jueves, 19 de julio de 2012
Respuesta Pastoral ( señales antes del fin del mundo )
martes, 17 de julio de 2012
Solo hay un Camino para Todos
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. –Juan 14:6.
En ningún otro hay salvación (excepto en Jesús); porque no hay otro
nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser
salvos. –Hechos 4:12.
Jesús declara: “Yo soy el camino”, no dice un camino, sino el camino, el único camino para conocer a Dios como Padre.
Quizás a usted le gustaría inventarse su propio camino para conocer a
Dios. La manera en la cual cada creyente ha encontrado a Dios es
diferente, pues Dios viene a nuestro encuentro según nuestras
circunstancias. Pero fue Dios quien escogió el camino a través del cual
podemos ir a él. Ese camino es Jesucristo. El punto común de la fe de
todos los verdaderos creyentes, sea cual sea su origen, su cultura o su
condición social, es que cada uno discernió en la persona de Jesús al
Hijo de Dios, y creyó en él para ser perdonado de todas sus faltas.
El Evangelio es para todos los hombres y mujeres de todas las culturas,
países y condiciones sociales. En el tiempo de su vida en la tierra,
Jesús fue el que más luchó contra la exclusión. No tuvo vergüenza de
comer con los que la sociedad despreciaba. Citó como ejemplo la bondad
de un samaritano, personas despreciadas por los judíos. Alabó por su fe a
una mujer pagana y a un centurión romano. Le dijo a un ladrón
crucificado que estaría con Él en el paraíso. Y, aún hoy, la bondad de
Jesús por los demás es ilimitada; es infinita como el amor de Dios quien
lo reveló. Jesús ama a todos los hombres y a cada uno en particular: lo
demostró dando su vida en la cruz.
Fuente:Amen-amen
La fe de la mujer cananea
Rev. Luis M. Ortiz
El Señor le dice: "No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel."
"Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he
aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba,
diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es
gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió
palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo:
Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy
enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella
vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él,
dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.
Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que
caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh
mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue
sanada desde aquella hora." Mateo 15:21-28.
En estas dos ciudades costeras del mar Mediterráneo, vivían gentiles.
Eran dos puertos muy importantes, Tiro y Sidón, y por cierto ciudades
paganas. Y como el Señor nunca ha hecho acepción de personas, pues, fue a
esta región de gentiles a predicar el Evangelio.
Y de la región de Tiro y Sidón tierra de los filisteos, había salido
una mujer, que era cananea (de Canaán), y al ver a Jesús de quien había
escuchado hablar maravillas, empezó a seguirlo y a clamar. No dice clamó
una sola vez, sino que clamaba continuamente diciendo: "¡Señor, Hijo de
David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un
demonio." Esta mujer reconoció que aquel Rabí, que aquel Predicador,
que aquel Maestro, ella le podía llamar Señor. Aunque ella no era
hebrea, pudo entender que Jesús era Señor. Así como los hebreos no
llaman Señor a ningún hombre sino solo y exclusivamente a Dios; esta
mujer cananea pudo entender que Jesús era y es el Hijo de Dios, y le
llamó Señor.
Y ella iba siguiendo al Señor con la multitud que le acompañaba, e iba
clamando diciendo: "Señor, Hijo de David". Y ahí también ubicó a Jesús
en el linaje de David y le llamó Señor; lo estaba reconociendo como el
Mesías prometido, el Hijo de David. Y aquella mujer le decía: "ten
misericordia de mí". No vino con altanerías, ni creyéndose que todo lo
merecía, ella acudió a la misericordia del Señor.
Escudriñando los cuatro Evangelios encontramos que todos los que
buscaron la ayuda de Jesús, ya sea por un milagro, o por la sanidad de
su cuerpo, o por lo que fuera, cuando se dirigían a Jesús, y le llamaban
Señor, y apelaba a su compasión, y a su misericordia, y a su amor,
diciendo: "¡Señor ten compasión de mí!, ¡Señor ten misericordia de mí!";
todo el que venía a Jesús así, no regresaba a su hogar con las manos
vacías, llevaba consigo lo que le había pedido al Señor.
Ciertamente a Él no podemos venir llenos de orgullo, de vanidad, de
altanería, pensando y creyendo que somos la gran cosa. Es entonces que
Él respondiendo a la confianza nuestra, a la fe nuestra, cuando nos
dirigimos a Él como un Dios misericordioso, que si algo va hacer por
nosotros no es porque nosotros lo merezcamos es porque Él es compasivo,
Él es misericordioso, Él es bueno. Y así vino esta mujer gentil. Y ella
no pidió una sola vez, no clamó una sola vez, ella persistió, según el
Señor caminaba ella iba clamando, y tuvo que vencer circunstancias muy
difíciles.
