derramó su sangre! Y esa sangre desde aquel día hasta ahora, sigue limpiando. Él fue llevado a la tumba después de morir, ya había vencido al que tenía el imperio, pero le faltaba vencer la muerte y allí fue a la tumba. Al tercer día resucitó de los muertos, la muerte no lo pudo retener, la tierra tembló, las piedras se sacudieron, se levantó aquel que venció por la eternidad de la eternidad. ¡Cristo es el vencedor! ¡Cristo venció la muerte, Cristo venció al diablo! ¡Venció al que tenía el imperio de la muerte! ¡Lo derrotó! ¡Él venció! Y llevó en su cuerpo las enfermedades, y creemos en ese Cristo que resucitó de los muertos, si creemos en aquel que venció al diablo y a la muerte.

Amigo, usted está atado porque quiere, es presa del alcohol porque quiere, es presa de la droga, de la prostitución, de la mentira, de la trampa, de la falsedad, de la hipocresía, de la hechicería, de los agoreros, de los brujos, pero Cristo nos dice: “Conviértase de sus malos caminos y vivirá”. Si usted cree en Él acéptelo como su Señor y Salvador personal. ¡Dios le bendiga!

Enfrentando la adversidad


Rev. Jorge Álvarez
“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí”, Job 19:25-27.
Job afrontó varias pruebas y adversidades. Entre las crisis que enfrentó está: 1) la pérdida de todas sus posesiones; 2) la muerte de sus siete hijos y sus tres hijas; 3) y una lamentable y terrible enfermedad.
 
De Job, Dios dice “no hay otro como él en la tierra, varón  perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:8). Job era “perfecto” (en hebreo significa “completo”), también era “recto” (en hebreo quiere decir “derecho”),  temeroso de Dios y apartado del mal.

“Los sabeos tomaron y mataron a los criados a filo de espada... fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores y los consumió... los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada... un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron” (Job 1:15-19). Allí fueron muertos sus siete hijos y sus tres hijas en un instante con la fuerza de la naturaleza y las fuerzas humanas, Job había perdido todas sus posesiones.

Y otra vez Jehová dijo a Satanás: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa? Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida.  Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Y Jehová dijo a Satanás: He aquí él está en tu mano; mas guarda su vida” (Job 2:3-6). Podemos notar que Satanás no puede hacer nada si Dios no se lo permite.

En cierta ocasión cerca de doscientos médicos cristianos se reunieron para hacer un estudio en cuanto a la terrible enfermedad de Job. Lo primero que encontramos es “una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza” (Job 2:7), tenía una inflamación y úlceras, estaba todo lleno de llagas. “Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar naamatita, luego que oyeron de este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de él y para consolarse.  Los cuales, alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su manto, y los tres esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo” (Job 2:11,12); dice que había desfiguración de la piel y del rostro, y sus dedos se habían doblado.

Había pérdida de apetito, lo que quiere decir es que estaba adelgazando (Job 3:24). Esta condición le llevó a una depresión (Job 3:25). Nos dice que habían gusanos en los intestinos, o sea tenía la piel como la de elefantiasis (Job 7:5). Tenía dificultad en la respiración, era como un asma (Job 9:18). Tenía amorotamiento en los párpados (Job 16:16). También tenía aliento fétido, debido a los gusanos en los intestinos, toda la pudrición, todo lo que estaba allí y todo lo que salía (Job 19:17). La pérdida de peso la encontramos en Job 19:20 y en Job 30:20 dice que había un dolor que no cesaba, no había medicamento para calmarlo, que era de continuo. En Job 30:30, dice que toda la piel estaba ennegrecida y pegada a los huesos, la piel se le estaba cayendo, no resistía la picazón y se rascaba con tiestos y se sacaba los pedazos de piel.

Job se decía: ¿Por qué estoy sufriendo, por qué esta depresión, por qué esta desfiguración en mi rostro, por qué esta inflamación, por qué todas estas úlceras, por qué estos gusanos en los intestinos, por qué todo este dolor que no cesa y no se acaba, por qué todos estos males?  A pesar de todos los inconvenientes él declara algo muy importante: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo” (Job 19:25).

Desde el principio hasta Abraham habían transcurrido 2000 años; de Abraham a Cristo, otros 2000 años; y de Cristo hasta aquí, han transcurrido 2000 años más; y son 6000 años, pero hay algo que Dios dice que ha de acontecer y que nosotros lo estamos esperando. Yo oí en un documental que decía que en el 2012 venía una catástrofe sobre el mundo, y eso decían los científicos; nosotros no creemos en fechas porque la Biblia nos dice: “Pero del día y la hora nadie lo sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (Mateo 24:36). Pero la profecía maya dice que el fin del mundo será en el 2012, lo cual no creemos, nosotros no lo afirmamos; pero se está confirmando algo que está por acontecer mientras hay muchos que están dormidos, mientras hay muchos que están dejándose mecer en la hamaca de los cambios de principios, de los cambios de moral, de los cambios de doctrina, meciéndose de un lado para el otro.

Job declaraba: “Yo sé que le veré, yo sé que se levantará sobre el polvo”. Job no sabía muchas cosas, no sabía el por qué de su proceso de tanto dolor, de tanto sufrimiento. Nosotros no sabemos porque el dolor ya ha llegado a nuestra vida, a algunos de una manera, a otros le ha llegado de otra forma. Tal vez una prueba, o una situación incomprensible que no ha sido aceptada, pero Job siguió hacia adelante, enfrentándose a la adversidad.

Job decía: “Yo sé que le veré, yo sé que se levantará y también me levantará”. Job recibió golpe tras golpe como ninguno, sin embargo, sabía que nuestro redentor vivía. Él sabía que todos sus amigos terrenales le habían abandonado, a veces nos sentimos abandonados por todos, sentimos que se nos cierran puertas, pero hay algo que debemos saber, que ¡nuestro Redentor vive!

Job también sabía que en medio del abandono, el Redentor estaba allí, sabía que su Dios vivía en el Cielo, que tenía el control, que Dios era bueno, sabía que Dios era fiel. Hay cosas que debemos saber: que nuestro Dios es fiel y es verdadero. Él tampoco conocía porque fue desnudado de toda su comodidad terrenal, no conocía cómo había sido aplastado hasta el polvo de tanto dolor, no lo sabía, pero lo que sí sabía era que ¡su Redentor vivía!

Desconocemos lo que esto significara para Job esta declaración: “Y al fin se levantará sobre el polvo” (Job 19:25); que sería lo que Job veía cuando expresa esto. Luego dice: “Y después de desecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:26); eso es como lo que nos dice en Hebreos 10:20, leemos: “Por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne”. La carne es el velo que oculta la visión de Dios del espíritu del hombre, es como cuando Moisés quería ver a Dios, no se podía permitir, Dios es Espíritu, pero Él se cubrió y se puso un velo de carne, para que él pudiera ver el hombro; la carne del Redentor incluso tuvo que ser desgarrada como velo antes de que se abriera la entrada para nosotros y damos gloria a Dios porque ese velo fue rasgado y hoy podemos ver al Señor.

“Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:2); Job sabía que Dios era grande, Omnipotente, Omnisciente, y es como dice el Salmo 19:1, leemos: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. El universo está en las manos de Dios y bajo el control de Dios; Él lo gobierna todo, el firmamento, las galaxias, las estrellas, todo, absolutamente todo está en sus manos y esto es posible. El libro de Job sobrepasa a los Salmos en teología de la naturaleza cuando vemos en los capítulos 38 al 41.