En ese tiempo era indecoroso que una mujer estuviera en medio de una
multitud de hombres, no se acostumbraba, estaba fuera de lo aceptable.
Pero ella tenía un problema y había oído hablar de Jesús, y sabía que el
único que podía resolver su problema era Jesús. Y se olvidó de esas
condiciones de la sociedad de ese tiempo, se olvidó de todo ello. Ella
tenía una necesidad, y estaba persuadida que la única persona que podía
ayudarle era Jesús, el Hijo de David.
Y seguía clamando, y clamaba, y clamaba, y decía: "¡Señor, Hijo de
David, ten misericordia de mí!" Y añadió: "Mi hija es gravemente
atormentada por un demonio." La hija estaba poseída por un demonio, y
esa es una condición muy triste que un demonio, o demonios, o una legión
de demonios posea una persona; la persona misma enloquece, pierde su
propia personalidad, nada le es desnudarse en público, nada le es
maldecir a su propia madre, está totalmente ajeno a las circunstancias,
está controlado y dominado por los demonios.
Muchos que saben que el licor les arruina económicamente, llegan hasta
decir: ¡No vuelvo a tomar licor! Pero cuando llega el sábado, cobran su
sueldo, y se olvidan de todo lo que dijeron, de todo lo que prometieron,
¿por qué? Porque son esclavos de Satanás, y Satanás los induce a ir al
pecado y a malgastar su dinero. Como es un esclavo de Satanás y los
demonios lo controlan, vuelve a lo mismo, y así sigue su triste vida;
hasta que un día clama al Señor, y le pide ayuda. Entonces el Cristo
misericordioso, el Cristo compasivo, el Cristo bueno, ordena a los
demonios que salgan de su vida, y ese hombre queda libre, porque ha
aceptado a Cristo como su Salvador. Y sirve al Señor, y no hay vicio que
los controle, no hay maldad que pueda vencerlos, ¡Cristo nos da la
victoria!
Y esta mujer venía detrás del Señor clamando: ¡Señor, Hijo de David,
ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un
demonio. Dice que "Jesús no le respondió palabra". Jesús guardó
silencio. Otra persona hubiese pensado: "Vengo clamando detrás de Él, he
reconocido que Él es Dios, le he llamado Señor, y clamo y clamo, y
vengo clamando. Y nada, no me responde, me ignora, pues no era como me
decían, pues yo me voy."
Pero ella no se fue. El Señor guardó silencio, no dijo nada. Pero ella
no se fue, ella no se disgustó, ella no hizo un prejuicio de Cristo,
ella seguía clamando. Jesús guardaba silencio, pero ella seguía
clamando. A veces nosotros no recibimos una respuesta rápida de parte
del Señor y dejamos hasta de orar, y dejamos de clamar, pero aquella
mujer no, ella seguía clamando. Que Dios nos ayude a seguir clamando, a
no darnos por vencidos, el silencio del Señor lo que logra es
incentivarnos para que sigamos clamando, porque así nuestra fe se va
fortaleciendo.
"Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela,
pues da voces tras nosotros." Pero ella sabía que tenía una necesidad, y
estaba segura que la única persona que podía ayudarle era Jesús, el
Hijo de David. Y para ella lo demás no le estorbaba; aunque la
criticaban ella seguía clamando.
Jesús guardaba silencio, pero ella seguía clamando. Y parecería como
que el Señor no quería saber nada de ella, pero no era eso, era que el
Señor conoce las cosas de antemano. El Señor sabía de antemano la clase
de fe que esta mujer tenía, que era capaz de vencer las pruebas más
difíciles con tal de conseguir lo que ella necesitaba de las manos de
Jesús.
El Señor le dice: "No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa
de Israel." Ahora otra prueba más, ella no era de la casa de Israel,
ella era cananea, era gentil, y con esto el Señor estaba diciendo que
para ella no había nada, pero ella no se retiro. Si yo les preguntara
¿cuántos nos hubiésemos ido? seamos honestos, que si clamamos al Señor y
Él nos ignora, y seguimos clamando al Señor y luego oímos decir al
Señor que Él había venido para las ovejas perdidas de la casa de Israel,
y no para nosotros, si eso sucediera con nosotros, muchos se hubieran
levantado, y se hubieran ido enojados. Pero esta mujer ni se fue ni se
enojó.