En Job 42:5 dice: “De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven”; y allí él expresa en el capítulo 42, verso 6: “Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza”; es la consecuencia natural que está frente a Dios y que sabe que no es nada. En los versos 7 y 8 de ese capítulo 42, encontramos que cuatro veces se dirige a Job como “mi siervo Job”, él estaba asechado por sus amigos, esto, del verso 10 al 17 de este mismo capítulo 42, encontramos la recuperación de todas las cosas y quitando Jehová la aflicción de Job.

Él oró por sus amigos, los cuales no eran tan buenos amigos, pero Dios aumentó al doble todas las cosas que él poseía y dice que llegaron los hermanos y las hermanas, incluso los vecinos y que empezaron a celebrar. Todos los que antes le habían conocido comieron juntos y se hizo una fiesta y todos le consolaban, es decir, que tuvo momentos que estaba desconsolado, pero llegó el momento del consuelo después de enfrentarse a la adversidad. Todos le dieron una pieza de plata y un anillo de oro, o sea que todavía lo enriquecieron más, y el postrer estado de Job fue más grande que el primero. Se le multiplicaron las ovejas, los camellos, los bueyes, las asnas, las hijas fueron las más hermosas, dice la Biblia que Jehová le devolvió todo, porque Dios restaura. No importa que veamos tanta calamidad en el mundo, no importa lo que esté pasando, lo importante es que veamos a Dios.

A pesar de haber perdido todas sus posesiones y estar en terribles adversidades, Job declaró algo muy convincente e importante: “Yo sé que mi Redentor vive”.

Fortaleciéndose en el hombre interior

Rev. Álvaro Garavito
La fuerza nuestra no radica en la carne, la carne tiene que debilitarse, el apóstol Pablo dice: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte pero cuando soy fuerte, entonces soy débil”.

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:14-16). Me llama la atención poderosamente que este hombre de Dios, el apóstol Pablo, escribiendo a los efesios hace esta referencia tan maravillosa, que tiene importancia hasta el día de hoy para toda la Iglesia en general.

Pablo dice: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 3:14), para orar, para interceder, para clamar por las vidas. Es maravilloso que alguien se acerque y le diga que ha pasado noches de agonía orando por su vida, orando por su ministerio, orando para que Dios le levante y pueda convertirse en un instrumento poderoso en las manos de Dios, eso es alentador.

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda la familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3:14-15). Luego viene a especificar, lo que estaba determinado, el propósito “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder, en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16). La razón por la cual este hombre de Dios doblaba sus rodillas, para clamar delante del Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo era para que cada uno de ellos fuera fortalecido en el hombre interior y esto es verdaderamente importante, necesario, imprescindible.

Estamos viviendo en una sociedad que conforme pasan los días se corrompe más, se degenera, se ensucia. Hay más problemas económicos, más violencia, crimen, mentira, prostitución, homosexualidad, lesbianismo. Hermanos no estamos viviendo en un lugar cerca del cielo, estamos viviendo muy cerca del infierno. Solamente aquí en esta tierra podemos escapar de la contaminación del mundo y de las situaciones contrarias que nos rodean. Si nuestro espíritu está fortalecido tendremos una fuerza poderosa en nuestro hombre interior y vamos a ser capaces de repeler el ataque del enemigo, de rechazar la tentación; ningún creyente frío, apático, tibio, será capaz de resistir la tentación.

Muchos líderes de concilios o de organizaciones importantes, llámense diáconos o ancianos, llámense siervos, como se llamen están cayendo por todas partes de la tierra, porque se han debilitado espiritualmente. Satanás tiene como tarea debilitar la vida espiritual del líder y del creyente. Oímos de personas que caen todos los días, he meditado que en el cielo hay un gran trabajo, miles de ángeles ocupados las veinticuatro horas del día; a los que se convierten los ángeles están escribiendo su nombre en el libro de la vida; y a otros, a aquellos que pisotean la sangre de Cristo, que pisotean la senda de la vida, que se descarrían y que se van de nuevo a servir al mundo, los ángeles están pasándole el borrador al libro de la vida.

Amados, hay una razón poderosa para el hombre de Dios, el de tener una fortaleza en su hombre interior, en su espíritu, ahí es donde radica la fuerza del cristiano. La fuerza nuestra no radica en la carne, la carne tiene que debilitarse, el apóstol Pablo dice: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10), pero cuando soy fuerte, entonces soy débil. No sabemos en qué tremenda circunstancia o agonía o determinación se encontraba Pablo, pero él clamaba al cielo, clamaba al Señor que le quitara un aguijón en su carne que lo abofeteaba, que lo golpeaba continuamente, la respuesta divina no se dejó esperar, el Señor le respondió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

La debilidad es cuando el poder de la carne se debilita, cuando la persona es golpeada a través de la prueba, del dolor, de la enfermedad, de la situación económica, de la persecución, de la calumnia, de la burla, la persona entonces se siente débil. Espiritualmente hablando ya no es altivo, ya no es grosero, entonces se siente débil en la carne; y cuando surge el poder glorioso del Espíritu, entonces se ha fortalecido el espíritu, empieza esa persona a ser más humilde; porque cuando estaba poderoso en la carne no le aceptaba a nadie un consejo, no permitía que nadie le señalara un error, quería vivir independientemente de los demás. Por eso gracias a Dios por las pruebas que atravesamos, sabiendo que todo esto es solamente un proceso.

Lo que Dios se propuso hacer con este hombre de Dios, fue debilitar su carne a través de un aguijón que lo abofetee, que lo humille, entonces este hombre en su espíritu entiende que es débil. Cuando una persona se siente débil (en su carne) empieza a aparecer en su vida características muy atractivas como son la humildad, la amabilidad, la sencillez, y otras virtudes más; su carne se debilitó y ya no está pensando en él, está pensando en los demás. Cuando una persona está carnal, esta no saluda a nadie, más bien espera que le saluden; espera que todos le den un vaso de agua, pero él no se la da a nadie; que todos hablen bien de él, pero él no habla bien de nadie; eso es la carne pero el poder del Espíritu va a debilitar esa carne.

La Palabra de Dios claramente dice: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne escontra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:16-17). Cuando la carne esta fuerte se opone al Espíritu y el espíritu dice tengo hambre y sed de Dios, la carne nunca tendrá hambre de Dios, sabe que tiene hambre de playas, de cines, de películas de terror, la carne se alimenta con pornografía, se alimenta con minifaldas, con modas indecorosas, modas sucias y corruptas, esa es la carne pero el Espíritu le inclina a tener hambre y sed de Dios.

“El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne” (Gálatas 5:17), tienen una lucha entre sí. A la carne le gusta las cosas de la tierra como la pereza, el sueño, el ir solamente el domingo al templo; que lujo y el resto de la semana descansando, viendo televisión, viendo novelas, viendo películas sucias, porque los que hacen eso no vienen ni a la convención; es una lucha poderosa avalada y apoyada por el diablo, la carne está asesorada por las tinieblas. Pero el espíritu esta asesorado por el Espíritu de Dios, por eso el apóstol Pablo clamaba que fuéramos fortalecidos en el hombre interior por el Espíritu, cuando tenemos esa fortaleza del Espíritu de Dios en nosotros, entonces la carne no nos puede detener.

Y el espíritu fuerte en el hombre es comparado con un vehículo automotriz que no se ve tan moderno, pero tiene un motor poderoso que mueve al vehículo por encima de las piedras y de los troncos, no hay quien detenga ese carro, cualquiera no compite con él. Pero de qué nos serviría tener un carro lujoso, muy brillante, recién pulido, y que el motor no sirva, que en un arrancón quedó tirado, y hay que estar empujándolo. Así es aquel que teniendo la apariencia de creyente, a la hora de arrodillarse a orar, se queda dormido; su espíritu esta atrofiado, está atado, necesita ser fortalecido por el Espíritu de Dios. Nadie podrá ser un cristiano de verdad, si su espíritu está debilitado.