Y mire la reacción de ella, leemos: "Entonces ella vino y se postró
ante Él, diciendo: ¡Señor, socórreme!" Cuando dice: "ella vino", quiere
decir que si estaba a unos diez metros o cinco metros de distancia de
donde estaba Jesús ella se acercó más al Señor. Y cuando hay una
verdadera fe, en medio de las dificultades y de los problemas, esa fe
firme en Dios y en su Palabra nos acerca más al Señor. Entonces ella
vino y le adoró. Una fe tremenda, una fe que no claudica, una fe que no
se da por vencida, una fe que conquista, una fe que logra lo que
necesita. Y cuando ella vino se acercó más a Jesús y le adoró, y le
pidió ayuda.
Escuchemos las palabras del Señor: "No está bien tomar el pan de los
hijos, y echarlo a los perrillos." Aquí el Señor no está maltratando a
esta cananea, sino que el Señor sabía, conocía la fe de esta mujer, y
que esta mujer no habría de retroceder, y el Señor condujo el incidente
de este modo para dejar asentado en la Biblia (en el Nuevo Testamento);
para beneficio nuestro lo que es una fe que no claudica, que no cede,
que triunfa, que vence, que prosigue. El Señor enseñándonos que cuando
tenemos una fe real y verdadera en Él y en su Palabra no cederemos,
antes persistiremos, y lograremos lo que le estamos pidiendo al Señor.
"No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos." Y
no era que el Señor quería tratar a esta mujer de perrilla, el Señor no
es esa clase de persona, el Señor es respetuoso, Él respeta la voluntad
de todos. Él estaba probando la fe de aquella mujer, no porque Él
ignorada la fe de esa mujer, era para dejar asentado en las páginas del
Nuevo Testamento uno los ejemplos más grandiosos que hay de lo que es
una fe que vence.
Pero esta mujer no cedía, no se rendía, no se fue enojada murmurando:
"Me ha tratado de perra, no me imaginaba que Él podría hacer una cosa
igual, me voy." No se fue, no se ofendió, no murmuró. Habló con Jesús.
Eso es lo que tenemos que hacer, hablar con Jesús.
Cuando el Señor mencionó los perrillos "ella dijo: Sí, Señor; pero aun
los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos." Que
maravilla, que precioso que ella no se ofendió, pero le dijo al Señor:
"Si, Señor, esta bien; pero no olvides que los perrillos también comen
de las migajas que caen de la mesa de sus señores. Está bien, yo ocupo
el lugar de una perrilla, pero a mi me tocan las migajas." Y la migaja
que ella quería, la migaja que ella buscaba, era que Jesús sanara a su
hija que estaba llena de demonios.
"Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase
contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora." El Señor
se maravilló de la fe de esta mujer. "Oh mujer, grande es tu fe; hágase
contigo como quieres." Una fe claudicante en Dios es un insulto al
Señor, porque estamos demostrando que no tenemos fe en el Señor. Y Dios
responde a la fe, ella no podía irse con las manos vacías. "Y su hija
fue sanada desde aquella hora."
Y en casos así es que nuestra fe va aumentando y va logrando de parte
del Señor cosas mayores, y con esto agradamos al Señor. Y no nos
olvidemos que al Cielo no entra nadie que no haya sido probado y en la
dificultad pueda vencer la prueba. Si la prueba te vence no eres apto
para el reino de los cielos, porque ahí solamente entrarán los
vencedores.
Un ejemplo grandioso de lo que es una fe firme, que no claudica, que no
cede, que no transige, que de ningún modo se detiene sino que sigue
persistiendo y persistiendo, y el Señor poniendo pruebas para ver hasta
donde llega esa persona, porque el propósito de Dios es que nosotros
venzamos. Y es una realidad que cada vez que vencemos una prueba, la
próxima será más fuerte, y así nos iremos adiestrando, y así nos vamos
ejercitando para vencer siempre. La Palabra de Dios en el libro de
Apocalipsis 3:21 nos dice: "Al que venciere, le daré que siente conmigo
en mi trono". ¡Gloria a Dios!
Fuente:impactoevangelistico.net
Rev. Rodolfo Gonzales Cruz - Perdon de Dios
lunes, 16 de julio de 2012
El Gran Dios Creador se Ocupa de los Suyos
• Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan… y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?… Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan… Si así viste Dios la hierba… ¿cuánto más a vosotros? – Lucas 12:24-28.