En Romanos 7:24, leemos: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Aquí Pablo está reconociendo que su espíritu y su alma, viven en un estuche de muerte, un estuche de carne y hueso, que es un cuerpo de muerte, que la Biblia dice que este cuerpo no heredará el reino de los cielos, al cielo no entrara carne ni sangre. Por eso la carne se rebela contra el Espíritu, esa lucha que usted siente para orar, esa batalla que siente cuando el pastor cita una vigilia, las miles de excusas que saca la mayoría para no ir al ayuno, ese es el día que más hambre le da, es una batalla ¿por qué? porque la carne no está interesada en nada de lo que es de Dios, el único que está interesado es su espíritu y alma.

Génesis 6:5, leemos: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. La carne continuamente está pensando en el mal, vivimos en un cuerpo de muerte, estamos metidos en este cuerpo de muerte; en este pasaje bíblico de Génesis se nos dice que el Señor vio la maldad de los hombres que era mucha sobre de la tierra. No nos podemos imaginar que le deparará a la gente que asiste al culto de vez en cuando, algunos llegan después de varios días para cantar un especial; si uno que vive ahí metido orando, ayunando, reprendiendo y perseverando, se nos hace difícil para entrar al cielo, como será de aquellos que andan a medias tintas a qué cielo llegarán. “Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?” (1 Pedro 4:18).

El Mateo 26:41 el Señor dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Si yo sé que mi carne es débil (en este sentido no quiere las cosas de Dios), tengo que fortalecer mi espíritu. Si mi espíritu está fuerte es porque está siendo alimentado con la Biblia, con la oración, con la búsqueda del rostro del Señor, con la consagración, con la comunión unos con otros; si el espíritu esta fuerte en esa capacidad podrá rechazar cualquier tentación. Pablo dijo: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo… para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser  fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:14-16). No podemos estar débiles en el espíritu en este tiempo, hoy en día hay tentaciones sexuales, hay muchos creyentes enredándose con instrumentos del demonio del mismo sexo, el diablo le lanza muchos dardos, por eso agárrese de la Palabra del Señor, agárrese del poder de Dios y reprenda  al diablo en el nombre de Jesucristo.

Hay gente que dice: ¡Hay que duros son estos del Movimiento Misionero Mundial! Aquí tenemos que estar parados en la Roca, no en la arena, en la arena no te pares, párate en la Roca inconmovible de los siglos; ya sabe hermano si nos ponemos blanditos nos vamos al infierno. El Señor le dice a sus discípulos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mateo 26:41a), note esta Palabra tan sabia, tan profunda, tan poderosa. Lo que el Señor está diciendo es que se guarde para no caer en tentación; no querrá caer como un aguacate maduro, sabe usted que cuando se desprende un aguacate de un árbol, cae al piso la pepa y la semilla vuela lejos y ya el aguacate queda inservible porque quien lo recoge hecho guacamole en el suelo, queda de una vez licuado; y así caen muchos de la gracia, se desprenden del árbol y se desparraman ¿No quiere caer? entonces hay que velad y orad, para no entrar en tentación.

“El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41b), porque es seguro que su espíritu no le va a decir que no lea las Escrituras, su espíritu nunca le va a decir no vayas al culto, el espíritu nunca le va a decir que no ore, el espíritu nunca le va a poner pereza, lo contrario el espíritu salta de gozo por hacer lo que le conviene a su vida y al Señor. La Palabra dice: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38).  Allí salta el espíritu dentro de nosotros, anhelando recibir de Dios, echando mano de lo eterno; pero la carne es débil, a la carne no le importa todo esto.

La Palabra dice claramente en Efesios 6:10, leemos: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”. No en el poder de nuestra fuerza, sino en el poder de Dios, además dice: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes, contra las acechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:11-12); por eso esto no es un juego a la religión, Dios está formando un batallón, porque aquí tenemos que tener la espada empuñada, tenemos que batallar, tenemos que tener el espíritu fuerte.

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estad firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:13-18).

“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:3-5). Usted no está en esta batalla solo ni está desarmado, las armas de esta milicia no son carnales sino poderosas en Dios ¿Tienes armas espirituales para pelear esta batalla? Si no las tiene “fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).

El secreto de una gran victoria

                             Predica:Rev. Enrique Centeno


Tenemos la historia del reinado, bueno y largo, de Asa. En particular, la gran victoria que obtuvo contra un gran ejército de etíopes que salieron contra él.

“E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios. Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera; y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos. Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado. Y edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado paz. Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros con torres, puertas y barras, ya que la tierra es nuestra; porque hemos buscado a Jehová nuestro Dios; le hemos buscado, y él nos ha dado paz por todas partes. Edificaron, pues, y fueron prosperados. Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas: de Judá trescientos mil, y de Benjamín doscientos ochenta mil que traían escudos y entesaban arcos, todos hombres diestros… Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios; no prevalezca contra ti el hombre. Y Jehová deshizo a los etíopes delante de Asa y delante de Judá; y huyeron los etíopes” (2 Crónicas 14:2-12).

Tenemos la historia del reinado, bueno y largo, de Asa. Su piedad (vv. 1-5). Su política (vv. 6-8). Su prosperidad; en particular, la gran victoria que obtuvo contra un gran ejército de etíopes que salieron contra él (vv. 9-15).

1. QUITÓ TODO LO QUE IMPEDÍA LA BENDICIÓN DE DIOS

Asa procuró agradar a Dios y se esforzó en presentarse a Dios aprobado (2 Timoteo 2:15). “E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios”(v. 2). ¿Por qué hizo Asa lo recto y lo bueno delante de Jehová su Dios? Dice la Palabra: “Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes y destruyó los símbolos de Asera; y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos. Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado”(vv. 3-5).

La reforma que emprendió tan pronto como subió al trono. Retiró y abolió la idolatría. Desde que Salomón había iniciado la idolatría en la última parte de su reinado, nada se había hecho para suprimirla. Dioses extranjeros eran adorados y tenían sus altares, imágenes y cipos; y el servicio del templo, aunque era llevado a cabo por los sacerdotes (13:10), era descuidado por gran parte del pueblo. Tan pronto como Asa tuvo el poder en sus manos, se propuso destruir todos aquellos altares idolátricos con sus imágenes (vv. 3, 5). Esperaba que, al destruir los ídolos, volverían en sí los idólatras. Reavivó y estableció el culto a Dios solo y, puesto que los sacerdotes cumplían con su oficio y servían a los altares de Dios, mandó al pueblo a que cumplieran también con su deber (v. 4): “Mandó a Judá que buscase a el Dios de sus padres(y no a los dioses de los paganos), y pusiese por obra la ley y sus mandamientos”. Al obrar así, “estuvo el reino en paz bajo su reinado” (v. 5).

Estos lugares que se mencionan, eran donde se les rendía culto a Baal el dios de la fertilidad, a Asera la diosa de la fortuna, y a Moloc, el dios al cual que se le ofrecían sacrificios humanos. Todos esos dioses estaban en medio del pueblo de Israel, y por supuesto, el pueblo estaba desviado de la verdadera adoración. Esos dioses extraños interrumpían la verdadera comunión entre Dios y su pueblo.

Sin embargo, Asa fue guiado para limpiar de en medio del pueblo todo aquello que estorbaba e impedía la verdadera adoración y el culto a Dios. Y cuando Asa hizo esto, el reino tuvo paz. La Palabra dice que “cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová(delante de Dios),aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7). Aunque en nuestros días, el pueblo de Dios no tenga esos dioses desagradables, abominables como lo tenía el pueblo de Israel, existen muchas cosas que están apartando y separando al pueblo de Dios.