¡Cuán grande y digno de adoración es Dios! Ningún detalle de nuestra
vida le es indiferente. Él, quien creó el cielo y la tierra por medio de
su palabra, “quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 1:3), también se ocupa de las necesidades cotidianas de sus hijos. ¡Hasta nuestros cabellos están contados! (Mateo 10:29-30). A nosotros hay cosas que nos parecen más importantes y otras menos, porque las medimos con nuestras facultades limitadas.
Pero el Todopoderoso, quien formó las galaxias del Universo, “da a la bestia su mantenimiento, y a los hijos de los cuervos que claman” (Salmo 147:9).
A todos los que creen en Jesucristo, él se da a conocer como Padre. Nos
invita a confiar en él en todas las cosas, incluso en las que pensamos
que podemos hacer sin él.
Aprendamos a reconocer el interés y la atención que Dios nos presta
en todas nuestras situaciones; así podremos ver actuar, sea
inmediatamente o más tarde, la mano de un Padre sabio, todopoderoso y
amante. A cada paso discerniremos el bien que su presencia y su
intervención aportan. Eso nos llevará a confiar cada vez más en él y a
exponerle continuamente nuestras peticiones, grandes o pequeñas, con
acciones de gracias (Filipenses 4:6). Así aprendemos a echar sobre él todas nuestras preocupaciones, comprobando día tras día su protección y amor (1 Pedro 5:7).
Fuente:amen-amen.net
Fuente:amen-amen.net
Solo hay un Camino para Todos.
• Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. – Juan14:6.
• En ningún otro hay salvación (excepto en Jesús); porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. – Hechos 4:12.
Jesús declara: “Yo soy el camino”, no dice un camino, sino el camino, el único camino para conocer a Dios como Padre.
Quizás a usted le gustaría inventarse su propio camino para conocer a
Dios. La manera en la cual cada creyente ha encontrado a Dios es
diferente, pues Dios viene a nuestro encuentro según nuestras
circunstancias. Pero fue Dios quien escogió el camino a través del cual
podemos ir a él. Ese camino es Jesucristo. El punto común de la fe de
todos los verdaderos creyentes, sea cual sea su origen, su cultura o su
condición social, es que cada uno discernió en la persona de Jesús al
Hijo de Dios, y creyó en él para ser perdonado de todas sus faltas.
El Evangelio es para todos los hombres y mujeres de todas las
culturas, países y condiciones sociales. En el tiempo de su vida en la
tierra, Jesús fue el que más luchó contra la exclusión. No tuvo
vergüenza de comer con los que la sociedad despreciaba. Citó como
ejemplo la bondad de un samaritano, personas despreciadas por los
judíos. Alabó por su fe a una mujer pagana y a un centurión romano. Le
dijo a un ladrón crucificado que estaría con Él en el paraíso. Y, aún
hoy, la bondad de Jesús por los demás es ilimitada; es infinita como el
amor de Dios quien lo reveló. Jesús ama a todos los hombres y a cada uno
en particular: lo demostró dando su vida en la cruz.
Fuente:amen-amen.net
¡Envíame Hoy a un Creyente!
Mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. – Lucas 15:24.
Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente. – Lucas 15:10.
Señor Jesús, ¿a quién vas a hacer que encuentre hoy?, preguntaba
Pedro en su oración mientras se dirigía al hospital para visitar a los
enfermos. Al llegar al largo pasillo vio una puerta entreabierta. Llamó y
entró. Un joven en su lecho de enfermo exclamó: –¡Usted es creyente!
–Sí, y por eso mismo he venido a verte, respondió Pedro. E
inmediatamente el joven le contó su historia: «No aguantaba más la fe de
mis padres, ni la lectura diaria de la Biblia en familia, entonces me
fui de casa. Lejos de mis padres, encontré refugio en casa de mi abuela,
para no volver a oír hablar de Dios.
Pero una noche, ese Dios de quien huía me detuvo. Mientras me
divertía con mis amigos al borde de la carretera, uno de ellos me empujó
y caí al suelo. Un camión me destrozó las piernas. Tuvieron que
amputármelas. Estoy en esta cama de hospital desde hace meses, y he
tenido el tiempo suficiente para reflexionar sobre mi pasado. Esta
mañana le dije a Dios: –¡Si existes, mándame hoy a un creyente!».
Entonces Pedro le habló de Jesús, de su compasión, de su amor y de su
poder para perdonar. Ese mismo día ese joven creyó en Jesús y puso su
confianza en él. Más tarde mandó a Pedro que diese este mensaje a sus
padres: –Sé que oran por mí. Perdí mis dos piernas, pero encontré la
salvación en Jesucristo.
Fuente:amen-amen.net
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