Si queremos la bendición de Dios, tiene que haber purificación en nuestras vidas, y si queremos ser de bendición para otros, tenemos que quitar todo lo que impida que Dios pueda usarnos como canal y fuente de bendición.

2. Hubo preparación

“Y edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado paz”(v. 6). Asa edificó ciudades fortificadas en Judá para asegurar la victoria. Para que haya edificación tiene que haber paz. En tiempos de guerra, una nación no puede edificar porque la guerra destruye lo que estaba edificado. Amado, aunque el mundo esté en guerra y en conflicto, en el pueblo de Dios que es la Iglesia de Jesucristo tenemos paz, porque Cristo es el autor de la paz. Él dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27). Para poder vivir en paz con nuestros semejantes, primero tenemos que estar en paz con Dios y con nosotros mismos.

El mundo habla mucho de paz, pero no hay paz en el mundo. Y todos sabemos que este anuncio de paz que se oye por doquiera, no es más que un pregón de lo que está por suceder muy pronto. Cristo levantará su Iglesia y los juicios de Dios serán derramados en toda su potencia sobre la faz de esta tierra.

Cristo dijo: “Sobre esta roca edificaré mi Iglesia”(Mateo 16:18). En Hechos 9:31 dice que las iglesias eran edificadas por todas partes, porque “tenían paz”. Tenemos que estar consciente para qué el Señor nos ha llamado. Para poder edificar tenemos que estar cien por ciento en perfecta unidad, trabajando en equipo para el engrandecimiento de la Obra de Dios y para la gloria de su nombre. Tenemos que mantenernos en unidad para poder seguir edificando. Debemos cerrar cada vez más las brechas, para no darle tregua ni oportunidad al enemigo.

3. EDIFICÓ MUROS

“Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros…”(v. 7). Los muros nos hablan de protección.

Antiguamente una ciudad sin muros era vulnerable al enemigo. Los habitantes de Jericó y su rey estaban confiados mientras los muros estaban levantados, pero cuando Dios los derribó, quedaron a expensas del pueblo de Israel. Cuando Nehemías supo del estado y la condición en que se encontraba Jerusalén que sus muros estaban arruinados, sus puertas por el piso, sintió gran preocupación, porque Jerusalén estaba desprotegida, estaba en ruinas.

En la vida cristiana tenemos que tener muros a nuestro alrededor. Cuando Dios le habló a Satanás a cerca de Job, le dijo: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso delante de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8). El diablo le dijo a Dios: “¿No le has cercado alrededor él y a su casa y a  todo lo que tiene?”(Job 1:10). Así que el diablo veía toda la muralla que Dios había puesto alrededor de la vida de Job, de este siervo de Dios.

En la vida ministerial tiene que levantarse muros de protección, igualmente en esta Obra del Movimiento Misionero Mundial, los muros tienen que seguir en pie. Los muros de santidad no deben caerse. Dentro del llamado pueblo de Dios se ha colado mucha inmundicia, mucha mundanalidad, y se hace muy difícil distinguir entre los que son de Dios y los que pertenecen al mundo. Sabemos que el pueblo de Dios siempre ha sido y debe ser un pueblo diferente, y tiene que establecerse esa diferencia. Por eso tenemos que seguir edificando el muro de la santidad aunque nos digan anticuados, aunque nos digan fanáticos.

No podemos rebajar las normas de conducta que Dios ha establecido dentro de esta Obra. Preferimos agradar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo guardando su Palabra, no importando los apodos o epítetos que nos pongan, porque es mejor honrar a Dios y a Su Palabra. El Señor ha dicho: “Yo honraré a los que me honran” (1 Samuel 2:30). Dios quiere hombres y mujeres rendidos, dispuestos, y llenos del Espíritu Santo, que proclamen su Palabra tal como Él lo ha dado.

Hay que seguir levantando los muros de la Palabra, siendo luz y testimonio en este mundo. Tenemos que confesar a Cristo con nuestros labios y con nuestros hechos, tenemos que vivir vidas santas por dentro y por fuera.

4. EDIFICÓ TORRES

“Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros con torres…”(v. 7). Las torres nos hablan de vigilancia.

La torres de la oración. “Velad y orad, para que no entréis en tentación”(Mateo 26:41). “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así(vigilando)”(Mateo 24:46). “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”(1 Pedro 5:8). Cuando descuidamos nuestra vida de oración, en nuestra muralla de protección se puede abrir una brecha por la cual entre el enemigo. Por eso es que tenemos que mantenernos en vigilancia. Las torres no se pueden descuidar, tenemos que seguir edificándolas para la gloria del Señor.

5. PREPARÓ UN EJÉRCITO

“Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas: de Judá trescientos mil, y de Benjamín doscientos ochenta mil que traían escudos y entesaban arcos, todos hombres diestros” (v. 8). Asa también tenía ejército de hombres diestros que tenían escudos y entesaban arcos. La Iglesia de Cristo es un ejército.

Cuando Moisés fue comisionado para que fuera delante de Faraón, con la orden de dejar en libertad al pueblo de Israel, Dios le dijo a Moisés: “Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos”(Éxodo 6:26). En el libro del Cantar de los Cantares 6:10, refiriéndose a la Iglesia dice: “¿Quién es ésta que se muestra como alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?” (Cantares 6:10).Así que Dios llama a su pueblo mis ejércitos y Dios es llamado en la Biblia: “Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel”(Isaías 47:4).

Somos parte del ejército de Dios. Dice la Palabra que en el ejército de Asa todos eran hombres diestros. En Cantares 3:7-8, leemos: “He aquí es la litera de Salomón; sesenta valientes la rodean, de los fuertes de Israel. Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; cada uno su espada sobre su muslo”. Sabemos que la espada del pueblo de Dios es la Biblia. Asa tenía un ejército preparado, que tenía que enfrentarse a la resistencia. “Vendrá el enemigo como río, pero el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él”(Isaías 59:19). “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado”(Salmo 27:3).

“Y clamó Asa a Jehová su Dios…”(v. 11). Y Zera comandaba un ejército de un millón de hombres el cual superaba en soldados a los ejércitos de Asa, casi los duplicaba, Asa clamaba: “¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar alguna al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu nombre venimos contra este ejército”(v. 11). Aunque el ejército de Asa estaba bien adiestrado y equipado, él no puso su confianza en las armas, ni en los diestros que eran sus soldados, su confianza estaba en Dios. No podemos apoyarnos en nosotros mismos, ni en otros, ni en la política, ni en el mundo tenemos que apoyarnos en Dios. Asa reconoce que el enemigo era poderoso, pero sabía que el Señor era el que peleaba.

He aquí uno de los secretos de la victoria: la confianza en el Señor, Él es el Dios de la victoria. Zera y todos los etíopes fueron aniquilados. Fue una victoria moral, material y económica, regresaron a Jerusalén triunfantes.

La Iglesia tiene el desafío y el reto más grande de la historia. Muchos están siendo vencidos, derrotados ante las fuerzas enemigas; pero como dijera el libro de Hebreos: “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tiene fe para preservación del alma”(Hebreos 10:39).

Estamos en conflicto, en una gran batalla, en una gran lucha; la cual no es “contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Es un ejército poderoso, pero el Cristo de la gloria nos ha proporcionado las armas adecuadas para pelear.

Como Iglesia nos enfrentamos a ese ejército, por eso las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Creemos que Dios nos ha provisto del poder del Espíritu Santo, con los dones milagrosos, los frutos del Espíritu Santo, y el arma defensiva más poderosa de los siglos: la Palabra de Dios.

En medio de este tiempo de conflictos y de muchas dificultades, podemos mantenernos firmes en una vida cristiana de total y constante victoria; porque “esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4) en el Cristo invencible, victorioso. No estamos solos en la batalla, Cristo ha prometido: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20), dándonos siempre la victoria.